ZOPENCO

En “Agresión gubernamental contras las Forces Libres de la Paix. Maurice Laisant, condenado”, escrito por Maurice Joyeux, leo: “Los zopencos que están delante del escenario del teatro Bourbon apelan a la paz”.

Zopencos. Palabra saltarina. Busco en el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia. Zopenco (también aplica “zopenca”, para ser justos con ellas): “adj. fam. Tonto y abrutado”. Eso, me digo, eso tenemos que evitar en las próximas elecciones, aunque, si seguimos al pie de la letra, corremos el riesgo de la abstención.

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Camus

Primeros minutos del día. Sigo leyendo Escritos libertarios, una compilación de, sobre y contra Albert Camus. Me detengo en un texto publicado en la primavera de 1954. La pluma de Camus tiene vigencia total:

Los gobiernos del siglo XX tienen una lamentable tendencia a creer que la opinión y las conciencias pueden gobernarse como las fuerzas del mundo físico. Es cierto que, mediante las técnicas de la propaganda o del terror, han conseguido dar una sorprendente elasticidad a las opiniones y las conciencias. Sin embargo, todas las cosas tienen un límite, especialmente la flexibilidad de la opinión.

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Definición de universidad

La respuesta de la última pregunta que hicieron a Arnoldo Ochoa en la charla con universitarios me sorprendió. Inesperada en general, grata en su extensión. ¿Qué espera de la universidad? Palabras más, palabras menos, fue la interrogante.

Que sea conciencia crítica de la sociedad, fue el rasgo que apuntó inicialmente.

La respuesta es políticamente correcta en un auditorio de estudiantes, académicos y funcionarios universitarios, como el que escuchaba esta mañana la narración sobre la historia universitaria en Colima. De “cómo la vivimos”, puntualizó.

Si la forma es aceptada casi unánimemente, en el contenido nótense discrepancias. Las tres palabras (conciencia-crítica-sociedad) puede tener significados distintos, incluso antagónicos, así que su desciframiento será relativo, dependiendo de las posiciones socioeconómicas, ideológicas, culturales, intelectuales, éticas, de género. Solo un ejemplo: el concepto “sociedad”, de Carlos Slim, difícilmente coincidirá con mi vecino, el tablitas. O el concepto “crítica”, en Emilio Azcárraga, no coincide con el del padre Solalinde.

De la conciencia crítica de la sociedad como etos de la universidad seguramente escribiré en otra página. Uno de los ensayos del libro que presentaré muy pronto así define también la función social de la universidad. Es decir, comparto la postura del profesor Ochoa en la forma. El contenido, quedará para mejor ocasión.

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