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Delirios

Para que algunas cositas pudieran ser mejores en el mundo, me temo que debemos tomar decisiones radicales. Pensarlas y ejecutarlas de otra manera. Quizá imitando malos ejemplos y malas personas nos deje un saldo favorable. ¡En la historia habrá ejemplos dignos de copiarse!

Nos contaba un profesor y amigo que la papa se introdujo a Francia en un momento de terrible hambruna. Fue muy simple: la gente no quería comer papa, entonces, en los terrenos donde se sembró pusieron letreros anunciando que las personas que osaran invadirlos serían castigados por el Rey, dueño y señor de las tierras. Propensos como somos los seres humanos a sucumbir a la tentación, empezaron a meterse y robarse las papas. Fue un éxito.

Ya es tiempo de intentar, por lo menos, cambiar lo que no funciona pero con otro discurso y otros modelos, lejos de la moralina y los mandamientos. Creo, por ejemplo, que tenemos que decir, hasta el cansancio, que no es bueno ser bueno, que es malísimo ser buena persona. Hay que decir que es buenísimo tomar coca cola, o pepsi cola. Que el cigarro limpia los dientes y las drogas exorcizan la imbecilidad. Podríamos difundir que no es bueno caminar por caminar, ni respirar el aire limpio. Tenemos que decir que las cosas lindas de la vida están prohibidas, o cobrar impuestos por cuidar el cuerpo, apreciar los atardeceres y disfrutar los amaneceres caminando.

Tenemos que difundir con campañas -y todas las desviaciones de recursos que se conocen los partidos políticos-, que el planeta no se agotará y que el agua es un recurso infinito, que el planeta no dejará de ser verde o azul, aunque quememos todos los bosques y selvas del mundo.

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Delirios (tal vez) necesarios

Para que algunas cositas pudieran ser distintas en el mundo, me temo que debemos tomar decisiones radicales. Pensarlas y ejecutarlas de otra manera. Quizá copiando a los malos, a los malos ejemplos y a las malas personas nos deje un saldo favorable. Intentarlo no estaría mal, me parece. El resultado fallido podría dejarnos como estamos.

¡En la historia habrá ejemplos dignos de copiarse! Según nos contaba un profesor y amigo, la papa se introdujo a Francia en un momento de terrible hambruna. Fue muy simple: la gente no quería comer papa, entonces, en los terrenos donde se sembró pusieron letreros anunciando que las personas que osaran invadirlos serían castigados por el Rey, dueño y señor de las papas. Propensos como somos los seres humanos a sucumbir a la tentación, empezaron a meterse y robarse las papas. Fue un éxito.

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¿Educar o castigar?

Mientras estudiaba a Paulo Freire con la guía de su discípulo, Miguel Escobar Guerrero, colombiano, leí casi todo lo que había escrito el prolífico educador pernambucano. Entre todos aquellos libros y textos que obtuvimos con el apoyo de Miguel, uno de los que dejó más honda huella fue “Esa escuela llamada vida”, un libro “hablado”, como les llamaba Freire, escrito con el teólogo Frei Betto después de largas conversaciones. Muchos pasajes de aquel libro me conmovieron, al grado que algunos podía recitarlos de memoria. Entre esos pasajes recuerdo a Frei Betto afirmando que había sufrido más los cuatro años del colegio secundario que los años en la cárcel. Allí está el dicho, en la página 87. La expresión y lo que aquello evocaba me resultó dolorosamente sugerente.

Después, en distintos momentos aparecieron en mis reflexiones las asociaciones entre la escuela y la cárcel. Recuerdo, por ejemplo, una visita a la escuela de mi pueblo donde cursé primaria y secundaria. Con el paso de los años era distinta, no para bien, y entre los cambios más visibles estaban aquellos que se habían hecho para asemejarla a una prisión: los muros eran más inaccesibles que antes, con rejas más firmes y cercadas por doquier; los colores sin vida, y las aulas totalmente enrejadas, tanto que con dificultad se apreciaría qué pasaba dentro de los salones.

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Compendio de lugares comunes (en clave de Twitter)

Los usos equívocos e invertidos (¿pervertidos?) de la educación son numerosos. Un recuento parcial enseguida.

La educación no es un sindicato poderoso integrado por escuelas y maestros.

Los sistemas educativos no nacieron para contratar maestros, sino para formar ciudadanos.

Las escuelas no son estacionamientos, tampoco guarderías de estudiantes o de profesores esperando jubilación.

La escuela no es una carrera de obstáculos, con el objetivo de desgranar estudiantes.

Tampoco es una competencia entre profesores para decidir a quien reprueba más, por tanto, es el más “duro”.

La educación no es una variable independiente con respecto al sistema social.

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Tres cositas nomás

Después de pasado el reciente proceso electoral en la Universidad de Colima, vengo a decirles tres cositas nomás:

1. Estoy conmovido. Doblado en algunos momentos por la emoción. Las muestras de afecto, solidaridad, cariño, los rezos; los hombros para reposar son más de los que pude imaginar. También hay otros, con sentimientos un poquito fuertes y más, que prefiero no escribir. Hay tanta generosidad en sus mensajes por teléfono, directos aquí, en Twitter, llamadas por teléfono, personalmente, que apenas me lo creo. (Algo habré hecho bien, supongo). GRACIAS, se los digo en voz alta, mientras el tiempo me alcanza para escribírselos y decírselos personalmente, que no serán poca horas.

2. Triste no estoy, tampoco frustrado, menos resentido. La vida es justa, y si no, cada uno tiene la tarea de acomodar los muebles en el alma para que la casa no se desborde. Estoy tranquilo y en orden, emprendiendo mi viaje a Ítaca. Como dice mi maestro Eduardo Galeano: yo no creo que valga la pena vivir para ganar, vale la pena vivir para hacer lo que la conciencia te dicte.

3. Vamos a seguir trabajando, en lo que me gusta, en mi pasión. Voy a seguir en la Universidad de Colima, por supuesto.

Un abrazo fraterno