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RECONQUISTAR LA CIUDAD

Los fenómenos de la violencia y el narcotráfico provocan efectos incalculables en aspectos que no son contabilizados. A los números de muertos (doloroso cada uno), a los negocios lícitos cerrados, al dinero invertido en la “guerra” contra el narco habría que sumar otras consecuencias de naturaleza distinta, como el miedo, el desaliento y la incertidumbre clavada en las cabezas de la ciudadanía. El fenómeno no es nuevo. Carlos Fuentes, antes de ingresar al milenio, ya había advertido sobre lo que llamó “los problemas de la civilización urbana”, incluyendo los enunciados y otros, como la mendicidad. El tiempo los exacerbó ante la incompetencia cómplice de los gobiernos y la indolencia de la gran masa.

En ese coctel de problemas los ciudadanos no tenemos el derecho de usar las calles como antaño. Lejos quedaron las épocas en que niñas y niños eran libres para transitar las calles y usarlas, por ejemplo, como canchas de fútbol, sólo expuestos al peligro de los vehículos. El paisaje cambió drásticamente y no se trata de llorar por tiempos idos, sino de revisar las consecuencias vislumbrando horizontes. Las calles se convirtieran en páramos, en guetos, en algunas zonas en “territorio comanche”, la franja donde se juega la vida a cada paso. La sociedad perdió el derecho del tránsito y disfrute de las calles, con efectos nocivos en el tejido social y en el desarrollo infantil. No son las calles en muchas ciudades un lugar para el encuentro, es decir, para las relaciones humanas.

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PRIMERO DE MAYO

Entre los más lejanos recuerdos de la infancia tengo a mi padre preparándose para salir al desfile del primero de mayo, con el contingente de obreros de la Sección 82 del Ingenio Quesería. Por la seriedad con que lo hacía, ese día, el Día del Trabajo, siempre me inspiró mucho respeto y así lo conservé muchos años. Con las décadas el sentimiento, confieso, es distinto (no por mi padre), pero ese es otro tema.

Hoy me tocó vivir el primero de mayo en otro lugar, en Catamarca, provincia argentina donde viven un grupo de buenos amigos. En Argentina el primero de mayo se celebra el Día del Trabajador; no es lo mismo, aunque podría parecerse. Celebrar a los trabajadores pone el énfasis en las personas, en las mujeres y hombres, no en las actividades en abstracto. Celebrar el día del trabajo así, como en México, me obliga a preguntarme, nada más por jugar y para intentar poner las cosas de revés: ¿sería lo mismo el día de la infancia que el día de los niños?, ¿sería igual celebrar el día del maestro que el día del magisterio o el día de la docencia?, ¿valdría lo mismo el día de la maternidad que el día de la madre?

No tengo respuestas, ni me propongo indagar más allá. No creo que sea bizantino, pero para avanzar en ese hilo tendríamos que reconstruir la genealogía de  las palabras y la cultura política y sindical. De lo que estoy seguro es que “Trabajo” y “Trabajadores” no es lo mismo, y que la diferencia entre el día del trabajo y el día de los trabajadores es sutil pero esencial. Tan distinto y no tan sutil, como marchar bajo el sol después de unas horas de espera y escuchar discursos vacíos, o felicitar y ser felicitado por otros iguales con un abrazo y una palabra cariñosa.

San Fernando del Valle de Catamarca

DEMOCRATIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR

Seminario MailingEn el marco de las actividades del “Núcleo de estudios e investigaciones de educación superior del Mercosur”, 18 y 19 de abril se realizó en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, el 1º Seminario Democratización de la Educación Superior. Una mirada desde el Mercosur, con la participación de representantes gubernamentales, rectores y académicos de varios países miembros de esta región de América Latina.

