Señales encontradas: la nueva reforma educativa

Lo que estamos viviendo en estas horas podría ser simpática muestra del folclore político mexicano, si no estuvieran en juego tantas y más trascendentes decisiones. Hay varios asuntos en la mesa, pero me ceñiré al terreno más familiar: la discusión del dictamen que modificará legalmente la educación en el país.

Después de horas y horas de discusiones en foros y parlamentos, donde distintos actores políticos tuvieron unos minutos para expresarse, uno de los convidados de lujo en la discusión de la reforma a la reforma educativa, la CNTE, se declara inconforme e impide las sesiones donde los diputados de las comisiones analizarían el dictamen. De una parte, la virulencia no duda: o se aprueba en sus términos, o seguirán bloqueando; de la otra, el partido gobernante se declara sorprendido porque, asegura, los maestros de la Coordinadora estuvieron presentes, participaron y sus propuestas se recogieron. La cosa, simplifican los voceros, es que les falta información, y cuando sepan, aplaudirán.

Mi primera lectura es, probablemente, muy parcial. Probablemente también me falta información, pero con seguridad, falta claridad en las instancias implicadas. De las primeras notas a la mano deduzco lo que muchos definirían como un modus operandi: lo que está en juego en la oposición al dictamen no es educativo, otra vez; por lo menos una parte tiene que ver con lo laboral, con el pase automático de las normales a las plazas docentes. Ironías: acusaban a la reforma todavía vigente de ser laboral, y lo que exigen es una reforma educativa que en realidad sea laboral y les devuelva privilegios.

Veremos si en las próximas horas se aclara el panorama, o por lo menos a mí.

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