Viernes fatal

La contabilidad funesta de la pandemia fue demoledora este viernes para Colima. Leo que se sumaron 58 nuevos infectados y ocurrieron 6 fallecimientos, entre ellos, un bebé de 5 meses.

Las advertencias de la Secretaría de Salud y del propio gobernador no calan suficiente, o es que deben revisarse los mecanismos de comunicación con la sociedad, incluso la propia credibilidad gubernamental. Por otro lado, de poco sirven mensajes que en momentos parecen súplicas, cuando las discrepancias en los distintos órdenes de gobierno son tan grotescas.

En esta cosecha de fatalidades están aflorando también lo bueno y lo peor entre quienes tienen más responsabilidad: alcaldes en campaña en otros municipios, alcaldes eludiendo funciones, omisos ante el cumplimiento de la ley, quizá sólo orientados por las decisiones que consultan al tipo que les mira en el espejo.

Me pregunto: ¿quién toma decisiones en los ayuntamientos o en el gobierno estatal? ¿Tenemos personal preparado para comprender y tomar decisiones? ¿Hay órganos colegiados o son decisiones unipersonales? ¿Están exhibiendo incompetencia técnica o científica? ¿No sería hora de que los gobernantes entiendan que un cargo, de presidente de la nación a diputado local, no te vuelve experto de todo lo que desees en automático? No lo sé. Son preguntas que me dejan las cifras escalofriantes.

Los ciudadanos no merecemos tampoco un premio por buen comportamiento. Aunque no sé cómo se mide, a juzgar por la autoridad federal, en Colima la población nunca dejó de moverse en la contingencia; no lo hizo cuando veíamos la pandemia de lejos, no lo hace ahora.

¿Y ahora, quién podrá defendernos?

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