SIN ÁNIMO DE OFENDER

En la lectura del libro de Silvia Adela Kohan, La escritura terapéutica. Claves para escribir la vida y la creación literaria, encuentro muchos motivos para la reflexión y los empeños que persigo. Aquí algunos:

La escritura es una casa en todas partes.

La escritura es una compañía, así sea de modo íntimo o literario.

Escribimos porque algunas cosas sólo podemos pensarlas mientras lo hacemos.

Escribir exorciza los demonios y revitaliza las ideas y el corazón.

Felicidad es el esfuerzo consciente por desdramatizar los problemas.

 *

Camino a la universidad escucho un noticiero local. Me sorprende, casi hasta la ternura, la presidenta del organismo electoral en el Estado. Afirma que el tema del voto de los colimenses en el extranjero se ha politizado.

¡Perdón!

¿Qué quiso decir?

¿Desde qué ángulo habría que discutirlo? ¿Desde lo teológico o lo celestial?

 *

Un diálogo común los lunes por la mañana, tempranito, antes de la escuela.

-¡Ándale hijo, van a cerrar la escuela!

-¡Qué la cierren!

Esta vez se representó en mi casa. El protagonista, con la cabeza bajo la almohada. La protagonista, con la ropa del menor en las manos, de pie a un ladito de la cama y cara compungida.

 

 

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