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Mi curso de francés

Ayer presenté la tercera evaluación de mi curso de francés, nivel 1, en la Facultad de Lenguas Extranjeras. No sé el resultado, obvio, pero gané muchos aprendizajes.

La experiencia resultó gratificante por todos los ángulos. Cumplí un objetivo trazado a principios del año, cuando programé actividades generales; además, fue especial porque tuve como compañeros (de cursos y niveles distintos) a mis hijos, así que hicimos de los sábados un paseo por el campus.

La expectativa se cumplió por lo que toca al curso. Néstor, el joven profesor, fue un estupendo conductor, amable, comprensivo y ágil; los compañeros, discretos y respetuosos siempre, quizá inhibidos por la presencia de un adulto, el único del curso. Esa situación tan contrastante fue una de las circunstancias que estuvo a punto de hacerme abortar el proyecto, pues las dos primeras clases me resultaron un ejercicio tortuoso de acoplamiento a muchachos incluso más jóvenes que los estudiantes con que trabajo en Pedagogía. Probablemente de no haber estado mis hijos habría decidido buscar otro momento, pero aguanté. No sé cuánto pude haber influido en la dinámica y el comportamiento grupal, por las diferencias cronológicas, pero siempre estuve atrás.

El siguiente semestre, salvo razón extraordinaria, volveré a inscribirme. Espero encontrar más tiempo para dedicarme y obtener una preparación mejor que ahora. ¡Desde ya, es propósito!

Acoso en las universidades

El año cierra candente alrededor de las universidades. Pasado el mal trago del presupuesto aprobado para 2020, agobiadas las universidades por sus restricciones, en 2019 enfrentaron un fantasma que creció silente, que cuando apareció se minimizó, pero luego, ante una protesta mundial en otros ámbitos, se deslizó a los campus universitarios hasta cobrar una presencia amenazante a las conductas autoritarias no solo de hombres, hay que decirlo sin cortapisas.

La revisión de prensa antes de 2019 revela denuncias legales y públicas por acoso en universidades, pero su crecimiento fue exponencial este año. Según “Infobae”, citando datos de “Milenio”, en 2019 se presentaron 364 quejas “por acoso y hostigamiento sexual” en 20 escuelas mexicanas, encabezando la deshonrosa tabla la vecina Universidad de Guadalajara. El resultado global: un alumno expulsado y 24 profesores destituidos. Otros datos de Infobae señalan que de junio 2018 a junio 2019 se levantaron 463 quejas ante el subsistema jurídico en la UNAM.

En el centro estuvieron la UNAM, las universidades Autónoma de Baja California, Autónoma de Chiapas y más recientemente de Guanajuato, donde se obligó al rector y al gobernador a pedir perdón por las omisiones frente al acoso y homicidios.

Los casos más recientes en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), expusieron otros ángulos del problema, por el dramático suicidio de estudiantes en un corto lapso. El artículo de Carlos Alejandro Noyolo, “Culpo al ITAM”, es una durísima denuncia pública que tendrá consecuencias.

Por otro lado, Reporte Índigo recoge el tema y advierte que en 2020 podría extenderse el movimiento contra la “inseguridad y la violencia de género”, incluso, más allá de las aulas. Así escriben las primeras palabras de su dossier: “El 2019 pasará a la historia como el año en el que las y los universitarios de todo el país alzaron la voz en contra de la inseguridad y la violencia de género que viven en los planteles.”

¿2019 será el parto de una nueva época universitaria en el ejercicio de la autoridad y el poder?

Informe de labores en la UdeC

Este domingo el rector de la Universidad, José Eduardo Hernández Nava, presentó ante el Consejo Universitario su penúltimo informe de labores. Llega el momento de los balances del periodo rectoral, no solo del año, pues el tiempo de apremiar proyectos y avanzar logros lo impone.

Es hora de los exámenes, de revisar datos e indicadores, para dar cuenta del trabajo hecho (y los pendientes) por una comunidad que se transformó durante el periodo rectoral, como resultado de las propias transformaciones internas y un entorno inédito.

Las universidades son sitios vitales de la sociedad, y nos lo recuerdan con sapiencia y frecuencia los testimonios de la razón comprometida más allá de su sombra o la tarjeta de crédito.

António Nóvoa, ex rector de la universidad más importante de Portugal, ha dicho: las universidades no tienen permiso de fallar, porque son un reducto de la esperanza. Don Carlos de la Isla, extraordinario ejemplo de profesor del ITAM, vehemente, escribió: las universidades tienen que seguir siendo un faro en momentos de perplejidad e incertidumbre.

Días de colores

Si los días de nuestras vidas se pintaran de colores, el paisaje resultante luego de un mes o años sería tan multicolor como las colchas que las madres tejían en mi pueblo con pedazos de las telas que iban dejando las prendas que cosían para las mujeres. Habría días grises, verdes, azules, rosados, blancos y negros. Hoy, por ejemplo, en mi almanaque vital, sería un día negro, o tal vez, el Día Negro.

Estación Mérida 2

El único problema de visitar Mérida es regresar pronto, sin alcanzar todos los propósitos culinarios o visuales propuestos; menos, cuando la agenda de trabajo se resiste a quedar en el cuarto de hotel, o antes, en el cubículo de la Universidad.

La estancia de ahora fue la más ajetreada, por las dos actividades que debía cumplir en la Universidad y las tareas que traje conmigo. Regreso con casi todas las metas laborales cubiertas; falta preparar el examen de francés, recuperar algunas de las horas perdidas de madrugada y estabilizar el organismo después del festival de sabores.

La siguiente será la última semana laboral. Vendrá un periodo de reposo y reflexión. Creo que nunca esperé tanto, con ansiosa desesperación, que sonaran los villancicos para arrullarme y despertar el año próximo.

Diario de viaje. Estación Mérida

Segundo amanecer en Mérida, segunda desmañada. Segunda y última jornada de trabajo en la Universidad, la UADY.

Ayer comenzó el Coloquio Institucional de Educación Media Superior y ese motivo aligera la pesadez de dormir pocas horas, con agenda recargada de tareas varias. Estar aquí, como en otras ciudades donde tengo la fortuna de ser invitado, es un privilegio; por la belleza de la ciudad, la hospitalidad universitaria y el encuentro con buenos amigos o el descubrimiento de nuevos colegas a los cuales aprenderles.

Entre la preparación de mis compromisos aquí, tiempo para comer rico y pasear en las calles maravillosas del centro o entre los paradisiacos jardines de una antigua hacienda, he podido dedicarme a terminar la escritura y revisión de un nuevo libro, repaso de mi vida en el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.

En las dos noches previas y sus madrugadas pude completar la versión que ya envié puntual a la editorial como acordamos. Sueño con tenerlo pronto en la pantalla para comenzar las revisiones de lo que será un libro electrónico, y más aún, con poderlo compartir con colegas y amigos interesado en conocerlo. No escribí la historia del Instituto, no es mi oficio, solo la mía ahí, cómo la viví.

Por estas cosas que dejé en los párrafos previos es un privilegio feliz despertar al nuevo día en una ciudad así, y lanzarse a la regadera antes de que se haga tarde y empiece mal el taller en la Universidad.

¡Buenos días!