La curiosidad y el aprendizaje

Hoy salió más temprano de las clases, así que nos fuimos solos de la escuela. Estaba contento, además, porque mañana es asueto; más que contento: por varios metros cantó en la calle “mañana no hay clases, mañana no hay clases…” con alguna tonadilla familiar que no pude reconocer. A punto de subir al auto le pregunté:

-¿Quieres escuchar música?

-Sí.

-¿Qué te pongo?

-Beattles, contestó de inmediato.

-¿Cuál quieres?

Come together; martilló sin pensarlo.

-Va.

Elegí la canción en Youtube, con video, y encendí el motor. Le pregunté las cosas de rutina:

-¿Tienes tarea?

-Sí, dos, de historia e inglés.

-¿Y cómo fue el día?…

Pasó la interrogación del padre y vino la suya:

-¿Sabes por qué Paul aparece descalzo en el video?

Me sorprendió. Ni siquiera me había percatado que Paul McCartney iba descalzo en los dibujos animados. No, respondí con los ojos descontrolados. Me explicó claro y puntual:

-Es que cuando… por eso, como tributo a la foto cuando cruzan Abbey Road…

¡Me deslumbró! Ignoro la verosimilitud, e importa poco.

-¿Y cómo lo sabes? Por supuesto, tenía que preguntarle.

-Ah, es que me puse a investigarlo. Cuando vi la imagen me llamó la atención que caminara descalzo, busqué y encontré.

Así de fácil. Esa es la fórmula más cercana al aprendizaje: interés+curiosidad+pasión por el tema. Sin esfuerzos inocuos, sin tareas.

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