¿Una clase o cinco clases?

Ayer tuve oportunidad de presentar una conferencia ante poco más de 300 profesores de la Universidad Autónoma de Coahuila, a través de la plataforma Teams y más de 280 personas en Facebook. Apuntar el dato no es presunción, sino los lectores a los que pretendería llegar con estos párrafos.

Luego de la conferencia fui a la página de Facebook para conocer la valoración de los participantes. Había más de 500 comentarios, para la primera conferencia del día [una profesora argentina] y para la segunda, que titulé “Enseñar en la Universidad en tiempos de pandemia”.

Leí con mucho interés y donde correspondía, agradecí, saludé o dejé algunos comentarios.

Leyendo a varios profesores me percaté que pude propiciar una confusión y heme aquí, dispuesto a zanjarla.

En alguna parte de la charla comenté que hay posturas que señalan la necesidad de abandonar las clases largas y cambiarlas por otras más cortas, que es preferible cinco clases de 10 minutos a una clase de 50 minutos; aquí, el término “clases” no lo referí a la unidad temporal de organización del trabajo escolar, el horario o dosificación curricular [decimos: tengo cinco o seis horas de clase por semana en mi materia], sino a la parte de la misma en la que los profesores hablamos, hablamos y hablamos.

En otras palabras: cuando digo, cambiemos una clase de 50 minutos por otras más cortas, no me refiero a la organización escolar, sino a la organización didáctica, de tal suerte que el profesor hable menos y los alumnos hablen más o, depende de materias y carreras, que los profesores hablen menos y los alumnos hagan más y participen mejor.

El principio de todo esto es que no hay recetas, que no existen soluciones universales o genéricas. No me atrevería a expresar que en medicina, ingeniería, biología o contaduría las horas-clase deben durar tantos minutos, o que la clases-actividades en el aula deben organizarse de tal o cual forma; eso ya corresponde a los profesores en lo individual, pero sobre todo, a los equipos docentes.

No sé si la aclaración ha sido clara, perdón la redundancia: nunca pretendí decir que el maestro debe estar 15-18 minutos en un aula y luego salirse al siguiente grupo, cuanto que el tiempo que dure en cada una, no puede estar disertando todo el tiempo, ni la mayor parte [aunque, repito, dependerá de la materia, nivel, objetivos de aprendizaje].

Las clases tradicionales, el profesor hablando parado frente al grupo, no se van a jubilar con pandemia o sin pandemia, pero es indudable: cada vez son menos efectivas como la herramienta principal para promover aprendizajes. De eso podríamos hablar largo y tendido, pero he dicho que desaconsejo las peroratas largas, y debo ser congruente.

Deja tu comentario