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FÁBRICA DE SUEÑOS

Esta mañana desperté y abrí el libro Poesía completa, de Jorge Luis Borges. Recorro sus páginas sin prisa, a veces leyendo en voz baja para escucharlo. Entre los poemas que leí hoy apareció “Sueña Alonso Quijano”:

El hidalgo fue sueño de Cervantes

Y don Quijote un sueño del hidalgo.

Es decir, que la máxima obra de la literatura en nuestro idioma es producto de un doble sueño. ¡No está mal, nada mal soñar!

Pensé: ¿cuántos sueños se estarán forjando en estas semanas infinitas de encierro?, ¿cuántas obras maestras de la música, las letras, la pintura… nacerán en las próximas semanas, meses, años?, ¿cuánta maravilla se estará produciendo en las vidas cotidianas mientras vivimos resguardados?

Sí, no está mal soñar aunque estemos confinados, o quizá por ello, y escondernos, de vez en cuando, en la fábrica de sueños.

LUCES Y SOMBRAS

Tal vez tendría que estar tranquilo. Dentro del pandemónium causado por la COVID-19, en Colima los siete casos confirmados ya se recuperaron, según se lee hoy. Es una noticia estupenda, como la información oficial de que no ha muerto ninguna persona en la entidad, condición exclusiva.

Después de la buena, pienso en alguna declaración del gobernador y se me ensombrece el entusiasmo: a falta de pruebas, palabras más palabras menos, no podemos saber si hay más casos. De él mismo, también supimos que Colima no ha recibido [o no había recibido] un peso del gobierno federal para la contingencia.

¿Entonces? Hay luces, pero no dejo de apreciar sombras.

Ayer escribí en este Diario a propósito de una incursión por Walmart y la aparente naturalidad [¿irresponsabilidad?] con que estamos enfrentando el riesgo en la vida cotidiana. Y muchos comentarios se desgranaron en el mismo sentido, o sea, que lo observado en un ratito es común y extendido.

Además de buena suerte, nos acompaña un poco de irresponsabilidad, y eso es pésima noticia.

¡Ojalá la fortuna nos dure mucho más, como recé ayer!

PASEO EN WALMART

Tuve que pasar esta tarde por Walmart para el abastecimiento de algunos víveres. Pasaban las 7 de la tarde. Renuncié a salir el fin de semana para evitar más gente. Imaginé que hoy estaría solo y sería rápido. Acerté en lo segundo; en lo primero erré. El estacionamiento estaba lleno, como un sábado por la tarde o mediodía dominical. Ya estaba ahí, y no tuve opción. Puse mi cubrebocas y repasé mentalmente la lista. Bajé del auto con mi bolsa reusable y tracé la ruta hacia los pasillos. Fui ágil, pero me sorprendió el paseo en los interiores, especialmente una familia joven con su bebé de meses, todos como en el parque. Y como ellos, otros varios paseantes, despreocupados; algunos me miraban extrañados por el artefacto en la cara.

Salí pronto porque no había muchas personas en las cajas para pagar. Ignoro si es así todos los días; mañana no averiguaré. Solo confío en que esta naturalidad y sanidad de que hoy gozamos en Colima no se nos acabe mientras dure la pandemia en el país, con todo y la todavía abundante irresponsabilidad que pulula en las calles.

FÚTBOL EN CUARENTENA

Mentiría si digo que extraño el fútbol en tiempos de cuarentena. Tampoco digo toda la verdad. Soy hincha futbolero, pero no adicto a los partidos en la tele: me cansan, me aburren o duermen. Veo pocos partidos, casi siempre del Barcelona. Mi promedio de televisión no llega a las cuatro horas por fin de semana, aunque puede haber excepciones cuando se atraviesan partidos apetecibles.

