PARÉNTESIS DE SILENCIO

El día 115 se registró un paréntesis de silencio entre mis palabras para este diario. Hasta aquí las cuentas son alegres. Mejorar siempre es posible, pero ahora me apearé en esa frase tópica: mejor, imposible.

La pausa fue obligada. El cansancio físico y mental sugirieron no tocar los teclados o los cuadernos, ni con los pétalos de buenas intenciones.

La semana fue atroz; desmesurada en actividades laborales, y las tareas domésticas, extenuantes. Las invitaciones se agolparon en los días previos. La angustia de responderlas asertivamente, qué sí, qué no, y programar lo pertinente, fue un plus de motivación que también carga su delicado y agradable grado de tensión. En ese renglón, la semana me coloreó la agenda de mayo con velocidad inusitada y salí de ella con un carga de pendientes por resolver.

Hoy domingo la mañana es distinta. El cielo de mi despertar fue otro. Amanecí en una nueva casa, diferente a la que me esperó los 15 años pasados. Cerrar puertas y ventanas, pasar por algunos sitios con ojos cerrados y apretar el paso para no postrarse un segundo de más, clavó dos o tres aguijones finos pero dolorosos, entre recuerdos y esperanzas idas.

Día especial. Una nueva etapa. Otros ojos y corazones. Y un diario con muchas páginas por emborronarse.

Comentarios

  1. Dora Quiles dice:

    Hola. Mi estimado Juan Carlos, estoy de acuerdo, los paréntesis de silencio y reflexión son y serán siempre importantes en nuestra vida personal y profesional, me da gusto saludarte y felicitarte por otro libro mas.. Un abrazo, Dora Quiles..

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