Fin de la amabilidad

Mientras observo un seminario web sobre pandemia, desigualdad y educación en América Latina, recibí una llamada de esos números extraños que, sin embargo, no dejo de contestar por amabilidad. Era un empleado bancario. Me preguntó cómo estaba y yo, un poco enfadado por el pésimo sonido de la profesora brasilera, le dije que muy bien. A la voz masculina del otro lado le dio mucho gusto, confesó, para reconfirmarme su gentileza. Me expuso entonces las virtudes de una tarjeta de crédito, mezclando explicaciones de las bondades de su empresa y las perversiones de las otras, con preguntas que solo tenían como respuesta probable de mi parte que sí, que él tenía razón y soy víctima de los feroces colmillos de los bancos. Lo escuché con atención, sin interrumpirle ni una sola vez. Tres o cuatro minutos duró su soliloquio que, debo reconocer, era digno de mejor cliente. Cuando llegó el momento de darle mi aprobación, no dudé en responderle con absoluta franqueza, en los siguientes términos, con más o menos palabras: mira, muchas gracias, pero no pierdas tu tiempo, no tengo ningún interés en cambiar la que tengo y menos en contratar otra. La uso poco y con eso me basta.

Me habrá escuchado con vehemencia, a tal grado que ya ni siquiera se despidió. Se abrió un silencio total y no escuché más. Me sorprendí. Retiré el teléfono y entonces miré la pantalla. Había cortado. Es verdad que me hizo caso: no perdió su tiempo, pero pudo despedirse. Esta vez, discúlpenme, señores empleados de bancos, pero estoy ofendido. Les escuché, les respondí amable y no merecía un cortón tan grosero. Prometo, juro, que no tendrán más de mi un comportamiento ejemplar. La de hoy, repito, ha sido la última en que les dejaré terminar su discurso. La siguiente y todas las llamadas de ese tipo, juro, no tendrán final feliz ni amable. ¡Es cuanto!

Comentarios

  1. Silvia dice:

    Yo ni los dejo avanzar desde hace ya buen rato, en la primera pauta y de manera amable pero firme les suelto mi discurso muy bien preparado, memorizado y cuelgo. Saludos y no te enojes, no vale la pena.

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