¿LÓPEZ-GATELL: MISÓGINO?

Hay terrenos donde poner un pie puede costarnos caro, a los cuales mejor entrar bien precavidos o abstenerse. Admitiéndolo, quiero tocar brevísimo el affaire de la senadora Reynoso y el subsecretario López-Gatell, sin afanes de sumarme a una u otra causa, porque no me interesa.

He visto, escuchado y leído la versión estenográfica del intercambio verbal entre los personajes. Dejo a las expertas que decidan si eso fue o no una machoexplicación o misoginia.

La actuación del doctor López-Gatell me pareció desafortunada. Con una ironía que pudo guardarse para otras causas; con la arrogancia que podría explicarse porque las cifras se le descomponen semana a semana, cuando una parte de la platea lo endiosa y corea su nombre en redes sociales. Su respuesta, dirigida a un varón, no tendría mayor repercusión como para exigirle disculpas públicas a todo el Senado. Pero fue a una mujer, senadora, y ahí la cosa tuvo resonancia magnificada.

No sé si el doctor López-Gatell es misógino, tampoco me importa; me inquieta (y tampoco mucho) que cualquier comentario hecho al calor de una situación así, sirva para juzgar y descalificar a una persona. Lo pongo en perspectiva: porque alguien un día escriba un buen artículo o dirija un estupendo mensaje, no se ganó el premio de lo excelso en ese arte. Simple: escribió un día un buen artículo o un mensaje vehemente. Punto. Pero todos cometemos errores, decimos pendejadas o genialidades, y por unas u otras no podemos ser endiosados ni condenados al infierno.

Me alegra leer a mujeres inteligentes, sin camiseta partidista, hablar del mismo asunto y  analizar sin los extremos que no nos hacen falta, menos ahora.

Es verdad que debemos desmontar esta cultura machista, pero eso no se conseguirá, creo, descalificando a todos los hombres que se atreven a oponer argumentos contra el razonamiento de una mujer, so pena de ser condenados en la horca pública de las redes sociales. Por supuesto, tiene que primar siempre el respeto a la persona, aunque se discutan sus ideas, sea hombre o mujer. Las ideas siempre están a discusión, siempre; las personas se respetan siempre.

Me preocupa, sí, que no avancemos en un territorio indispensable: la batalla frontal contra la imbecilidad y la intolerancia. Ahí no podemos aflojar el paso. Nadie estamos exentos de esos pecados, aunque sea presidente de la república o profesor universitario. Si alguien profiere una estupidez, como decir que el presidente solo contagia “fuerza moral”, y lo aplaudimos porque somos sus fans, retrocedemos, seamos hombre, mujer o animal.

Lo que está claro, me parece, es el que calificativo de “homo sapiens” hay que ganarselo todos los días, seas hombre o mujer. Unas deben batallar más, cierto, pero no se gana espacio a costa del autoritarismo ni el linchamiento.

Ni López-Gatell fue un semidios cuando respondió preguntas a los niños el 30 de abril, ni el demonio cuando contestó a la senadora Reynoso. Fue un hombre, un ser humano, nada más, y más nos vale que resulte el mejor calificado para la tarea de la cual depende, en alguna medida, nuestro presente y futuro.

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