De la perplejidad a la desolación

Es sabido que la estupidez y la irracionalidad de los seres humanos con frecuencia contradicen nuestra especie de “homo sapiens”.

Dos hechos recientes apuntan en esa línea; de distinta ralea, pero consecuencias funestas. Más conocida e indignante, la muerte de Ingrid, nunca mejor dicho, a manos de su marido. El crimen es una horrorosa constatación de los límites infinitos del odio, la pasión o la rabia, o todo junto, mezclada con alcohol.

Y el otro, en Zacatecas, el encarcelamiento de una mujer en un penal de hombres durante dos meses, con las esperadas consecuencias de una mujer sola en una manada de bestias hambrientas.

¿Cómo se explica a un niño que estos hechos ocurren en nuestra sociedad civilizada? ¿Cómo se pueden entender tales comportamientos? Unos, producto de la perversidad; los otros, de la incompetencia o la insensibilidad.

Ya decía el mejor científico del siglo XX que la estupidez era infinita. ¿Cómo dudarlo cuando leemos estas notas?

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