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Diario de ruta 2

Esta mañana desperté más temprano de lo prudente, teniendo en cuenta que me aguarda un largo viaje, más por las horas que debo esperar para el vuelo a San Luis Potosí. Resignado tomé un libro nuevo y empecé a leerlo. Se llama P de profesor, de Jorge Larrosa y Karen Rechia. Avancé pocas páginas, pero quiero terminarlo pronto; creo que será muy provechoso.

No sé si todo mundo, pero suelo leer con interés la dedicatoria de los libros. La que escribe el doctor catalán, breve, me resultó sugerente; es para sus compañeros de departamento en la Universidad de Barcelona y concluye: “…que me han permitido ser profesor a mi manera”. Me gusta.

“Ser profesor a mi manera” se quedó dando vueltas en la cabeza. Especulo. Es la confesión de una persona que se siente privilegiada por desempeñarse en su oficio como le place, sin acatar los cartabones académicos que rigidizan relaciones y comportamientos. Es también un acto de presunción o un gesto de humildad, como se quiera interpretar.

A los colegas del trajín cotidiano es más habitual que se les agradezca por las revisiones hechas a los capítulos, por las reuniones y discusiones, por los trabajos conjuntos. Pero creo que es un acto de justeza: aunque en la vida académica uno viva encerrado en su cubículo, interactúe solo lo preciso y prefiera el ostracismo, el entorno universitario es clave para estimular el ánimo (o desánimo) indispensable en una profesión cada vez más regulada y condicionada, cada vez más estresante, y de distintas formas, cada día más necesaria.

Colima, Ciudad de México, San Luis Potosí

 

Diario de ruta

Mi semana será intensa, desafiante y privilegiada. Participaré en dos conferencias con profesores del Colegio de Bachilleres y planteles del subsistema de educación media superior a distancia en San Luis Potosí.

La sola invitación, luego la oportunidad de estar frente a varios cientos de profesores en la capital sanluisina y en Ciudad Valles son un privilegio que valoro enormemente. En principio, agradezco el gesto de los organizadores que deciden por uno, luego sufragan los gastos de traslado, hospedaje y demás, especialmente en un momento donde la austeridad se volvió pesadilla para las instituciones públicas.

Confianza, es la palabra que no podemos desechar. Pero más que con palabras, uno debe agradecerlo con su preparación, con la calidad de la conferencia o actividad para la cual es invitado y con el desempeño en el momento. He preparado una conferencia inédita, que no he trabajado antes, porque el tema que me propusieron es un reto: temores, tensiones, retos y esperanzas en la educación media superior actual.

Aunque en principio la amplitud me abrumó, luego, con la sedimentación de la angustia y la llave abierta hacia las ideas, agradecí también el pretexto formidable para pensar qué tenemos y qué ilusiones y fantasmas rondan ese complejo y vital subsistema educativo, el llamado coloquialmente “bachillerato”.

Fin de vacaciones

Vivo las últimas horas de vacaciones. Pasé tres semanas intensas de emociones, trabajo y resultados. ¡Sí, trabajo! Es imposible abstraerse de las tareas y compromisos, aunque la dinámica cambia notoriamente, lejos de la rutina del cubículo, de reuniones y esos afanes de la vida académica.

Me habría gustado pasar más tiempo leyendo, tirado tardes enteras, plácido, cómodo de ropa, sin prisa ni angustias, pero apenas lo conseguí. Eso sí que lo extraño. Tampoco pude caminar tantos kilómetros como me lo había propuesto. Nada qué agregar.

Estas vacaciones son un enésimo motivo para reconfirmar la necesidad del descanso cuando se trabaja en un territorio tan desgastante como el educativo, no solo porque la docencia es un oficio agotador física y mentalmente, en sus cargas emocionales, sino también, porque los alumnos requieren estos tiempos lejos de las clases para otras tareas.

En diez días volveré al aula de clases, con renovadas energías y retos mayores. Mientras, aprovecharé las horas que restan preparando los siguientes compromisos, en lo inmediato, un par de conferencias en San Luis Potosí la próxima semana. ¡Será un placer volver a esas tierras tan generosas conmigo en los años recientes!

Escritura terapéutica

En estas vacaciones reconfirmé lo que en otros momentos había experimentado: la escritura es una terapia poderosa y efectiva. No sé qué tan profundos son los males del alma que puede aliviar, pero sé que en condiciones de turbación espiritual, cuando las alegrías se esfuman, la actividad de leer, preámbulo obligado, y luego escribir, resultan disipadoras. Si la escritura es a mano, el ejercicio es más completo, porque se implica todo.

La mala noticia, para mí, por lo menos, es que cuando se aclara de nuevo el panorama, termina la fase productiva de la terapia y pongo punto final, casi siempre, involuntariamente. Pero entre vivir pegado a la pantalla, y respirando el viento fresco, entre inventarme sonrisas y encontrarme de frente al sol, la noche o la persona querida, no dudo.

Municipios omisos en educación

Leo en distintos portales que se anunció la creación del Consejo Municipal de Seguridad Integral en la capital de Colima, acatando lo dispuesto en la ley estatal en la materia, aprobada durante el sexenio pasado. Leí también dicha ley.

El nombre del consejo tiene su “punch” y sería muy bienvenido si no pareciera pirotecnia política, puntadas inocuas. El consejo colimense lo conforman: el propio alcalde, presidente; un regidor, como vicepresidente; la síndica, el director de seguridad pública, la directora general del DIF municipal y una madre de familia.

El Consejo, según se informó: “realizará acciones de manera coordinada con los diferentes órdenes de gobierno, instituciones y agrupaciones civiles, para trabajar en temas de seguridad de los menores, dentro y fuera de sus centros educativos”.

La cosa pareciera sensata si no tuviera varios hoyos enormes. Aclaro: la crítica no tiene foco en el municipio, pues ellos cumplen disposiciones. Vuelvo a los huecos. Por un lado, es un consejo que procurará contribuir a la seguridad dentro y fuera de los centros educativos, pero en el organismo no están los centros educativos, esto es, la Secretaría de Educación, ni siquiera la directora o director de educación y cultura (o como se llame la oficina) del municipio, y tampoco están los maestros ni los directores de las escuelas de la jurisdicción, representados de alguna manera.

Respecto a la autoridad educativa estatal, ¿con quién se va a coordinar el municipio? La Secretaría de Educación es responsable y autoridad. Por otro lado, Si la ausencia de la máxima autoridad del estado es inadmisible, la de directores de escuelas y maestros no tiene explicación ni sentido. No se puede pretender cuidar a los niños con un trabajo serio, efectivo, responsable y no meramente demagógico sin la comunidad escolar.

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