La necesidad democrática de la educación

Los regateos presupuestales a la educación son inexplicables en un gobierno que promete transformar la vida del país.

La apuesta a las becas como mecanismo de igualación social es positiva, pero no a costa de sacrificar otros rubros que la experiencia internacional y la doméstica, demuestran como eficaces a la hora de mejorar la calidad de los sistemas educativos.

Millones de alumnos becados en escuelas pobres con una pobre educación es un mecanismo que sólo disfrazará la profundización de las brechas sociales.

Ahora que se discutirá en el Congreso el presupuesto para el 2021, especialmente el educativo, conviene leer a los que saben y articulan dos temas nodales, como Fernando Savater.

En su magistral conferencia al recibir el doctorado honoris causa en la Universidad de Colima (febrero de 2010) cinceló un discurso que comenzó aludiendo a que muchos políticos piensan que la educación es opcional o un asunto que se puede aplazar, pero no, nos recordó y les recordó a los ahí presentes, que ellos no deciden, que ellos fueron elegidos para que la sociedad los mande: El gobierno, los que mandan, son nuestros mandados, aquellos a los que nosotros les hemos mandado mandar y, por lo tanto, lo que tenemos que hacer es reclamarles que presten atención a las cosas que a nosotros realmente nos interesan.

Les dejo otro fragmento y espero que algunos de esos que van a decidir el presupuesto me lean. No van a cambiar de opinión, porque nadie la cambió después de leer media cuartilla, pero tal vez, tal vez les ruborice un poco cuando voten en masa: Nuestras democracias tienen que educar en defensa propia. Lo que defiende la democracia es una buena educación. Si una democracia quiere sobrevivir, mejorar, generalizarse, si quiere hacerse de todos y para todos, necesita educación. Es un punto fundamental; no es optativo, no es que la educación sea una especie de adorno, de guirnalda que haya que colgar. Es un pilar para el funcionamiento de la democracia. Eso, nuestros abuelos griegos lo vieron de manera clara. Para ellos, democracia y paideia, democracia y educación, estaban necesariamente unidas: no había una verdadera democracia sin paideia, sin educación.

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