Mercosur, conviene recordarlo, es un bloque geopolítico de principios de los 90, inicialmente conformado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay (temporalmente suspendido), al que se sumó Venezuela y más tarde, como asociados, Colombia, Ecuador, Perú y Chile. Además de su importancia demográfica y económica, ha sido punto de referencia política (y de preocupación para Estados Unidos), porque actualmente agrupa a varios de los gobiernos contrarios al neoliberalismo, encabezados por los Kirchner, Pepe Mujica, Rafael Correa, Evo Morales y, en su momento, Hugo Chávez.

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EL DULCE ENCANTO DE UNA PALABRA

En enero tuve la oportunidad de hablar con Juan Carlos Geneyro durante su visita al Distrito Federal. Juan Carlos es uno de los mejores profesores que tuve en la UNAM, y en mi vida escolar. Hablando de mi viaje a Argentina, su país, le confesaba temores por el recibimiento que tendría entre los profesores en Córdoba. Me tranquilizó y retó, al mismo tiempo: siendo mexicano te recibirán muy bien, pero si no demuestras que sabes pueden rechazarte. Más dijo, él, que vivió varios años en México como parte del exilio forzoso de muchísimos argentinos que llegaron a nuestro país por la última dictadura argentina. Con México hay una relación muy especial, contó; de hecho, es la única identidad binacional que tienen los argentinos, así, a ese híbrido le llaman: los argen-mex, como su caso, como todos los argentinos que se quedaron en México o regresaron con los gobiernos democráticos. Le creí, por supuesto, porque su credibilidad y mi afecto crecen con los años.

Estando en Córdoba, en la Universidad, y entre las personas con quienes he tenido la suerte de convivir, aquella afirmación de Juan Carlos Geneyro es absolutamente cierta. Hoy lo constaté más que nunca. Después de un día de trabajo en el departamento decidí sentarme en un restaurante de la plaza Velez Sarsfield, de frente a la glorieta de Patio Olmos, uno de los sitios más concurridos de esta zona de la ciudad. Allí me atendió un mozo (mesero, diríamos nosotros) joven y rostro adusto. Su frialdad me sorprendió. La gente que trabaja en estos servicios siempre es amable. No fue el caso y  pensé: este es el tipo más duro. Pedí la cena y entonces me preguntó: ¿de dónde es? México, respondí. Su actitud, mágicamente, cambió. Esbozó una sonrisa. Molotov, afirmó. ¿Conoce Molotov? Claro. Tres veces he ido a verlo acá, me confesó. Y se soltó hablándome de Molotov, las canciones, sus integrantes y que alguna vez habló con uno de ellos.

Recordé a mi amigo y maestro, Geneyro, como le digo con afecto. Y descubrí, entonces, el dulce encanto de una palabra que dejó de ser extranjera en estas tierras: México. 

OTROS RETOS PARA LA REFORMA

El arranque de un proyecto de reforma, como el que se impone en México, tiene retos previsibles y otros impredecibles. Frente a lo que sucede con los maestros opositores decirlo es una obviedad. Las reformas tienen desafíos antes y durante su implantación, y el fin del conflicto actual, advierto, no está cerca, pero cuando suceda no habrán terminado los problemas para la SEP.

Juan Carlos Tedesco, ex ministro de educación en Argentina y experto de reconocimiento internacional, en su más reciente libro (“Educación y justicia social en América Latina”, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica/Universidad Nacional de San Martín, 2012), escribió un interesante capítulo dedicado al tema de las políticas de subjetividad, como un componente imprescindible para los cambios. Allí sugiere que hay  tres ámbitos desde los cuales se pueden desarrollar acciones para la movilización de los distintos actores del proceso pedagógico, lo que tendría que provocar la reforma: “(i) la capacidad para formular un proyecto, (ii) la capacidad para elaborar una narrativa acerca de la situación que se vive y acerca de las estrategias de acción que desarrolla cada actor, y (iii) la confianza para enfrentar los desafíos que presentan las situaciones de aprendizaje”.

Traslado la idea a la reciente reforma constitucional en nuestro país. A mi juicio, el gobierno presenta un déficit en los tres ámbitos referidos por Tedesco.

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