EL LUJO DE LA INTERACCIÓN

Nuccio Ordine, filósofo italiano, ha sido uno de los hallazgos más gratos en mi vida profesional de los años recientes. He leído solo dos libros de su autoría: La utilidad de lo inútil y Clásicos para la vida: una pequeña biblioteca ideal. Suficientes para aquilitar lo sugerente de su pensamiento y las aportaciones para enriquecer mi perspectiva pedagógica y vital. Es también una de las motivaciones mayores para el incipiente aprendizaje del idioma italiano, pues me encantaría leerlo en su lengua.

Esta mañana leí un artículo que publicó en El País. Lo titula: El lujo de la interacción humana. Dos de sus ideas me revolotearon a lo largo del día: el lamento por los cambios pedagógicos que podrían afectar las relaciones cara a cara con los estudiantes; ¿cómo volver a las clases, se pregunta, sin poder mirar a los ojos de los estudiantes mientras les leo? La otra idea es una cosa tan simple, que deslumbra: la interacción humana en tiempos de la pandemia se ha vuelto un bien escaso, caro, un lujo. ¿Lo valoraremos después en la justa dimensión que hoy lo estamos padeciendo?

En el Diccionario de la estupidez, de Piergiorgio Odifreddi, leo lento, un día para cada letra del abecedario. Hoy tocó la M. Encontré dos joyas que comparto sin explicación previa, pero que vienen como anillo al dedo (sic y más sic) en estos tiempos de pandemia y su manejo gubernamental: “lo mejor que cabe esperar es evitar lo peor”, de Italo Calvino. La otra es de Odifreddi: “Una de las formas en que se manifiesta la estupidez es la incapacidad de colocarse en el lugar del otro para poder juzgar desde su punto de vista aquello que dice o hace”.

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