PRIMERAS LETRAS A LOS 10 AÑOS

Como parte del programa de actividades a distancia del cuarto grado de primaria, Juan Carlos tenía que preparar una tarea basada en un autor: escribir sendos párrafos sobre su vida, sus libros y de uno de ellos, en particular. Entre los autores y textos al alcance, optó por La peor señora del mundo, de Francisco Hinojosa.

Hizo la labor con diligencia y se enfrascó en las páginas ilustradas por Rafael Barajas, El fisgón. Recostado en un sillón leyó en silencio; poco después, pidió hojas en blanco para redactar la reseña. Le propuse que la escribiera y solo al final le ayudaría a revisarla. Aceptó y puso manos a la obra en la mesa donde estudia. Terminó pronto. La leyó y luego fuimos a la instrucciones de su maestra: para cumplir solo requeríamos un párrafo, pero él había escrito casi dos hojas. Se desencantó un poco por haber trabajado de más. Le propuse que resumiera la reseña para la clase y preparáramos otra para publicarla en este espacio. Lo que sigue es el resultado, con escasas intervenciones adultas.

La peor señora del mundo

Juan Carlos Yáñez Borrego

La peor señora del mundo trata de una mujer malvada con uñas largas y filosas, botas puntiagudas y un pésimo carácter, que atormenta a todo el pueblo con sus actos. Pero un día el pueblo se fue, entonces, la malvada señora se quedó solamente con una paloma mensajera a la que le daba de comer migajas bañadas en salsa y agua con vinagre. Como vio que la paloma se moría, le dio un mensaje para llevar a los habitantes del pueblo, que decía que volvieran al pueblo y que la podrían pisotear y rasguñar. La gente aceptó y fue a rasguñarla y pisotearla, pero por la noche, ella construyó una muralla gigante alrededor del pueblo. Entonces, volvió a ser como antes.

Cuando la señora dormía, el pueblo se reunió y dijo un anciano que tenían que agradecerle los actos malvados que ella hiciera para confundirla. A la mañana siguiente ella iba a dar de comer a sus hijos con comida de perro, pero se quedó sin esa comida y decidió darles cereal con leche y miel, pero cuando ellos vieron los platos, se disgustaron y se quejaron. Ella, sorprendida, los obligó a comérsela. Después de dejarlos en la escuela pasó junto a la vecina y le dio una patada, pero ella, con lágrimas en los ojos, y aguantando pidió otra patada; pero la señora malvada dijo que no, y la gente siguió agradeciendo por sus actos.

Un día dijeron que los actos buenos hay que despreciarlos y todos aceptaron. Así, cuando ella hiciera algo bueno, ellos los despreciarían, pero disfrutándolo a sus espaldas.

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