Subidón de emociones

Pasé del paraíso al infierno en pocas horas. Me refiero solo al mundo emocional, debo advertirlo. Probablemente exagero, pero es así como lo viví.

La historia se cuenta breve. Transcurrió la mañana sin incidentes, enfrascado en los párrafos iniciales del capítulo para un libro conmemorativo que ya pinta el semáforo en amarillo; son dos o tres párrafos, pero definitivos para abrir la puerta de la autopista o cerrar la brecha. Salieron bien y así me fui, engarzando ideas nuevas con apuntes previos, hasta alcanzar la primeras cinco páginas.

Una llamada cambió mi ánimo y enturbió la tarde que prometía apacible en el cubículo, revisando la tesis de Sonia y Juan. Fueron cuatro horas de muy mal talante, tanto que debí callarme para no agraviar con mis exabruptos a los niños que me miraban en silencio mientras viajábamos a casa.

Llegué a la reunión de las 16 horas sin humor para participar y deseando salir pronto para comenzar el cuestarriba. Pronto me di cuenta de probables equívocos originados por la infausta llamada. El ánimo volvió a su sitio; el malo, lejos.

Así se me va la tarde, en la soledad del cubículo y con la refrescante lección de no dar por perdido el partido hasta el pitazo final. Ah, y para cerrar con casi broche de oro, terminé de revisar la tesis y estoy a poco de aprobarla. Una tesis menos, una alegría más. Un día recuperado.

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