POBRE DON EMILIO

Esta mañana lo primero que hice al llegar a mi cubículo fue leer. Es el comienzo ideal. No creo que haya mejor forma de arrancar la jornada laboral que leyendo un buen libro, aprendiendo algo nuevo, suscitando una pregunta, dejando paso al asombro, deleitándose con una escritura poética. Media hora, una hora, o más, pueden hacer distinta la mañana. Y para ello, siempre debemos dejar un tiempo.

Confesado lo anterior, ahora tengo que decirlo: mi pensamiento inaugural con la lectura fue malo, casi masoquista. Pensé en Emilio Chuayffet.

En el capítulo trece de Crear hoy la escuela del mañana. La educación y el futuro de nuestros hijos, Richard Gerver escribe:

Para mí la lucidez llegó cuando decidí que aplicar programas, por muy excitantes o por muy obligatorios que fueran por ley, no es el camino para mejorar la escuela para nuestros hijos, y que la respuesta se hallaba en los propios chicos y chicas.

Al final agregaría: y los profesores.

Con el párrafo anterior pensé: pobre don Emilio, él, ellos, excitados todos con la idea de aplicar la reforma llueve o truene. Lo que les falta entender, a él y asesores, es que esas reformas se aplican, sí, pero no cambian casi nada de lo que pasa en el salón de clases. No tiene caso que lo explique, ni lo leen, ni lo entenderían.

*

Contra los malos augurios (deseos, tal vez) de algunos y mis peores optimismos, hoy recibí un mensaje por correo electrónico del honorable Banco Santander (permítanme la licencia po-ética). Atentos y correctos, me informan que ha concluido la averiguación abierta por mi reclamación y se ha determinado que procede la devolución que un cajero automático tomó indebidamente de mi cuenta.

Poco más de 24 horas tardó el Banco en resolverlo. ¡24 horas! ¿Se dan cuenta? La irregularidad era flagrante. Pienso: si así funcionara la justicia en este país, no seríamos uno del primer mundo, pero seguro, seguro sin duda, tampoco estaríamos en este desprestigiado y bien merecido lugar.

Comentarios

  1. arthur edwards dice:

    Falta que autoridades empiecen a convencer a la población…pero para hacer esto faltan muchos elementos como autoridad moral, intelectual, ética, etc.

Deja tu comentario