Sin lo mejor de la escuela

La primera lectura de este día fue una entrevista a Francesco Tonucci, psicopedagogo italiano, para el El Diario de la Educación de España.

En estos meses de pandemia la presencia de Tonucci ha sido constante en seminario web o conferencias, además de entrevistas para distintos medios del mundo. Quienes le seguimos, no siempre encontramos conceptos nuevos, pero es gratificante la frescura de sus planteamientos y la incansable postura sobre la relación ciudad-escuela-familia-infancia. Sus definiciones son claras y coherentes, plausibles solo con determinación, y eso no siempre abunda cuando se trata de transformaciones sustanciales en los sistemas escolares.

En esta entrevista Tonucci acude a su otra personalidad: Frato, dibujante: “Hace poco Frato dibujó una viñeta en la que se decía que de la escuela han desaparecido los recreos, las entradas y salidas… y se han quedado solo los deberes y las clases. Es decir, que la escuela ha quedado reducida a lo que no gusta”.

Doy fe. Mis hijos, que todavía siguen en clases en su colegio, aunque la Secretaría decretara el fin del ciclo, viven esa situación y yo con ellos. No tienen recreos ni el espacio para jugar con otros niños, no tienen el momento para sentarse en el suelo y desayunar con sus compañeros y conversar; no tenemos la salida de la escuela y esos momentos para hablar de lo sucedido.

Doy fe. Los estudiantes del curso que imparto en la Universidad, según me cuentan en sus reportes, viven con incertidumbre, a veces angustia y sometidos a presiones inusitadas. Este martes nos hemos reunido en una sesión virtual porque me la pidieron tres horas antes, debido a sus dudas y necesidades.

Tengo más pruebas, pero es suficiente.

La rutina del estudio se quedó con la parte aburrida, aunque habrá quien me demuestre lo contrario, y seré feliz de saberlo.

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