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La deducibilidad de las colegiaturas

Como es sabido, el presidente Felipe Calderón anunció la semana anterior una medida fiscal que hará posible la deducibilidad de las colegiaturas de preescolar a bachillerato. De inmediato la decisión atrajo la atención de expertos y organizaciones que analizaron sus implicaciones, la ponderaron o descalificaron.

Según el cuarto informe presidencial, en el ciclo escolar 2009-2010, de una matrícula de 25 millones y medio de estudiantes en educación básica, el 9.17 por ciento acuden a escuelas particulares. En la educación media superior, de cuatro millones de alumnos el 17.72 por ciento son de escuelas de paga. Sólo para completar el recorrido: es la enseñanza superior donde, proporcionalmente, se ubica el mayor peso de la matrícula privada, con el 32.25 por ciento, y dentro de dicho tipo educativo, en posgrado 48 de cada cien estudiantes asisten a instituciones particulares.

Se estima que la medida anunciada por el presidente beneficiaría potencialmente a un millón y medio de hogares que pagan colegiaturas, poco más del 10 por ciento de la matrícula en los niveles educativos contemplados. Mucho o poco, depende del enfoque.

Entre los cuestionamientos al decreto se denuncia su talante privatizador, lo que se objeta desde otras posturas. Lo cierto es que los gobiernos y modelos que han apostado a la privatización y a la supresión de la inversión en educación pública la tienen entre sus recomendaciones.

Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía, ha dicho que el siguiente paso a las deducciones fiscales es la entrega de vales para que los padres paguen en la escuela que desean para sus hijos, una de las ilusiones del paradisíaco sueño neoliberal de convertir al sistema escolar en un gran mercado. Medida que, se recordará, insinuara Vicente Fox, y de larga data en Estados Unidos, cuyos resultados ni Milton Friedman reconoció como afortunados.

Del debate otra vertiente resalta: según las cuentas oficiales el monto que costaría la medida es de 13 mil millones de pesos (también se dice que entre 11 y 13 mil millones). El gobierno federal asegura que tal cantidad no generaría dificultades. Entonces, el rector de la UNAM preguntó con ironía, palabras más palabras menos: ¿verdad que si se quiere hay recursos para apoyar la educación?

Trece mil millones de pesos, dice Narro Robles, representan la mitad de los recursos necesarios para acabar con el analfabetismo en el país, e invita a preguntarnos: ¿no habría válido la pena dicha inversión ya, para hacer que todos los mexicanos mayores de edad aprendieran a leer y escribir?

Frente a la decisión son muchos los cuestionamientos de distinta índole (política, cultural, ética, pedagógica) que hoy resurgen. Quienes decidieron la medida no los responderán, dice Manuel Gil Antón, pero nosotros tenemos la obligación de ponerlos sobre la mesa, en los periódicos y en los espacios de la reflexión social. twitter@soyyanez

Fuente: Periódico El Comentario

La deducibilidad de las colegiaturas

El anuncio del presidente Calderón sobre la deducibilidad de las colegiaturas desató polémica. Aplausos en algunos sectores y una salva de críticas recibieron la decisión presidencial.

Se estima que la medida podría beneficiar a un millón y medio de familias. En su conjunto, una matrícula en escuelas privadas de tres millones de estudiantes, poco más del 10 por ciento del total del jardín de niños a bachillerato.

Entre las aristas del tema una me preocupa: la justificación de que se estimulará el sacrificio, lo dicen así, de quienes pagan colegiaturas. Entonces, pregunto: ¿quién envía a sus hijos a la escuela pública no se esfuerza?

Hay una peligrosa suposición muy discutible: sólo en las escuelas privadas se hacen esfuerzos dignos de reconocimiento y, por tanto, ameritan ser recompensados. ¿Y el otro 90 por ciento de los mexicanos que estudian en las miles de escuelas públicas, muchas de ellas en condiciones paupérrimas?

En un contexto de enorme pobreza hay otras interrogantes: ¿cuántos mexicanos y colimenses tienen condiciones económicas para pagar colegiaturas y demás gastos que implican las escuelas particulares? ¿Es la escuela privada una opción al alcance de todos los mexicanos?

La discusión obliga de nuevo a la afirmación de que un estado democrático tiene el deber de proporcionar educación pública de calidad.

Finalmente, según cálculos oficiales el costo de la medida será de 13 mil millones de pesos. Dicha cantidad, dice el rector de la UNAM, representa la mitad de los recursos para acabar con el analfabetismo en el país. Pregunto: ¿desde hace décadas no habría válido la pena tal inversión para que seis millones de mexicanos aprendieran a leer y escribir?

