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Escuelas de tiempo completo

Esta mañana recibí la llamada de un canal de noticias para solicitarme una entrevista sobre las escuelas de tiempo completo. Mi agenda está repleta y la cordura en el límite extremo. Una tarea más y reventaré. Acepté porque el tema me importa y es momento de plantear con claridad las posiciones al respecto. Entre una, otra y otra tarea leí sobre el tema y emborroné ideas para compartir vía telefónica. La entrevista duró unos 15 minutos, hablé y hablé, con apenas tres o cuatro preguntas. No sé si fui suficientemente claro, en cualquier caso, pude afirmar que las escuelas de tiempo completo, con sus imperfecciones, son indispensables, que debemos defenderlas y pronunciarnos. No son perfectas: ¿cuál escuela lo es en México? Tienen defectos: sin duda. Son perfectibles: todas. No cumplen las reglas de operación: que les cumplan, que las evalúen, y si debemos cambiar las reglas de operación, no a contentillo, que se cambien y adapten a la realidad. Lo que necesitamos, son escuela ricas, de tiempo completo y diversas, relevantes en actividades. En materia educativa la austeridad no tiene cabida.

Los imposibles en educación

Antes de comenzar otra larga jornada de sábado dispongo los preparativos del desayuno cotidiano: un té de limón caliente caliente, una botella de agua tibia y media hora de lectura ajena a la tarea.

Elijo el libro Escribir, crear, contar, del Instituto Cervantes. Lo comencé hace unos días y avanzo de a poquito.

Estoy medio dormido, pero el clima es fresco y despabila. Arranco mi paseo por las páginas, mientras la noche empieza a morir y la mañana nace.

Los autores de la obra citan a Arthur C. Clarke, científico y escritor británico, conocido popularmente por su libro 2001: una odisea espacial. Me detengo ahí. El motivo es el avance científico.

Clarke habría escrito:

Cuando un anciano y distinguido científico afirma que algo es posible, es casi seguro que esté en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, muy probablemente está equivocado.

La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá, hacia lo imposible.

Repito porque vale la pena: la única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá, hacia lo imposible.

Hay más ideas, pero no sigo. Bebo el resto del té y sonrío. Miro al espacio inmenso sobre mi cabeza.

Eso, justamente eso es lo que nos permite la pandemia en la educación: para descubrir los límites de lo posible hay que desafiarlo. Hay que atreverse a innovar, a provocar respuestas distintas actuando diferente.

Albert Einstein afirmaba que pretender un resultado distinto haciendo lo mismo es una definición de la locura.

Eso es lo que las escuelas podrían intentar ahora en un contexto inédito, donde no existen soluciones acabadas, a veces ni siquiera incompletas, porque la pandemia arrebató las respuestas y las preguntas.

Hay que intentarlo, nadie morirá en esa aventura, o correr el riesgo de perpetuarse como viejos cadáveres putrefactos que se entierran a sí mismos y a lo más valioso de la sociedad.

El vacilón de la pandemia en Colima

Intento guardar la compostura pero me cuesta no desquiciarme. Un día leo que Colima está en rojo en el semáforo epidemiológico nacional; las noticias me alarman, porque las muertes se suman inclementes, como los infectados. Pocas horas antes, o después, se reabre el parque de La Campana para corredores y paseantes. Cuando la Secretaría de Salud del Gobierno del Estado advierte que la mortandad nos amenaza porque seguimos de irresponsables, la presidencia municipal de la capital informa que ya se abrirán teatros, cines y demás.

En Manzanillo, foco de la pandemia, siguen sumándose muertos e infectados, pero ya decidieron que en 48 horas abrirán comercios y servicios turísticos.

¿Entonces? ¿Cuál es el mensaje que debemos atender? ¿El semáforo nacional que nos coloca en situación de máximo peligro, el estatal que nos pide confinamiento y precauciones extremas o el programa municipal del alcalde en campaña?

¿Es mucho pedirle un poco de cordura a los protagonistas de la vida política que toman decisiones sobre la ciudadanía colimense? Parece que sí, que vamos a seguirle con este vacilón.

Placeres insospechados

Dos años colaboré con una opinión quincenal para la antigua Radio Levy, la RL con la que amanecía en mi infancia pueblerina. La experiencia fue siempre grata. Me gustaba acudir a la estación a grabar en sus cabinas; luego, la tecnología facilitó y enviaba el audio desde mi teléfono. 50 pequeños textos se hospedan en mi página web, testigos de aquel periodo.

Varios años después, es decir, hace algunos meses, Fernando Castillo, de Zer Informativo Colima, me invitó a incorporarme a su grupo de opinadores. Acepté de inmediato, por una sempiterna facilidad de decir que sí a casi todas las invitaciones. Desde las primeras horas empezaron a bullir algunas ideas de lo que podría y quería intentar.

Ayer escribí la opinión número siete y conforme pasan las semanas se me va volviendo una actividad más grata y desafiante. Encontré una veta insospechada, un placer que me hacía falta: buscar las palabras que suenen mejor a los oídos que a los ojos. Es como armar el rompecabezas de una obra de arte, que a cada pieza va descubriendo y desafiando.

¡Cuando dije , nunca supe que disfrutaría y aprendería tanto!

El periodo intersemestral

Como casi todo en tiempos de pandemia, el periodo entre ciclos escolares será diferente. Habrá que descansar, por supuesto. Entre las maestras y profesores habrá que olvidarse por unas semanas de los programas, materias, libros, tareas o asesorías; pero también, mucho más, de las exigencias burocráticas a veces incomprensibles, de las prisas, del valor desmesurado que siempre se le concede a las formas y tiempos, de los consejos técnicos y reuniones, del whatsapp laboral. Todo eso es bienvenido.

Es momento de parar la máquina, pero no de descuidarse, no en la salud física ni emocional, pues la docencia es una profesión de alta exigencia. Quien lo dude, cuando sea posible, métase a un salón de clases durante cuatro o cinco horas para lograr que uno o varios grupos repletos de niños o jóvenes trabajen con la disciplina requerida. Durante el periodo de “Aprender en casa”, muchas mamás y papás se dieron cuenta.

Descansar es la primera actividad, la más próxima, pero luego la vuelta al trabajo colegiado y preparatorio será distinta. La primera gran exigencia, para que ese trabajo tenga sentido, no es empezar a llenar formatos o cumplir prescripciones; si empezamos así, parto complicado nos aguarda.

La exigencia principal es la evaluación de las actividades que realizamos para la continuación de los ciclos escolares: ¿qué sucedió?, ¿qué aprendimos?, ¿qué aprendieron los estudiantes en casa?, ¿qué funcionó en las estrategias?, ¿qué debemos afinar, modificar, eliminar?

Las decisiones oficiales se moverán todavía, pero es difícil suponer que el siguiente ciclo escolar será como todos, que llegaremos al primer día como si todo hubiera sido una pesadilla larga. Casi nada induce a esa ilusión: el retorno será gradual, con periodos de estudio en casa.

El periodo intersemestral entraña obligación y posibilidad. La primera exige evaluaciones serias, sin autocomplacencias; la segunda desafía nuestra capacidad de proyecto, nuestra imaginación, la de las autoridades (federales y estatales), sobre todo, en el ámbito donde ocurren los cambios: en las escuelas. Ahí serán los colectivos de maestras y profesores donde daremos un paso adelante o estancaremos nuestra profesión y las posibilidades de los estudiantes.