Novedades

Página ocho

Dos acontecimientos ensombrecieron hace algunas semanas el panorama en la Universidad de Colima. Cada uno en su dimensión violenta y trágica nos dejó una cauda de sensaciones que corren del pasmo al miedo. La realidad ya nos había despertado violentamente, tiempo atrás, del sueño plácido, del “en Colima no pasa nada”, ahora añorado.

Primero fue la muerte salvaje de una estudiante de bachillerato a manos de dos sujetos drogados, según cuenta la prensa. Víctimas ellos, también, de ese flagelo mundial y mexicano, y que habrán de pagar por un acto irracional y el arrebato impulsivo de instantes que no olvidarán nunca y se repetirán todos los días, encontrando en ello, quizá, el peor castigo. Por supuesto, en el caso de que estemos frente a sujetos normales y con remordimientos en alguna parte de sí mismos.

El otro hecho que nos cimbró apenas unos días después fue la irrupción violenta de policías en el campus Coquimatlán, para disparar a un tipo que huía, miembro de otra corporación policiaca. Una escena impactante para quienes allí estuvieron, lo vivieron o escucharon a pocos metros del lugar. Del suceso sangriento no hablaré. Tampoco de las explicaciones.

Ahora pienso en la pregunta que allí escuché repetidas ocasiones pocas horas después y que luego le formularon al rector en su visita: ¿quién nos garantiza que no volverá a ocurrir? Una pregunta que surge del miedo, de la rabia, de la irritación y la valentía ciudadana.

Pero ¿quién puede garantizar que eso no volverá a ocurrir? ¿Qué o quién puede garantizar que no habrá más hechos violentos contra la ciudadanía, en Colima, en Monterrey, en México? ¿Quién puede garantizar la protección de ciudadanos e instituciones, en sus calles y espacios públicos? Quién puede, cuando el cáncer que carcome a nuestra sociedad avanzó tan letal como sigilosamente en lugares como nuestro Estado. ¿Quién puede garantizar seguridad, si en las policías se enquista también la corrupción y la impunidad?

No, no sé la respuesta ni me propongo averiguarlo. Todos somos responsables, leemos, escuchamos. Tenemos que aguantar, dicen otros. Es probable que casi todos seamos responsables, o muchos. Mis dos hijos, de menos de seis años, no pueden serlo, por ejemplo; ¿o estoy equivocado?

Aceptando que casi todos somos responsables, hay unos más responsables que otros, los que tienen la obligación de proteger a la sociedad, por ejemplo, los que cobran por la tarea, mucho o poco, son más responsables. Así que, por favor, continuemos esta dura batalla llamando a las cosas por su nombre. La lucha no está solo en las calles, también está en nuestras mentes. Desalojemos las mentiras y, tal vez, se haga un espacio pequeño para la valentía y la dignidad.

La reflexión sobre la práctica docente

Hace 11 años, en la capital de Jalisco, las Universidades de Guadalajara, Autónoma de Nuevo León y Colima decidimos unir esfuerzos y recursos para organizar, en el marco de la Red Nacional del Nivel Medio Superior Universitario (creada por el Consejo de Universidades Públicas e Instituciones Afines, de la ANUIES), un coloquio de profesores que permitiera agrupar, durante dos días, a los maestros de los bachilleratos universitarios para intercambiar experiencias y aprender juntos, con base en talleres impartidos por docentes elegidos por las instituciones y sesiones de presentación de sus ponencias.

Desde el primer coloquio la respuesta de los docentes fue estimulante en cantidad y calidad. Además de los propósitos académicos, los encuentros servían para la integración entre profesores de cada universidad y con los colegas de otras. Conocerse y reconocerse es un ventaja no menor en una profesión que se ejerce en solitario pero requiere del previo y posterior trabajo colegiado. Especialmente en un nivel educativo olvidado por las políticas y convertido en nido de oportunistas, demagogos e irresponsables.

Leer más…

El presupuesto educativo: ¿la misma historia?

El clamor por el escandaloso y dramático fenómeno de los siete millones 300 mil “ninis”, la urgencia de elevar la cobertura en educación superior (meta alcanzada para el gobierno federal pero cuestionada por investigadores serios) y la reforma que hace obligatorio el bachillerato, inducían a pensar que en 2012 habría un presupuesto para educación a la altura de las necesidades. Los analistas del tema y la prensa no confirman tal suposición, por lo menos en el proyecto del Ejecutivo. La Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, Anuies, ha dicho que no está de acuerdo con el presupuesto y el propio Subsecretario de Educación Superior aceptó, ante ese organismo, que no es suficiente lo programado por la Secretaría de Hacienda.

Leer más…

Chile: rumbo al Primer Mundo

Chile había comprado boleto al Primer Mundo, según Andrés Oppenheimer. Subió al avión con apenas una porción minoritaria de su población y mientras unos pocos despertaron en el Palacio de La Moneda o en las grandes capitales del orbe, la mayoría, millones de chilenos, estaban en las calles protestando por el sueño falso, con una mezcla de rabia y dignidad.

Andrés Oppenheimer, según la solapa del libro que comento, es “uno de los periodistas más influyentes de la lengua española”. Con importantes reconocimientos y una vasta experiencia en medios estadounidenses e ingleses, ha escrito también ya varios libros, el más reciente (o uno de sus más recientes) “¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro”. Presumía, como Francis Fukuyama, poseer la varita mágica para enterrar la historia y salvarnos del atraso intelectual.

Leer más…

El estado de nuestra educación

Informes recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, conocida por sus siglas como OCDE, aportan elementos para diagnosticar la situación de la educación mexicana. Con base en dichos reportes la conclusión es desastrosa.

Leer más…