Fuente: Ángel Guardián

¿Entendimos las lecciones del pasado?

Hace 15 años, cuando el siglo veintiuno aparecía en el horizonte como una promesa incierta, el novelista mexicano Carlos Fuentes dictó una conferencia magistral que llamó “decálogo para el cambio.” El autor de “Aura” propuso diez retos que tenemos para darle un rostro más humano al nuevo siglo y milenio.

Entre los desafíos Carlos Fuentes ubicó en primer lugar el de la vida, la permanencia de la humanidad frente al suicidio ecológico y la destrucción del planeta.

El quinto mandamiento del décalogo se define con una expresión elocuente: la crisis global de la civilización urbana. Mendicidad, crimen, inseguridad, drogas y violencia constituyen sus rasgos más apremiantes.

Al iniciar la segunda década del siglo veintiuno todos los problemas resumidos por Fuentes persisten con notable vigor: el planeta sigue en peligro, en algunas regiones del mundo brotan y resurgen guerras, cientos de millones de mujeres sufren condiciones de exclusión inadmisibles y la pobreza se globaliza masiva e injustamente.

Todavía no hemos sido capaces, a escalas planetaria y nacional, de resolverlos y, posiblemente, en algunos casos, de identificar con precisión problemas y causas.

México hoy es víctima de muchos de esos males, advertidos no por la bola de cristal de Carlos Fuentes sino porque constituyen el resultado de tendencias añejas.

Este mundo, y el México que vivimos, no son consecuencia de una maldición bíblica o una etapa natural de la evolución social. Son el efecto de lo que hicimos y dejamos de hacer. De lo que estamos dejando de hacer.

Paulo Freire, educador brasileño, afirmaba: el mundo no es, está siendo. Es decir, no está acabado, es una obra inconclusa. Por tanto, es factible su transformación.

Sí, cambiar es difícil, pero es posible. La pregunta que ahora me parece pertinente es de simple enunciación: ¿entendimos ya las lecciones del pasado reciente o consumiremos el primer cuarto de siglo escribiendo páginas dramáticas en la historia nacional?

Fuente: Ángel Guardián

Escuelas y salones de belleza

Ahora que se pusieron de moda en Colima campañas propagandísticas para anunciar con grandes espectaculares los éxitos de los colegios particulares, recordé el pasaje de un texto crítico sobre la llamada “era de la evaluación”, en la que el autor dice, en tono irónico, que evaluar a una escuela sólo por los resultados finales equivale a calificar un salón de belleza por la apariencia de sus clientes cuando salen del local. ¡Me gusta la analogía! Pero más allá de mis preferencias o gustos es verdad el razonamiento.

En efecto, para una valoración adecuada del salón de belleza hay que saber cómo ingresó la señora o señorita, cuál era su aspecto antes de las transformación estética, la materia prima, pues; sólo entonces se apreciará el esfuerzo y el talento de las manos expertas. Así mismo, reconocidas las diferencias, podría ser la valoración de la escuela.

Decir que los alumnos obtuvieron el primer lugar en el concurso equis o en la prueba tal tiene méritos que no se pueden minimizar, para que se me entienda bien. Tiene méritos, sobre todo porque lo consiguieron los estudiantes y no los directores. Pero sólo esa información no favorece un análisis más completo de los procesos que ocurren en el interior de los centros escolares. Se requiere otra información: cómo ingresaron los alumnos a la escuela, cuál era su nivel de conocimientos, los rasgos del perfil socioeconómico y cultural de los estudiantes, de sus padres y hermanos; las condiciones materiales, culturales, tecnológicas y educativas de que disponen en casa, entre otras variables.

Esos datos y otros, ligados a las escuelas examinadas (duración de la jornada escolar diaria, número de alumnos por grupo, por ejemplo) nos ofrecerán, a la sociedad y a los padres, nuevos elementos para ponderar el esfuerzo realizado en la institución educativa.

Repito: no intento denostar las campañas ni a los colegios, sino aportar elementos para juicios más calificados sobre su calidad. Nadie por usar una jersey o zapatos como los de Michael Jordan efectuaría, por ese simple hecho, las proezas que “Air” Jordan, como tampoco nadie, por ingresar a la escuela donde estudió tal o cual ya tiene boleto premiado en la lotería de la vida. (twitter@soyyanez)

Fuente: Periódico El Comentario

La obligatoriedad del bachillerato

El lunes 24 de enero la Secretaría de Educación estatal convocó a un panel con el tema “la obligatoriedad del bachillerato”, en alusión a la iniciativa que se discute en el Congreso de la Unión para hacer obligatoria la educación media superior en el país. Invitado por el secretario, Federico Rangel Lozano, acudí y expuse en forma sucinta mi posición al respecto, misma que ahora quiero compartir con la intención de aportar elementos para un debate informado y crítico entre los implicados e interesados.

