Ecos de la emoción

Pasados veinte días de la presentación de Elogios de lo cotidiano, en Quesería, y poco menos de publicarse la carta-comentario que Mariana Belén escribió para la ocasión, siguen resonando los ecos de las palabras de la niña de 13 años. Un día sí, dos después, me siguen comentando amigos y colegas que la leyeron, que les gustó, que muy linda, que ya no es una infante… Y algunos, a continuación, me preguntan o afirman el orgullo del padre. Por supuesto, agradezco y me emocionan las palabras o las felicitaciones para ella.

Los padres tenemos siempre un orgullo genuino por los hijos, creo, porque con distintas aptitudes o rasgos nos hacen sentir así, en diferentes momentos o razones. Me parece que sentirlo es parte del paquete de la paternidad, aunque podríamos caer fácilmente en fatuidad o complacencias, pero me alerta e inquieta más lo contrario, si es que se le puede calificar así: me refiero a que sean los hijos quienes sientan orgullo por sus padres. Esa es la tarea enorme que tenemos y quizá, lo que nos toca fortalecer en la medida en que ellos van siendo cada día más independientes.

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