La última charla del año

Esta mañana pasé dos horas conversando con estudiantes de pedagogía de la Universidad Tecnológica de México. Fue una experiencia muy agradable; estimulante, para ser preciso. Preparé una pequeña presentación, que no fue tan breve como deseaba, pero la parte central fueron las opiniones de unos quince estudiantes, mujeres casi todas, con preguntas y comentarios muy relevantes, que reconfirman lo que pienso durante esta pandemia: las instituciones que no escuchan a sus maestros y estudiantes están desaprovechando el caudal de ideas que tienen sobre la situaciones real, posible y deseable en la educación.

Me pidieron una reflexión sobre la educación en el marco de la pandemia, mirando hacia el futuro. Eso pretendí, desterrando cualquier perspectiva fatalista y procurando incentivar el pensamiento sobre lo que llamé “lecciones positivas” de esta época de confinamiento, abreviadas en un decálogo. Terminé con dos preguntas para el grupo de más de 110 asistentes y con base en ellas se deslizaron sus intervenciones.

Con esta sesión cerré mi agenda de conferencias durante el año. No tengo más y no pretendo aceptar una sola. Me queda la presentación del libro conmemorativo por los 35 años de Pedagogía en la Universidad de Colima el lunes próximo. Luego, adiós a la vida pública por ahora.

En las semanas siguientes, mientras llega el parón por las vacaciones, habrá que encerrarse a concluir proyectos. El año ha sido extenuante, por la situación de confinamiento y el hartazgo que produce, con temor y duda al lado, y por la cantidad de actividades.

No espero que el 2021 sea mejor, sólo más cierto y confortable. Sano y un poco más divertido.

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