La elección de carrera profesional

Esta mañana pasé por la cabina de Radio Levy para conversar con Miguel Ángel Vargas sobre la elección de la carrera profesional, los criterios para tomar la mejor decisión, la importancia de la elección, entre otras interrogantes sempiternas.

Viví cerca los procesos de admisión a la Universidad de Colima, en algunos momentos fui responsable de conducirlos, y desde siempre me parecen un asunto de suma importancia para los muchachos y sus familias.

Entre las ideas que quise dejar para los radioescuchas me gustaría repetir, clarificar o precisar algunas.

En principio, una perogrullada: se trata de una decisión compleja, personal, que construye cada estudiante (con mayor o menor cercanía familiar), producto de historias y circunstancias. Pero no hay fórmulas ni conceptos generales del tipo: tómese un taller de 15 horas, asista a 3 sesiones con el orientador personal de la escuela, aplíquese una prueba psicológica de intereses y aptitudes y tendrá cerca la solución.

Estoy convencido de que la elección de carrera debe ser opción personalísima, de cada estudiante, pero esto nos obliga a preguntarnos si a los 18 años una persona está preparada y tiene claridad de su futuro, para decidir qué hará el resto o buena parte de su vida. Habrá muchos que sí, que desde pequeños tienen una inclinación artística, médica, ingenieril, magisterial, pero habrá muchos más que llegan al momento de decidir a dónde inscribirse para el proceso de admisión y dudan seriamente.

La elección de carrera debe ser informada, por supuesto, pero no solo por planes de estudios y trípticos; esos pueden ayudar, pero creo que ilumina más la charla con quienes ejercen esa profesión, con algunos que son “exitosos”, tienen prestigio, ganan bien, y con otros que la ejercen de forma menos afortunada de acuerdo con aquellos parámetros. Informada también, pienso, por visitas a las escuelas, a los talleres y laboratorios, a las aulas, y charlas con estudiantes de primero y último año de la carrera.

Nada de eso resolverá todos los problemas. Nada. Seguirán escondidos en las decisiones otras circunstancias fortuitas, una dosis alta de coraje y determinación que no provee la gracia divina ni la genética, pero que la escuela básica podría alentar.

Finalmente, le contaba a Miguel Ángel brevemente el caso de Albert Einstein, para aquellos cientos de estudiantes que no tendrán espacio en alguna facultad: el científico más importante del siglo 20 también fue rechazado de la Escuela Politécnica Federal de Zurich, luego insistió y fue aceptado; entonces, su proyecto de tesis fue desaprobado tres veces, hasta que cambió su director y el segundo asesor de tesis también se la rechazó una vez. En fin.

“Fracasar” una vez en el intento, sobre todo cuando se tiene claro lo que se pretende, no debe ser el fin de la escolarización, ni de las aspiraciones de superación por la vía de la escuela. Cuando suceda, ojalá los padres estén al lado, cual andamios, para sostener y no permitir que el edificio majestuoso que en potencia todos podemos ser, se derrumbe sin contemplaciones. Ojalá.

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