Senderos de la luna

Ayer por la tarde Salvador Alejandro me regaló su libro Senderos de la luna, apenas publicado.

Me alegró mucho leer su buena noticia pocos días antes, cuando lo anunció en Facebook. No creí que lo tendría tan pronto, así que lo agradezco doble.

Salvador Alejandro fue estudiante de Pedagogía en la Universidad de Colima, donde lo conocí y tuve oportunidad de conversar en varias ocasiones. Es una buena persona y amigo generoso, inquieto y valiente.

Leí hoy al comenzar la tarde su libro de poesía y reflexiones. Me sorprendió la frescura de algunos de sus versos, aunque no me concedo libertad para juicios poéticos, más allá de los que me producen las palabras que los escritores y poetas vacían al impulso de sus sentimientos.

Celebro que un chico joven se trace objetivos y los cumpla, que eluda timideces. Esta mañana, en mi curso, justamente hablaba de eso, de que la educación, como bien enseña Nuccio Ordine, no consiste en engordar pollos sino en formar herejes, esto es, personas que eviten los caminos trillados y tracen los propios, que se propongan itinerarios y se atrevan a recorrerlos.

En eso creo, por eso celebro la obra de Salvador Alejandro. La primera, porque estoy seguro de que llegarán otras, cada día mejores.

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