Lejos de casi todo

En los últimos días del año renuncié todo lo posible a las dos redes sociales donde tengo pasaporte y relativa asiduidad. Twitter, en especial, me resulta irritante en ciertos momentos; o, tal vez, debo escribir que hay momentos donde mi estómago no soporta la intolerancia partidista y política reinante.

Además de ahorrarme un montón de minutos cada día, no tentaré al mal humor cuando constate, una y otra vez, la inagotable imbecilidad instalada entre nosotros.

Como apuntan las inercias, 2021 no será distinto. Tal vez un poco peor, que ya es excesivo. Pero es lo que tenemos y no veo que esta historia entre buenos y malos tenga ni final feliz, ni pausa por fin de año o pandemia.

 

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