Aquellas pequeñas cosas

Mi universo musical no es amplio. Es más bien austero, pero muy nutritivo para la dieta de mis sentidos. Escucho canciones para sentir y pensar, es decir, para sentipensar, como diría el maestro Eduardo Galeano. No tengo la gracia de bailar, así que el cuerpo físico queda excluido, dicho sin pudor.

No escucho música para sentirme acompañado y tener “ruido” alrededor. No. No huyo al silencio y me gusta la soledad. La música viene cuando tiene que aparecer.

Hoy recordé esta antigua canción de Joan Manuel Serrat, Aquellas pequeñas cosas, grabada al comenzar la década de 1970, porque es así como voy construyendo los días de mi vida, sumando momentos pequeños, unos no tanto, y ensamblando el edificio de la vida. Si cada día no logró embonar una de esas pequeñas piezas como de Lego, entonces sí me siento desdichado, porque perdí una jornada. Y no se trata de sumar solo momentos felices. Leí ayer y no olvidaré nunca: no hay una sola vida sin infelicidad en algún momento, dijo Boris Cyrulnik, que mucho sabe de pesares y alegrías.

Todo este rodeo sirve para contarles que hoy estoy muy contento. Feliz, si quieren. Por muchas razones; la que puedo contarles es que hoy se hizo pública mi pequeña participación en el trabajo de un gran equipo, Pansophia Project, un colectivo muy interesante de colegas argentinos dedicados a analizar el presente y futuros de la educación.

Gracias a la invitación del más prominente de sus integrantes, Mariano Narodowski, grabé un video de un minuto, para comentar una de las once tesis que aportan para pensar la educación en estos tiempos de luces y sombras.

Si gustan, aquí les dejo el video.

Gracias por llegar hasta aquí conmigo y compartir el momento.

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