Otro asalto escolar

Anoche estuve en mi pueblo para el velorio de un amigo. Llegué con la oscuridad y entré por la calle donde se ubica la Escuela Primaria 20 de noviembre. Un enorme letrero en el patio iluminado me llamó la atención, y aunque desaceleré, no alcancé a leerlo completo; imagino que dice: La escuela es mi segunda casa, pero la casa es mi primera escuela.

Ese mensaje fue lo primero que me vino a la cabeza cuando leí lo sucedido esta mañana en el Colegio Cervantes, de Torreón, donde perdieron la vida la maestra y el agresor, y fueron heridos varios estudiantes y un maestro.

La escuela y la casa son un binomio que puede potenciarse, anularse o contrarrestarse. Pero, me temo, no estamos educados en ninguna de ellas para aprovecharse mutuamente. El resultado son desencuentros, simulación o indiferencia, todo junto o en partes. Ambas desconfían de la otra, y sin confianza no se construyen relaciones pedagógicas sanas.

Lo de Torreón puede recibir distintos calificativos, pero de nada sirven si no ayudan a la comprensión del hecho y de otros que han ocurrido en el país con saldos trágicos. Más que el morbo periodístico, precisamos análisis; más que juicios ligeros, comprensión de las responsabilidades, y más que distancia entre escuela y familia, acercamientos inteligentes, sin excesos ni tirando culpas.

Es duro escribirlo, pero cuesta creer que no habrá más hechos violentos en las escuelas, sobre todo, cuando tienes, como padre, hijos en esas edades. Pensarlo es crudo, pero más nos vale ir tomando las responsabilidades que nos corresponden.

 

 

Comentarios

  1. Rosario dice:

    De acuerdo, cada uno debe tomar la responsabilidad correspondiente, esto no es algo minúsculo, todos estamos expuestos y los menos responsables son los niños , se tiene que hacer algo , saludos cordiales

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