La grieta

La abstención del gobierno mexicano para condenar a Venezuela sumó otro episodio al desencuentro crónico entre el presidente de la República y sus adversarios. Para construir se necesitan días, semanas, meses, años, décadas; para demoler, segundos.

La grieta se profundiza cada día, con lógica excluyente y marcadas señales de intolerancia. De un lado, los críticos de las decisiones presidenciales son colocados todos en la misma fila. Pareciera que criticar no está permitido, y que aplaudir fuera lo único políticamente correcto después de gobiernos desastrosos. En el extremo más distante algunos están y estarán en contra de todas las decisiones del presidente, no importan orígenes ni consecuencias; en el otro, se solapan y justifican hasta lo que la decencia intelectual y ética [que no viven lejos] mínima reprocharía. En ambos bandos solo hay dos tonos, y el bueno está de su lado. La posibilidad de comunicación está anulada. Priman denuesto y rabia.

México es más, muchos más que pejechairos y fifís canallas. La grieta que de un lado y otro se ahonda es mortífera, puede devorar a unos y otros, a todos. Encender el salvajismo verbal y el revanchismo no serán jamás cemento para la construcción social.

Ojalá los responsables sean suficientemente sensibles para tender puentes, moderar lenguaje y detener la embestida irracional en un país donde, en esa estúpida dinámica, migran un poquito cada día la cordura, la humildad y la sensatez.

 

Deja tu comentario