En estos días, en las horas que destiné para el descanso del trabajo en casa, vi dos partidos incompletos. El primero, un Sevilla-Barcelona, pasado por lluvia en el estadio de los sevillanos, con una remontada fantástica de Leo Messi. Ayer, otra vez por azar, un partidazo entre el Real Madrid de los galácticos, aquel de Zidane, Figo, Beckham, Roberto Carlos e Iker Casillas, contra un Barça repleto de holandeses, desde el director técnico, pero con la increíble magia de Ronaldhino, ahora pasando un momento ingrato en cárceles paraguayas, acompañado por un puñado de jóvenes formados en su prestigiada escuela.

No recuerdo el marcador del primer partido, pero ganó el Barça, por supuesto; en el segundo, la voltereta fue espectacular, de la mano del astro brasileño y un pase de oro para el segundo gol.

Me ahorro detalles que podría contarles, pero ser intrascendentes para la mayor parte de mis lectores habituales. Lo que en realidad me hizo escribir esta página cotidiana es confesar las emociones que sentí al ver a algunos futbolistas este domingo. Dos en especial me trajeron recuerdos gratos: Carles Puyol, hoy festejando 42 años, y Xavi Hernández, uno de los jugadores que, sin anotar goles, sin ser el más alto, fuerte o veloz, fue un símbolo del mejor equipo que vi en la vida.

Ah, el fútbol no es lo más importante en mi vida, ni en cuarentena, pero de vez cuando, sus caricias me reconfortan como si lo fueran.

EFECTOS DEL CORONAVIRUS EN EDUCACIÓN

La Organización de Estados Iberoamericanos [OEI] publicó hace algunas semanas un informe muy breve que tituló “Efectos de la crisis del coronavirus en la educación”, realizado por Ismael Sanz, Jorge Sainz y Ana Capilla.

Se trata de una revisión documental de artículos muy actuales publicados en distintas revistas especializadas, para responder a las preguntas sobre los efectos de la pandemia en el aprendizaje de los alumnos, los salarios futuros de los estudiantes y en la tasa de abandono escolar.

Cada uno de los apartados muestra hallazgos de otros estudios acercándolos a las variables de la circunstancia que atravesamos. Valiosos para advertir que los efectos de la COVID-19 trascenderán el ciclo escolar y precisan acciones estratégicas en el presente y en los próximos meses.

Respecto a los aprendizajes de los estudiantes, la conclusión es que “si las actividades formativas online están bien ajustadas, la metodología y los contenidos son adecuados y el profesorado cuenta con la formación adecuada, los resultados no tienen por qué diferir de la educación presencial. Si no es el caso, la curva anterior puede ampliarse y aumentar la brecha de conocimientos”, por las ventajas que tienen los hogares con mayores posibilidades materiales y económicas, por las plataformas digitales usadas y familias con más alto nivel de escolarización.

En la segunda parte analiza cómo podría repercutir el parón de clases en los salarios promedio de los estudiantes afectados, cuando tengan entre 30 y 40 años; asunto ya investigado en Argentina por la huelga de docentes, a partir de lo cual estiman cuánto podría reducirse el salario anual en los estudiantes españoles, según los niveles de afectación.

El último apartado constituye una de las preocupaciones más extendidas, también con efectos diferenciales por condición socioeconómica: “hay que lograr, afirman, que los jóvenes, especialmente los de grupos de más riesgo, regresen a la escuela y permanezcan en el sistema cuando los centros escolares vuelvan a abrir”. Si el problema ya es crítico en el bachillerato mexicano, un desplome podría ser funesto en la concreción del derecho a la educación.

El informe de la OEI es inquietante. Invita a observar más allá de la punta del iceberg y comprender que en la escuela se jugarán ahora y en el futuro buena parte de la suerte de sectores sociales precarios. Recuerda que se demandarán apoyos decididos de las familias, pero también, acciones estratégicas de las distintas esferas gubernamentales.

La pandemia podría constituir la oportunidad no buscada pero formidable para potenciar las fortalezas del sistema educativo y resarcir rezagos añejos, como el peligro siempre latente de sumir en el atraso pedagógico a los más pobres.