1. No se puede estar en contra de la iniciativa. Un paso adelante en el camino hacia la incorporación constitucional de un derecho humano universal es apenas el comienzo de la reparación de un rezago. Ni la aplaudo como magnánima, ni la cuestiono en automático, pero de la iniciativa a su factibilidad hay una distancia con tintes de insalvable.

2. La idea de hacer obligatorio el bachillerato no es nueva. En el año 2000 el Estado de Jalisco la contempló como tal en su constitución; allí se dicta que la educación media superior es obligatoria y gratuita. Después, una iniciativa con ese propósito fue presentada, discutida y desechada en el propio Congreso de la Unión. Más antigua referencia es que la educación, hasta la superior, está contenida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

3. La iniciativa tiene sus bondades, es innegable, pero no basta. La educación básica es un derecho constitucional en México, pero no es efectivo su cumplimiento para 33 millones de mexicanos mayores de 15 años que no la han culminado, según cifras oficiales. 33 millones de mexicanos es más que la población de muchos países de América Latina. 33 millones son apenas uno menos que la matrícula global del sistema educativo nacional.

De esos cantidad, 17 millones no tienen un certificado de secundaria. La cifra es enorme y atenderla un reto monumental. Aquí podemos empezar a discutir la factibilidad de universalizar la enseñanza media superior: la recuperación del diez por ciento del rezago en secundaria, o sea, 1.7 millones, equivale a poco menos de la mitad de la matrícula nacional en el nivel educativo, para los cuales hoy no hay espacio.

4. La viabilidad de la propuesta requiere análisis fríos, más allá de las buenas intenciones. Las tendencias son abrumadoras y no ofrecen alojo al optimismo. Para alcanzarla se necesitan más de diez años, un proyecto sólido y un conjunto de condiciones, entre las cuales destaco tres: una inversión descomunal en el tipo educativo que ha sido históricamente olvidado frente a los otros dos (el básico y el superior), profesores bien formados, bien pagados y bien reconocidos, y corregir procesos que no funcionan adecuadamente.

Me atrevo a afirmar que de los tres, siendo complicadísimos, el más sencillo es el financiero, porque los otros dos no se resuelven por decreto. El tema de los profesores no admite soluciones parciales ni de corto plazo. En México cualquiera puede ser profesor de bachillerato, pero no sucede así en otros países. En ese renglón, hay inercias y vicios terribles.

5. La eficiencia del sistema escolar revela problemas gravísimos. En el cuarto informe del presidente Calderón las cifras ejemplifican: la cobertura en el ciclo 2010-2011 se estima en 66 por ciento, mientras que la eficiencia terminal es de 63 por ciento, lo cual significa que de cada 100 adolescentes apenas cuarenta logran culminar el bachillerato.

De la misma fuente se pueden desprender datos aún más dramáticos: entre los ciclos escolares 1990-1991 y 2009-2010 la cobertura se elevó del 36 al 64 por ciento, es decir, 30 puntos porcentuales en una década, pero en los mismos años, la eficiencia terminal apenas pasó de 60.1 a 62.9 por ciento, menos de tres puntos porcentuales. Significa que mejorar la cobertura sin hacer lo propio con las posibilidades de tránsito y culminación sólo elevará las cifras de los triturados en la escuela.

6. El esfuerzo educativo que ha hecho el país entre los años de la Revolución y la primera década del siglo XXI produjo resultados extraordinarios. Es innegable y debe reconocerse. Sin embargo, también es inocultable que la educación sigue siendo una promesa incumplida para millones de mexicanos, como quedó reflejado arriba. Pero el problema no es sólo la escuela. La problemática del sistema escolar no puede revisarse al margen de la social.

Y no es posible, dice el profesor italiano Raffaele Simone construir una isla feliz en un archipiélago de tristeza. En México no hay un sistema que pueda mostrar una fortaleza sin par: ni el sistema de seguridad, sanitario o económico gozan de cabal salud. La escuela no es ajena.

7. El tema que analizamos debe colocarse en su justa dimensión. No es asunto de planeación estratégica, una cuestión técnica o de indicadores; es un tema de derechos humanos, un desafío ético: ¿los mexicanos deben ser educados, merecen ser educados, pueden ser educados? ¿Queremos educarlos? twitter@soyyanez

Fuente: Periódico El Comentario

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