Escritura terapéutica

En estas vacaciones reconfirmé lo que en otros momentos había experimentado: la escritura es una terapia poderosa y efectiva. No sé qué tan profundos son los males del alma que puede aliviar, pero sé que en condiciones de turbación espiritual, cuando las alegrías se esfuman, la actividad de leer, preámbulo obligado, y luego escribir, resultan disipadoras. Si la escritura es a mano, el ejercicio es más completo, porque se implica todo.

La mala noticia, para mí, por lo menos, es que cuando se aclara de nuevo el panorama, termina la fase productiva de la terapia y pongo punto final, casi siempre, involuntariamente. Pero entre vivir pegado a la pantalla, y respirando el viento fresco, entre inventarme sonrisas y encontrarme de frente al sol, la noche o la persona querida, no dudo.

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