Sábado sin página del Diario

En una pausa entre capítulos de un nuevo libro empecé a escribir la página del Diario. Era una forma de despejarme de las tribulaciones de juzgar ideas ajenas y refrescar la pantalla mental. Tenía clara la intención pero no el inicio ni el final, así que la expectativa no era alta. Comencé. Salieron solas las palabras, algunas tropezaron, otras brincaron por encima y saltaron a la mesa desordenada, algunas se ahogaron en mi tacita de café. Una llegó hasta la puerta del estudio y saltó al jardín. La vi perderse en el verde. Con las que reuní llegué al final. Unas 200 palabras. Suficientes, pensé. Leí para corregir. El tono me gustó, y empecé a mover las palabras, a darles otro orden, a elegir aquellas que podrían funcionar mejor escuchadas que leídas. El resultado me satisfizo. Me quedé sin la página del sábado, pero gané la séptima cápsula de mis participaciones en radio. El martes la conocerán, si no se fugan otras palabras.

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