Recuerdos de mamá

Hoy he recordado a mi madre. Para ser preciso, a mi madre en una etapa de nuestra vida juvenil, en una actividad doméstica que realizó durante varios años, primero conmigo, luego con mis hermanas. Siempre con diligencia, sin queja, sin reproches, con lo mejor que podía darnos.

El recuerdo es nítido. Ella llegaba a mi habitación sigilosa, tocaba la puerta, abría y me despertaba. Es la hora, me decía; las 5.30. Era la hora de levantarse, asearse, comer un taco que ya había dispuesto en la mesa del comedor y salir poco antes de las 6 a tomar el camión para llegar a tiempo a mis clases en el Bachillerato 13 de la Universidad, entonces en Colima. Prestigiado Bachillerato 13, quiero agregar.

No cruzabamos muchas palabras, o no lo recuerdo. En temporada de frío salía con un sueter y amarrando los libros en brazos, como en época de lluvias, porque no se suspendían las clases entonces.

Nunca le agradecí esas desmañanadas, no con palabras, aunque ella se habrá cobrado con mis buenos resultados escolares y la obediencia infantil aunque ya tuviera bigote, novia o sueldo quincenal.

Anoche discutí con Mariana Belén. No me gustó su gesto. Le reproché y le dije que no la despertaría más a las 7.30 para comenzar sus clases en línea, ni le daría su desayuno. Sin piedad me disparó a bocajarro: ¡no me despiertes! Sus ojos me mataron, pero lanzaron otro dardo a mi memoria, que rajó el recuerdo que conté. Me derrumbé sobre mí y callé.

Hoy, a la hora precisa, la llamé con más cariño que siempre, cuando abrió los ojos amodorrados le di un beso en el hombro, luego, la esperé con el desayuno preparado y el amor silencioso de mi madre.

Deja tu comentario