¿Lista de útiles escolares para maestras?

De manera fortuita, esta mañana leí una lista de útiles escolares del sexto grado de primaria. Me resultó grata la preocupación de quien la redactó: una buena maestra. La claridad, precisión y el mensaje que manda a la familia me llevó a reflexionar en el valor de un documento que de otra forma sería inocuo. Ahora no; quizá antes tampoco, pero hoy tiene un valor adicional: en momentos aciagos cada mensaje de la escuela y sus maestros es un puente o un muro, porque acerca o separa. Podría extenderme, pero creo que la insinuación de su valía es suficiente y se demostró con la contingencia pedagógica: la familia es aliado imprescindible para la escuela y sus maestros. Siempre.

La duda que me vino a la cabeza es por la otra lista de útiles escolares. Aunque prima la incertidumbre, varios indicios en otros países revelan que la “nueva normalidad” impedirá que, por un tiempo, todos los niños asistan todos los días a la escuela, y que las medidas de seguridad sanitaria obligarán a seguir laborando parcialmente en línea o por vías no presenciales.

Si fuera así, sería deseable que los gobiernos (y particulares) incluyeran en sus presupuestos los apoyos que tendrían ofrecer a las maestras y maestros. ¿Qué incluiría la lista de útiles para docentes? Un pizarrón blanco (o de otro color) de tamaño adecuado, un paquete de plumones, materiales didácticos, papelería, una tarjeta para recargar internet o bonificar el pago hecho por los maestros en casa, apoyos para pago de luz eléctrica, entre otros. La lista podría tener más elementos que son indispensables para las maestras; ya le sumarán ellas. En casos extremos, tendrían que valorarse también otro tipo de apoyos con regulaciones transparentes: para comprar o renovar equipos de teléfono o cómputo y accesorios, como herramientas para el trabajo docente.

¿Habrá lista de útiles escolares para docentes? ¿Solo estoy divagando por el calor del mediodía? ¿Qué dicen los sindicatos?

Sé que vivimos tiempos de austeridad, pero ya debió quedarnos claro que la ignorancia es más cara.

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