Novedades

Momentos irrepetibles 3

El lunes por la mañana me quedé en la escuela de mis hijos. La fecha era especial. Con el fin del curso escolar Mariana Belén culmina la primaria; además, fue la última ceremonia cívica de los lunes, la última en que allí dirigirá la escolta.

Con el cielo todavía oscuro, mientras llegaba la hora de que salieron los niños a las canchas, la escolta y su instructor ensayaban; él repetía instrucciones, los seis niños lo escuchaban atentos. Mis ojos se clavaron en la figura delgada de Mariana y me perdí en un torbellino de imágenes, un viaje veloz al pasado, al primer momento en que la tuve en mis manos, con su ropita rosa, grande por su prematura condición. Recorrí su corta vida escolar, de los días iniciales en la estancia infantil de la Universidad de Colima a preescolar y primaria.

Este año escolar que termina, en particular, me pareció un suspiro. No me di cuenta de cómo se fue. Recordé, como si fuera antier, las dudas y temores que albergaba Mariana cuando fue designada capitana de la escolta. Tenía miedo y hablé con ella, minutos y días para convencerla de que sus temores tenían razones, pero que su capacidad era superior y debía disfrutar la experiencia. Tenía miedo a hacerlo mal, un sentimiento que puede paralizar, es verdad, pero que también es necesario para prepararse mejor y encarar los retos con firmeza.

Varias semanas estuve cada lunes en el colegio para acompañarla, ofrecerle un guiño y abrazarla a la conclusión de la ceremonia. Un día había que dejarla sola y casi nunca más volví. Es así la vida, creo. Hay que acompañar a los hijos, abrazarlos muy fuerte un tiempo, luego dejarlos y un día, como el andamio en el edificio en construcción, hacernos a un lado.

Leer más…

Fútbol y política

Desperté temprano, como habitualmente. Barajé tres opciones para comenzar la mañana: el partido Inglaterra-Panamá en el Mundial, leer o regresar al sueño. La primera idea se descartó sola. No me parecía un platillo como para perder el apetito futbolístico, aun sabiendo que los ingleses llegaron con un equipo sólido y estupendas individualidades, pero el representante de América está puesto para la merienda de cualquiera. Volver al sueño me apetecía, pero las probabilidades eran tan escasas como las de Argentina de clasificarse a la siguiente ronda en Rusia.

Elegí la lectura: Futbolistas de izquierdas, un libro escrito por Quique Peinado, periodista español, con una perspectiva que no había visto ni cerca: relatos de jugadores que se atrevieron a confesar públicamente preferencias políticas, en momentos en donde, incluso, estaba de por medio su vida y no solo la carrera profesional o el siguiente contrato.

Por las páginas, hasta donde avanzo, desfilan personajes solo conocidos por amantes de las estadísticas, la historia o dedicados laboralmente al fútbol.

Los progresos del fútbol son descomunales: en su vertiente empresarial, como el espectáculo más universal de las emociones, en la aplicación de la tecnología, en el entrenamiento de los atletas, en el diseño de estrategias, en los uniformes y balones, pero muy poquito en el territorio de la condición humana de los protagonistas, que siguen siendo considerados, en muchos lugares, como esclavos, condenados a ser vendidos o comprados de un equipo o empresa a otra, sin consentimiento e incluso contra su voluntad.

En la élite del deporte los súper futbolistas, bien pagados, están obligados a extenuantes sesiones de entrenamientos y dos o tres partidos de alta exigencia cada semana, con apenas vacaciones y tiempos libres.

Contra esa clase de condiciones se opusieron, en distintos momentos y circunstancias, futbolistas atrevidos, rebeldes, transgresores, que luego fueron castigados y los ejemplos son claros, como Maradona en el Mundial de los Estados Unidos, por denunciar de frente los malos manejos en la Federación que dirige el fútbol mundial, convertida en una entidad omnipresente, con sus propias leyes y membresía mayor que las Naciones Unidas.

Para quienes aman ese deporte, el libro será un paseo inédito y disfrutable; para quienes lo odian, si se atreven a tomarlo, el descubrimiento de que la inteligencia y la dignidad también son compatibles con el balón y los goles.

La negra noche de Messi en Rusia

La actual Rusia no es un territorio del que los reinos más imperiales salgan bien librados. Hitler no la pasó nada bien y jamás pudo conquistar Moscú como había ideado. En el fútbol, dicen que Cristiano Ronaldo recibió en la previa de un partido de la Champions League la noticia de la muerte de su padre. Hoy fue la noche negra de Lio Messi.

Lo de hoy en Nizni Nóvgorod fue una caída más en el viacrucis de la selección argentina de fútbol rumbo a la copa mundial de Rusia.

