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De la perplejidad a la desolación

Es sabido que la estupidez y la irracionalidad de los seres humanos con frecuencia contradicen nuestra especie de “homo sapiens”.

Dos hechos recientes apuntan en esa línea; de distinta ralea, pero consecuencias funestas. Más conocida e indignante, la muerte de Ingrid, nunca mejor dicho, a manos de su marido. El crimen es una horrorosa constatación de los límites infinitos del odio, la pasión o la rabia, o todo junto, mezclada con alcohol.

Y el otro, en Zacatecas, el encarcelamiento de una mujer en un penal de hombres durante dos meses, con las esperadas consecuencias de una mujer sola en una manada de bestias hambrientas.

¿Cómo se explica a un niño que estos hechos ocurren en nuestra sociedad civilizada? ¿Cómo se pueden entender tales comportamientos? Unos, producto de la perversidad; los otros, de la incompetencia o la insensibilidad.

Ya decía el mejor científico del siglo XX que la estupidez era infinita. ¿Cómo dudarlo cuando leemos estas notas?

Ni #Borolas ni #Cacas

Me abstengo de sentarme a la mesa para comer rebanadas del pastel de los insultos que se lanzan a diario seguidores y críticos del presidente de la República. En principio, creo que la generalización es abusiva: en ambos bloques conviven diferentes grupos, como los inteligentes y razonables, los detractores por afición, los pagados, los que mascullan por rabias mal digeridas, por señalar algunos.

No celebro, de ninguna manera, el intercambio escatológico que se vive en estas horas en Twitter entre #Borolas y #Cacas.

Más allá de los memes desbordantes de ingenio lanzados al espacio de la batalla campal, no festino. En la burla y el escarnio se esconden sentimientos fratricidas que contradicen los principios democráticos de la tolerancia o el respeto activo.

No me formo en la fila de los angelicales, pero creo que algunas ideas siguen siendo indispensables para construir una sociedad mejor. El artículo tercero constitucional afirma, por ejemplo, que la educación, mi oficio, se basa en el “respeto irrestricto a la dignidad de las personas”. El desprecio o el insulto no circulan en esa dirección.

Si el espectáculo escatológico de estas horas no ayuda a la democracia como forma de vida, me guardo las risas y cierro Twitter. Eso no resolverá ningún problema, ni los míos, pero me ahorrará la constatación ingrata de lo mucho que nos falta pensar en construir y no en destrozar al enemigo con descalificaciones.

Mañana de aprendizajes

La mañana fue intensa, emotiva, de muchos aprendizajes. El escenario: la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Colima. Motivo: el inicio formal de los festejos por el 35 aniversario.

El nerviosismo de que no fallara la tecnología y las conexiones creció con la demora para la inauguración. Por fortuna, san Steve [Jobs] fue piadoso y nos regaló una sesión inmejorable. Pasada la apertura, nos reconectamos de inmediato a Brasil y empezó la conferencia de José Eustáquio Romão, colega y amigo de Paulo Freire, quien eligió como tema, los 50 años de la publicación de la obra más conocida del educador brasileño y universal: Pedagogía del oprimido.

Los poco más de treinta minutos fueron un paseo espléndido por detalles más o menos conocidos y otros absolutamente privados de Paulo Freire. El profesor Romão salpimentó su discurso con ingredientes de la más alta hechura: claridad (en su perfecto portuñol), erudición, sencillez, humor y profundidad. Cada uno en su justa proporción, con la sapiencia de los años y el carisma innato.

Sus respuestas a las preguntas de estudiantes y maestros fueron cátedra de escucha asertiva y reacción generosa. Una lección magistral, imborrable para mí.

Paulo Freire en la Universidad de Colima

Este lunes 10 de febrero inician los festejos por el 35 aniversario de la primera facultad de la Universidad de Colima: Pedagogía. El 13 de febrero está fechado el acuerdo que la estableció, firmado por el rector Jorge Humberto Silva Ochoa.

La celebración, en realidad, comenzó antes, pero durante la semana se concentran actividades que deben servirnos para lo más valioso en estos casos: júbilo y reflexión.

En estos 35 años Pedagogía dejó una huella en Colima y más allá, con sus egresados, que la tributan por su calidad profesional y actitudes, por sus productos académicos, la calidad de su investigación y profesores, o el aporte a la disciplina pedagógica; pero también, es ocasión inmejorable, u obligada, para la reflexión crítica sobre avances y desafíos, para enorgullecerse de sus logros y asumir retos sin esconderse en la autocomplacencia peligrosa y tan arraigada.

El Consejo Técnico de la Facultad aprobó que los festejos tengan por nombre el del más conocido e ilustre educador de América Latina, Paulo Freire, brasileño, nordestino de nacimiento y universal por su influencia.

Honrar a Paulo Freire distingue. El año próximo se festejará en el mundo el centenario de su natalicio, con un programa universal donde destaca el XII Encontro Internacional do Fórum Paulo Freire, en París. Entre nosotros, Paulo Freire es una presencia constante; para algunos, me cuento, aliento y esperanza.

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Velada eterna

Rendido por el insomnio se movía con desesperación entre las sábanas. Una hora, dos horas, tres horas. El tiempo pasaba rengueante. No supo en qué momento se le cayeron un instante los párpados y creyó que por fin escaparía del tormento de recordarla sin cesar, que abandonaría el tren con las mil imágenes amorosas que recordaba de quien no estaba más con él. Entonces, suspirando, pensó que por fin empezaba la noche reposada. Cerró los ojos. Era tarde. La maquinaria de aquel dolor no daba tregua. Ella vino veloz y alcanzó a penetrarlo, arrasando la débil fortaleza. Mientras él empezó a respirar suavemente, ella, maliciosamente cómoda se instaló en su cabeza o en sus sueños o en el proyector de las imágenes, tomó un trago de tequila y soltó la risa más vengativa que sonora, augurio de otra velada eterna.