Primeras lecturas dominicales

Este domingo desperté como un día normal de labores en confinamiento. Se me escapó el sueño y ni intenté perseguirlo. Leer, fue el verbo que alivió la congoja. Empecé leyendo algunas páginas de 1001 curiosidades, palabras y expresiones del libro, de la Fundación del Español Urgente. Texto de aprendizajes lúdicos de la lengua que disfruto de a poquito. Algunas cosas que cuenta las conozco o intuyo, la gran mayoría no, así que me resulta un maestro de compañía silenciosa pero efectiva.

Evadí continuar por ahora conociendo la historia de Leonard Cohen y empecé una biografía a la que tenía muchas ganas hace tiempo: Balzac. La novela de una vida, de Stefan Zweig, para muchos críticos, la obra maestra del autor.

Las primeras cuarenta páginas me atrapan, aunque pinten los terribles años de infancia del autor de la Comedia humana, provocados por un desencanto familiar inexplicable y el desdén de la madre malvada, dicho por el propio Honoré de Balzac. Sus pasajes describiendo aquellos años que pasó más en internados lejos de casa, son estremecedoras confesiones del hombre que habría de escribir una obra deslumbrante con la exuberancia de su imaginación, que nunca fue ni un poco atisbada por sus maestros castigadores, para quienes era un perezoso distraído, opinión próxima a la materna.

Pasaré muchas horas felices en la lectura. Por ahora, la mañana es de trabajo intenso.

 

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