TOMANDO RITMO

El profesor como ser humano

 Leo Profesores: vidas nuevas, verdades antiguas. Una influencia decisiva en la vida de los alumnos, escrito por Christopher Day y Qing Gu, profesores de la Universidad de Nottingham. El profesor Day es un reconocido experto en desarrollo docente, al que antes he leído y del cual tomé ideas en distintos momentos.

El libro reúne evidencias basadas en investigaciones propias y de otros autores, acerca de la influencia de factores críticos en el desempeño docente, su bienestar y el rendimiento de los estudiantes.

Una de las ideas centrales es que los profesores son afectados en su ejercicio profesional por sus problemas personales. No obstante las conclusiones de los autores, a las cuales uno puede llegar o ampliar después de una pausada reflexión, tengo la impresión de que esa frágil condición del profesorado es irrelevante o inexistente para los tomadores de decisiones. Lo afirmo por experiencia y porque me parece que en tiempos de premuras y burocracias, al profesorado se le trata como proletariado, en el peor sentido de la palabra, esto es, como empleados a los que se les paga para obedecer y callar. Sus problemas son eso, suyos, y las políticas educativas no construyen liderazgos efectivos para respaldar a los docentes, ni climas laborales inspiradores.

Esta invisible presencia cobra factura en la manera como los estudiantes aprenden, en el desgaste de las escuelas como espacios de aprendizajes edificantes, en los que cada gesto y cada decisión transmite mensajes. El resultado de una docencia así experimentada es el desgastante esfuerzo que diluye compromisos y eficacia de los docentes, desplomados o descorazonados por factores críticos imperceptibles.

En ese contexto, Day y Gu sostienen que la resiliencia no es optativa sino una cualidad necesaria para resistir frente a políticas educativas insensatas, incomprensión de familias, dificultades y desmotivación de estudiantes, escuelas hostiles y las vicisitudes de la vida; virtud indispensable, también, para sobrevivir en sus ideales y sensación de bienestar.

 

Chesterton

chesterton1Cuando el día todavía era oscuro y silencioso, empecé la tercera obra que elegí de Gilbert Keith Chesterton para completar mi periplo por la literatura del escritor londinense. El Napoleón de Notting Hill cerró mi trilogía. Antes fueron El regreso de don Quijote y La utopía capitalista y otros ensayos.

Con inicio un tanto flojo (en mi lectura o en la novela, o ambas), después de los primeros capítulos mejoró el estado anímico con la desopilante caricatura de los reyes británicos y los poderes instituidos. No he terminado, pero auguro feliz culminación.

Tres libros, de distintos géneros, no son suficientes para conocer la obra, pero fueron una gozosa inmersión al escritor que conjuga la ácida elegancia con la mordaz crítica social. Un buen final para el comienzo del año.

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