Excesos de patriotismo

Festejar la muerte de varias decenas de personas en la tremenda tragedia de Hidalgo es un exceso de patriotismo. Así pienso luego de leer comentarios despiadados en redes sociales. Ni vale la pena recordarlos; algunos son asquerosos.

La muerte de todos ellos, en las circunstancias en que ocurriera, merecen algún respeto por la sola condición humana, que no pierden los peores criminales, los genocidas, los traficantes de personas, quienes envenenan a los jóvenes o explotan naciones con las armas de la bolsa de valores, una pluma o decisiones autoritarias.

Estoy en contra del robo de los bienes públicos por parte de altos funcionarios o ciudadanos; de cualquiera. Adhiero a su combate, aunque difiera de formas. Lo ocurrido en Hidalgo debe ser aclarado con transparencia absoluta. La justicia debe sentenciarse en tribunales, no en tribunas periodísticas, menos en redes sociales.

Me apenan los hechos, el número de muertos que sigue aumentando, pero más me entristece e indigna la calaña de algunos que se enrolan en las filas de los salvadores y desde la comodidad cobarde de las redes disparan sin pudor. Ellos no mataron a los niños y adultos en Tlahuelilpan, pero aniquilan, cada uno con su aporte modesto y cínico, la posibilidad de una convivencia civilizada y democrática, de por sí precaria en los gobiernes anteriores.

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