Derecho a la educación: punto de partida

Con un esfuerzo inusitado, contra el reloj, pude enviar hoy mi colaboración al Diario de la Educación, en España. El tema es un primer intento de analizar aspectos de la reforma educativa del nuevo gobierno en México. En realidad, apunto algunas ideas para ponderar las propuestas hechas en el cuerpo del texto constitucional aprobado ya por la mayoría de los congresos estatales.

En estos días he escuchado, de manera profusa, un comercial de la Cámara de Diputados de Colima, que celebra la aprobación y lista algunas de las ventajas de los cambios que avalaron de forma expedita. Me gustaría ser tan optimista como ellos, pero la historia de la educación y mi experiencia de varios años me anticipa que todavía habrán de pasar algunas primaveras para cumplir lo prometido.

Mi artículo para el Diario de la Educaciónestá basado en un documento hecho por el Instituto Internacional para el Planeamiento de la Educación, de la Unesco, en su sede de Buenos Aires. Algunas cifras me reconfirmaron problemas o rezagos que padece nuestro país y dificultarán concretar la promesa de una educación con equidad y calidad, si no hay estrategias estructurales distintas y un esfuerzo financiero descomunal.

Me detendré solo en un rubro, central en las reformas educativas de América Latina y México: el derecho a la educación de buena calidad, especialmente en los niveles medio superior y superior.

Las tasas de escolarización (2015) en el grupo de 15-17 años colocan a México, con 75.2 %, en un grupo de países distantes de los más avanzados, encabezados por Chile (95.5 %), seguido de Argentina (88.5 %), Bolivia (86.8 %), Costa Rica (85.7 %), Brasil (85.2 %), Ecuador (83.9 %) y República Dominicana (83.9 %).

El otro indicador es el porcentaje de jóvenes de 25-35 años con nivel secundaria terminado, (2015). México, con 45.1 %, se ubica lejos de Chile (84.3 %), Argentina (69.7 %), Colombia (68.2 %), Brasil (62.6 %), Venezuela (60 %) y Bolivia (59.2 %).

Son estos, entre otros indicadores, los que habrán de dar cuenta del progreso educativo de México en algunos años, y no otros  ficticios sacados de alguna manga mágica.

 

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