El indescriptible sonido de las copas y la amistad

La pandemia nos robó muchas cosas: experiencias, sensaciones, emociones, momentos, personas, todas irrepetibles.

Hace tiempo extrañaba las conversaciones entrañables con don Pedro Vives, mi querido amigo argentino-mexicano. Hoy conversé con él por teléfono y los recuerdos se agudizaron. Él está en Guadalajara, resguardado, contento y aislado, protegido de las inclemencias del virus.

Hablamos largo y sincero. Le conté, me contó, rememoramos. Prometimos encontrarnos pronto, vernos a la cara y escuchar un tango, hasta que llegue el momento de decirnos salud y disfrutar bebida y comida frente a frente.

La conversación desgranó recuerdos que mezclaban pizzas increíbles, copas llenas, sonrisas, un cesto de pan caliente, huevos rellenos, música de fondo, jitomates, ensaladas, humo de cigarro, cariños, momentos, amores, sonrisas, días, noches, vida.

Mientras hablamos, me instalé en su vieja mesa, hoy mía, testigo de tantas y tantas y tantas noches, unas especiales, y así, entre copas imaginarias y sonrisas, pasamos una tarde grata, cercana a aquellas noches interminables que se volvieron inolvidables, pero que hoy, a la distancia, fueron bálsamo de emociones y promesas.

No es lo mismo, ni cerca, pero estar juntos me removió emociones y afectos. Me recordó que hay momentos fugaces que, sin embargo, duran toda la vida.

 

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