TUCA FERRETI EN DOS TIEMPOS

TucaMayo de 1991. Como había soñado, dos años después de terminar la licenciatura empecé los estudios de posgrado en la UNAM. La Facultad de Filosofía y Letras me acogió para cursar la maestría y el doctorado en pedagogía. La experiencia académica y personal fue definitiva en mi vida. Pero no es el tema, hoy es el fútbol.

Apenas llegar al DF se jugaba la final del campeonato entre dos de los más encarnizados rivales: Pumas y América. El primer partido fue en el Azteca y el segundo, definitivo, en el Estadio Olímpico Universitario. Apenas ponerse a la venta hice la fila más larga que recuerdo, pero conseguí boleto para presenciar la gran final.

El domingo, temprano, me preparé para llegar con anticipación. Desde la Colonia Narvarte salí puntual por toda la avenida Universidad. CU era una romería.

El partido fue tensión permanente. Los dos equipos tenían en sus alineaciones jugadores de época. El sol del mediodía a plomo reventaba a la afición, como a los futbolistas. El marcador solo pudo romperlo un impresionante disparo que salió del botín de un ya veterano futbolista brasileño. La marca de sus goles era la potencia de la pierna derecha. El bombazo de Ricardo Tuca Ferreti fue una puñalada en el corazón de la nación americanista, que recibió inclemente Adrián Chávez, portero amarillo. Un domingo inolvidable para el equipo de la máxima casa de estudios mexicana. La temporada siguiente el Tuca dejó los botines y con su peculiar estilo malhumorado inició la carrera como director técnico.

Octubre 10 de 2015. Temprano dije a Laura y los niños que el sábado con ellos terminaba a las 5 de la tarde. A esa hora me sentaría frente a la tele y no me pararía hasta concluir el partido entre México y Estados Unidos. La ocasión era propicia para un choque memorable. El ganador iría a la Copa Confederaciones, el torneo de los campeones de las zonas geográficas de la FIFA en 2017.

Estados Unidos se ha vuelto un terrible y destructivo rival para los mexicanos. Además de ganarnos, disfrutan al hacerlo. Su director técnico, alemán, ha sumado voluntad e inteligencia, si les hacía falta. Pocos días antes del partido declaró que él habría preferido jugar en el Estadio Azteca. Ese gesto lo pinta de cuerpo entero.

Hoy sábado una nueva edición del partido nos aguardaba. Aunque pocas horas antes los gringos ya habían sufrido una media eliminación de su equipo de fútbol para los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, la historia reciente nos condenaba a crueles presagios. Los casi cien mil aficionados le dieron un marco esplendoroso. En la cancha no defraudaron.

Tuca Ferreti dictó cátedra de dirección técnica desde antes de saltar a la cancha. Puso tres delanteros y toda la determinación de victoria no la esperaban los enemigos. Pocas veces pudieron voltearla. La sensación es que el equipo nuestro fue superior pero no lograba concretarlo; los noventa minutos concluyeron y la definición se extendió a tiempos extras. Una nueva ventaja para México y la anticipada victoria cantada por los locutores, que veían a los estadounidenses muy cansados, fue sacudida violentamente por el gol del segundo empate. El fantasma de los penales y la cara del Tuca Ferreti desencajada dolían; pero nunca perdió la ecuanimidad. Sus palabras en los descansos eran un aliento fiero. Los movimientos fueron estratégicos; la tranquilidad, transmitida al interior de la cancha, fue determinante, lejos de la estridencia del Piojo Herrera.

Ricardo Tuca Ferreti, brasileño y mexicano, que renunció a ser director técnico nacional, en la rueda de prensa consumó su enorme grandeza cuando declaró: no tengo forma de agradecerle a México y al fútbol mexicano lo que hizo por mí.  

Grande, muy grande el Tuca. Con la estatura que hoy se requería para ganar un partido así. Una batalla épica que se recordará mucho tiempo.

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