PERDÓN POR LA FRANQUEZA

Esta será una de las mejores semanas del año. Profesionalmente, tal vez la cumbre. La actividad es tan intensa, que las 10 de la noche me encontrarán como naufrago frente a la luz salvadora. Pero no me pesa. Hay dos tipos de cansancio: el que de quienes no quieren volver al día siguiente, y el de quienes nos agotamos pero regresamos con la ilusión intacta, o agrandada. Así vivo estos días.

Como suelo hacerlo frente a retos grandes, dedique horas, días previos a la actividad física. Un poco de ejercicio, tareas domésticas o actividades fuera de lo cotidiano. El fin de semana lo pasé pintando de azul Patagonia varios muros de la casa, entre ellos, uno de mi biblioteca. Las no sé cuántas horas solo se interrumpieron para lo indispensable. Me agoté, pero despejé. Me olvidé de las tensiones y concentré energías.

El martes comenzó con una charla ante estudiantes del segundo semestre de Pedagogía, invitado por mi colega y amiga, Mara, historiadora de oficio y pasión. Fue una hora, poco más, que superó mis expectativas. Lo común en las presentaciones de libros es llegar ante un auditorio que escucha bondades de un texto que no ha leído. Ayer fue distinto: la mitad del grupo conocía Las escuelas: desolación y encanto y opinó de su contenido. Fue estimulante. La tarde asistí a la penúltima sesión del curso “Formación Ciudadana”. El semestre ha pasado y no me pesó una sola sesión, aunque a veces habría querido mejores resultados.

Hoy miércoles comencé muy temprano con un curso breve para profesores de la Facultad de Enfermería. Se llama “Aprender con emoción, enseñar con alegría”. La experiencia, el resultado me reconfortan. Las palabras de los estudiantes (esta vez, profesores) son inyecciones vitales que necesita un maestro para continuar con renovado ímpetu.

Después de escribir estas líneas y reposar un par de horas viajé a Tecomán para conversar con estudiantes del ISENCO. Unos trescientos de bachillerato y licenciatura me esperaban, con el calor de las cuatro de la tarde. Lindo desafío. Mis notas tienen como título “La necesidad de la buena educación”.

Mañana jueves está marcado hace varias semanas y no olvidaré. En Manzanillo será la presentación de dos libros: Las escuelas: desolación y encanto, que dimos a conocer en Colima en noviembre pasado, y mi nuevo libro, Nuevas figuras, otros paisajes de la educación. Es un acto inusitado. Dos libros, cuatro comentaristas, un montón de ilusiones renovadas.

El viernes volverá a Manzanillo, para repetir la conferencia de hoy ante estudiantes del campus del ISENCO. O para pensar en voz alta otra. Tal vez lo comente ese día.

No sé, no imagino, no quiero anticipar el recuento que podría hacer el viernes o sábado. Disfrutar, es el verbo. Vivir, el imperativo.

Comentarios

  1. teresa ovando dice:

    Como podemos tener sus libros, los que estamos lejos, aqui en Tijuana.

  2. arthur edwards dice:

    Me da gusto que tengas la energía para hacer tanta cosa constructiva!

  3. Perla del Rocío Lara dice:

    Mucho me gustó el final del artículo: “Disfrutar, es el verbo. Vivir, el imperativo”. Lo felicito doblemente, por su ejercicio y por su escritura. Ya lo está haciendo, pero igual se lo deseo: buenos días.

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