Viejas renovadas amistades

Hace más de 20 años conocí a un pelado genial de Nuevo León, de la Universidad Autónoma. Uno de los tipos más trabajadores. Convivimos varios años en una red académica nacional.

Ricardo es serio a la hora de la actividad; relajado y divertido cuando tocaba el turno de las cervezas o el descanso.

Él fue más tarde director general en la SEP, en el mundo de los bachilleratos. Me invitó oficialmente y acepté ser su asesor. Ahí convivimos un sexenio.

Luego nos perdimos de vista varios años. Recién lo reencontré a través de un amigo mutuo en una ciudad ajena. Coco, el amigo común, me dio su número telefónico. Desde Mérida lo busqué y reanudamos la relación virtual.

Ahora vive en el campo, en algún punto entre Nuevo León y Tamaulipas. Exactamente no sé, porque es irrelevante y nunca me lo contó. Pero cada mañana me manda una foto y los buenos días; a veces, más efusivo: buenos días, viejo amigo

Sus saludos visuales ya me son indispensables. Hoy, después de varios días sin ellos, me di cuenta y me alegré. Gracias, querido amigo; le regresé el saludo.

De la página de ayer

La página del Diario 2020 escrita ayer tuvo una respuesta inesperada. Abordé dos asuntos en forma breve: la declaratoria de pandemia para el COVID-19 y la otra pandemia que brota de a poco en Colima y tiene un desenlace incierto: las denuncias de acoso sexual de profesores a estudiantes en la Universidad y la secundaria Enrique Corona Morfín.

Varios comentarios en Facebook enriquecieron el párrafo mío, y hasta un intercambio de puntos de vista contradictorios, acerca de las denuncias y su utilidad. En mensaje directo una mujer, Paty, me contó varias situaciones que conoce y la esterilidad de las denuncias hechas.

Nunca es buen momento para que aparezcan los problemas, pero cuando surgen, son oportunidad excepcional para que las autoridades demuestren lucidez, responsabilidad y sensibilidad.

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