El oficio de escribir

Con el escritor español Arturo Pérez-Reverte aprendí que al terminar de escribir un libro no hay pausa para comenzar el siguiente. Que no hay vacaciones o descanso entre cada uno. Que escribir es un oficio, como cualquiera, que hay horarios y exigencias. Con esa idea, el periodo de confinamiento ha sido pródigo en resultados. Luego de coordinar en tiempo récord el libro sobre la pandemia en las escuelas de Colima, enfoqué toda la atención en cerrar los pendientes de otro libro colectivo sobre los 35 años de la Facultad donde estudié, la que dirigí y donde ahora laboro. Concluido el proyecto y recibidos los ejemplares, este fin de semana trabajo en la corrección de las primeras pruebas de un libro que nació en diciembre de 2018, basado en los tres años que laboré en el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. Al hacer una pausa para comer llegué a la mitad, 70 páginas, y seguiré en las próximas horas para entregarlo a la editorial el martes. Terminaré pronto, auguro, y entonces seguiré con los compromisos autoimpuestos. No es fácil, pero hacerlo, regala momentos placenteros y algunas satisfacciones. Además, es mejor estar escribiendo que fastidiando la vida a los otros.

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