Un día más en cuarentena

Un día de cuarentena como esta, con salario asegurado, comida, agua y techo, es un privilegio, lo digo sin fatuidad. Para un lector es el paraíso, por las muchas horas que se pueden invertir sin prisa y casi sin pausa.

Soy consciente y asumo la responsabilidad pública que implica. Por eso, no dejo de trabajar en aquello para lo que me paga la Universidad. Hoy preparé el trabajo de los estudiantes de mi curso para la siguiente semana, y la mayor parte del tiempo lo dediqué a mi proyecto de investigación en su faceta de escritura.

Cuatro días después de comenzar la reclusión forzosa, terminé el sexto capítulo del proyecto, eventualmente un libro. Empecé con dudas, por las circunstancias que rodeaban estas fechas. Luego, escuchando las entrevistas que hice en el Telebachillerato 8, me fui motivando, recuperando el color. Hoy, por fin, puedo decir que logré insuflarle el ánimo que pretendía. Descansará por unos días, mientras yo giro la brújula en otra dirección.

Los infectados del coronavirus ya rebasan los 250 en México. Las muertes en Italia me conmueven; los españoles miran con temores el desbordamiento de un sistema sanitario del que se sentían (siguen sintiendo) orgullosos.

Ojalá el fin de semana y la siguiente rompan las tendencias y no alcancemos cifras ya más dolorosas.

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