Las eliminatorias sudamericanas, los partidos preparatorios, sus directores técnicos y la plantilla de jugadores no auguraban pronóstico alegre, especialmente porque sus desempeños fueron deficientes y solo destellos de la genialidad del astro nacido en Rosario pudieron salvar una complicada clasificación.

Inciertos en los partidos, sin atinada dirección técnica, empezaron el Mundial empatando contra un cuadro islandés sin más argumentos que un corazón enorme y potencia física disciplinada. Ante un equipo mejor armado y con jugadores técnicamente sólidos, la albiceleste sucumbió de forma estrepitosa, mientras Messi paseaba impotencia.

El equipo con el mejor jugador del mundo, por lo menos para quien escribe, debe ordenarse en torno a él; no fue el caso. Agudo observador del fútbol, Jorge Valdano explica claro: en el Barcelona sus compañeros saben que el balón siempre tiene que ir a Messi; hoy, Messi no era siquiera mirado por muchos de sus compañeros, como si no jugara en ellos.

Sin Messi conectado y apoyado, solo con un contingente de centuriones de segunda categoría en la élite mundial del fútbol, a Argentina le restan 90 minutos para clasificarse, siempre y cuando otros marcadores no se confabulen.

Ojalá me equivoque: incluso salvando la primera ronda, el futuro de la dos veces campeona del mundo, la selección de Maradona y Messi, no parece largo ni brillante.

Uruguay: el paisito del fútbol, el mate y los amigos

Mañana juega Uruguay en Rusia. Aunque no tendré oportunidad de verlo en televisión, deseo que venza nuevamente, sin tanto sufrimiento como el viernes pasado contra Egipto.

Desde hace un tiempo las personas y cosas entrañables del paisito se me revuelven y me brincan, juguetonas, en cualquier cancha. Si leo a Eduardo Galeano se me antoja prepararme un mate y disfrutarlo como hace Luis Suárez antes de los partidos del Barça. Si escucho a Alfredo Zitarrosa las canciones me llevan por las calles de Montevideo. Si escucho al Pepe Mújica quiero volver a leer su biografía, o disfrutar a Mario Benedetti leyendo poemas con Daniel Viglietti. Si escucho a Galeano la imaginación me ubica sentado frente a él en el Café Brasilero, con su copa de tinto, observando la calle bulliciosa con mirada penetrante.

Cuando los pienso, ahora, me resulta imposible sentarme en la sala de la casa de Galeano, mientras conversan sonrientes, copas de por medio, con Serrat y Sabina.

Cuando veo un partido de la selección uruguaya de fútbol se me mezclan todos esos personajes, lugares, libros, bebidas y quiero, con vehemencia, que ganen de nuevo y se vayan colando de a poquito hasta los primeros, es decir, hasta los últimos en volver a casa, con el talento que les sobra y el enorme corazón con el que aplastaron a 200,000 en el Maracana y millones en el campeonato mundial de Brasil en 1950.

El día del padre en el minuto 91

En el minuto 91, cuando silba el árbitro, todo es más fácil de explicar en un partido de fútbol. En el minuto 91 todos somos expertos.

Solo con una dosis de ingenuidad y mucha esperanza en la belleza a veces enigmática del deporte podría apostarse a que México no saldría con la portería llena de goles frente a la poderosa Alemania. Era uno de esos ingenuos. Mi confianza no tenía huesos viejos. Fueron las últimas horas las que me hicieron pensar en un partido sin derrota. La victoria nacional era más impensable, pero un buen partido sin derrota cabía en mi pronóstico.

Anoche, mientras conversaba con mi querido amigo, Pedro Vives, fiel testigo, le conté mi confianza. Extrañado me miró y dijo: ¿por qué? Le expliqué con pocos argumentos e inusitada seguridad: porque Alemania no ha tenido buen desempeño en sus partidos más recientes, porque creo que los jugadores mexicanos tienen vergüenza después de los escándalos y querrán darle vuelta a la página tan bochornosa.

El resultado del Alemania-México ya está escrito. La historia del fútbol mexicano tiene una página memorable. Sobran las palabras.

Apenas escuchar el silbatazo, acompañado con el conteo regresivo, Juan Carlitos y yo nos fundimos en abrazo largo, acompañado de besos que me tiraron los lentes.

-¡Papá, tenemos que escribir del partido!

-No sé hijo, no sé de qué escribir. ¿Tienes una idea?

-Sí, papá, escribe de la experiencia, de haber visto un partido del Mundial juntos, mi primer mundial.

-¿Pero qué diremos? Dame ideas, estoy muy emocionado y no se me ocurre nada.

-No sé, papá, eso cuéntalo, cuenta que ha sido nuestro mejor día del padre.

Página 2 de 18712345...102030...Última »