Messi es un perro

Uno de los cuentos más célebres y celebrados de Hernán Casciari, escritor argentino, se llama así: Messi es un perro. O mejor, dice Hernán: un hombre perro.

El cuento relata las actitudes de Totín, el perro tonto del juvenil Casciari, que no ladra ni cuando roban la televisión de la sala, pero enloquece cuando ve la esponja patito amarilla del baño. Como Messi con el balón de fútbol.

Igual que Totín, Messi con la pelota en la bota zurda disfruta y se olvida del mundo. Corre, lo tocan, se levanta, cae, lo golpean, sigue, lo jalan de todas partes, sigue, lo tiran, vuelve a levantarse, brinca, dispara, mira, sonríe de pronto, pero siempre tiene en la mente la esponja patito amarillo, el balón, y lo busca para embocarlo en el arco contrario.

Hoy pasó de nuevo en el partido de la Champions entre el Barcelona y el Napoli. En la jugada del segundo gol, Messi entra al área del equipo italiano, dribla una vez, dos, luego lo tiran, y cuando todos los futbolistas se habrían tirado al suelo, gritando y contorsionándose, exigiendo penal y expulsión, Leo se levanta, y casi desde el suelo dispara con una puntería que la mayor parte de los jugadores profesionales no tienen en su pierna izquierda, ni en la derecha. La bola, obediente al mejor de sus amantes, toma una trayectoria mortal con dirección al ángulo más complicado del portero colombiano. El resultado fue eso: gol, golazo, como se quiera cantar.

El resto no lo sé. Escribo estas líneas en el medio tiempo del partido. Messi, quién puede dudarlo hoy, es un perro, un hombre perro. El perro Totín de Casciari, la alegría de casi todos los que amamos el buen fútbol.

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