Diario de viaje 2

En el camino de Tecámac a las pirámides de Teotihuacán, conversábamos Silvia, Jesús y yo de distintos temas. Como en un juego de cartas, nos repartíamos preguntas, comentarios, risas; relajados. Coincidíamos en que la jornada matutina en la Escuela Normal había sido positiva. Era la hora generosamente dispuesta por los anfitriones para pasarla bien el resto de la tarde. La lluvia estaba lejos y el sol caliente nos abrazaba en el auto rojo que conducía Jesús.De pronto, de atrás de nosotros, Silvia me soltó la pregunta más insospechada. Me sorprendí. No supe que responderle. Por un instante repetí la pregunta en la cabeza: ¿qué habría querido ser en la vida?

Balbuceante salió la primera respuesta. Luego dije dos o tres cosas insulsas. Pero la interrogante me asaltó en otros momentos, como ahora. Pensé y me respondí varias veces, desgranando opciones: me habría gustado colocarme en las antípodas geográfica, profesional y emocionalmente, como dueño de un bar o casino; gerente o empleado bancario; marinero sin destino. Luego otro paquete de posibilidades imaginarias más cercanas a lo que disfruto, como gambusino en un bosque frío, con su cabaña y su chimenea, teniendo por única compañía el verde de los árboles, el cielo azul y las noches oscuras.

Sigo dándole vueltas a la pregunta de Silvia. Pensando en lo que me habría gustado y no pudo ser, en lo que en algún momento fue y no será más… Y así, con la lluvia corriendo por la cara, apresuré el paso para terminar mi caminata del domingo, en el andador de Comala hoy casi solitario.

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