Novedades

Por fin… Cuando enseñamos y aprendimos en casa

La fecha elegida por la Secretaría de Educación para presentar nuestro libro colectivo no podía ser mejor: el Día Mundial de los Docentes.

Dos fueron los actos en que lo pudimos compartir: a las 12 horas, en una sesión con jefes de sector y supervisores escolares, y la grata compañía en los comentarios de Manuel Gil Antón, una de las opiniones públicas más estimadas en el campo educativo mexicano.

Por la tarde, con la hospitalidad de Educación Futura, portal de periodismo educativo, tuvimos los comentarios de Arcelia Martínez Bordón, académica de la Universidad Iberoamericana, y Mauro Jarquín, columnista de La Jornada.

Si las expectativas que teníamos eran altas, la calidad y calidez de nuestros invitados las sobrepasaron.

El trabajo académico, de investigación y escritura es silencioso, demandante; exige disciplina y constancia, ya se sabe. Hay que pasar meses laborando en el campo del estudio o encerrado frente a la pantalla, con montones de notas y dudas, con preguntas e ilusiones. Así, hasta que un día tenemos la dicha de presentar el resultado y ser recibido con palabras generosas o agrias. Entonces, decimos que vale la pena y reanudamos el paso mirando hacia adelante, siempre adelante.

Primeras lecturas dominicales

Este domingo desperté como un día normal de labores en confinamiento. Se me escapó el sueño y ni intenté perseguirlo. Leer, fue el verbo que alivió la congoja. Empecé leyendo algunas páginas de 1001 curiosidades, palabras y expresiones del libro, de la Fundación del Español Urgente. Texto de aprendizajes lúdicos de la lengua que disfruto de a poquito. Algunas cosas que cuenta las conozco o intuyo, la gran mayoría no, así que me resulta un maestro de compañía silenciosa pero efectiva.

Evadí continuar por ahora conociendo la historia de Leonard Cohen y empecé una biografía a la que tenía muchas ganas hace tiempo: Balzac. La novela de una vida, de Stefan Zweig, para muchos críticos, la obra maestra del autor.

Las primeras cuarenta páginas me atrapan, aunque pinten los terribles años de infancia del autor de la Comedia humana, provocados por un desencanto familiar inexplicable y el desdén de la madre malvada, dicho por el propio Honoré de Balzac. Sus pasajes describiendo aquellos años que pasó más en internados lejos de casa, son estremecedoras confesiones del hombre que habría de escribir una obra deslumbrante con la exuberancia de su imaginación, que nunca fue ni un poco atisbada por sus maestros castigadores, para quienes era un perezoso distraído, opinión próxima a la materna.

Pasaré muchas horas felices en la lectura. Por ahora, la mañana es de trabajo intenso.

 

¡Están todos bien!

El título de la película protagonizada por Marcello Mastroianni, Stanno tutti bene (1990), me da vueltas por la cabeza este día. El motivo puede parecer egoísta, y tal vez lo sea, pero también es de alegrías colectivas.

Hoy a mediodía lanzamos nuestro libro Cuando enseñamos y aprendimos en casa. La pandemia en las escuelas de Colima, editado por Editorial y Fundación Cultural Puertabierta con el Gobierno estatal de Colima.

Tres horas después de publicado el link para descargar la obra a través de la página en Facebook de Editorial Puertabierta ya tenía más de 3 000 visitas. Si bien esperaba una acogida generosa, creo que el comienza es prometedor para los fines que alientan la obra: compartir la experiencia de 17 profesoras y profesores (una estudiante, entre ellos) sobre las formas en que se vivió la pandemia en escuelas de distintos niveles y municipios de Colima.

Me encanta pensar que el nuestro podría ser uno de los libros hechos en Colima, por colimenses, más presente en las bibliotecas virtuales. Más leídos también, claro.

Hasta aquí, ya está recompensado con creces el esfuerzo colectivo.

Primer día de clases

Hoy tuve la primera clase de este ciclo escolar insólito e incierto. Mis días de trabajo con los estudiantes son martes y jueves. El jueves tendremos los encuentros para abrir temas, presentar proyectos y tareas, intercambiar opiniones; los martes, trabajo más personalizado, dentro de lo que una pantalla permite.

Excepto por los delirios burocráticos que me provocan agruras, por fortuna pocos (y pocas agruras), disfruto la docencia con casi todas sus implicaciones, en especial, el momento del cara a cara.

No elegimos la circunstancia ni las formas, pero estamos ahí y debemos ofrecer el mejor de los esfuerzos posibles para que los estudiantes, futuros egresados en un año, culminen su proceso formativo con buenos aprendizajes y sin las amarguras de estos tiempos complicados y peligrosos.

Ojalá así sea.

Nos sobran razones

Nos sobran razones para la preocupación y nos faltan otras cuantas para alguna certidumbre dentro de la perplejidad reinante.

El aval de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, para avanzar en la eliminación de más de cien fideicomisos, afectando áreas sensibles para el desarrollo del país, es inexplicable por la manera como ocurre y sus previsibles efectos.

Con el argumento de combatir la corrupción y ayudar a contener la pandemia, no se plantean alternativas para impulsar ámbitos como la cultura, el deporte o la ciencia y la tecnología, entre otros.

No se puede estar en contra del combate a la corrupción. Pero sería indispensable que el gobierno ofreciera las pruebas contundentes de las fechorías y que los responsables enfrentaran las consecuencias, sin linchamientos públicos oficiales y con juicios justos. Evidencias y no sólo consignas deben sustentar las políticas públicas.

Tampoco podemos oponernos a la inyección de recursos para la pandemia, pero un poco de más claridad y transparencia nos ayudaría, como estar infectados un poco menos del virus de la obediencia ciega.

Lo insensato, además, es que dichos argumentos nobles se pretendan a costa de suprimir apoyos a la ciencia, la tecnología o la cultura, por citar las áreas cercanas a mi campo profesional. Donde hubo corrupción, que se corrija y se limpie, o se propongan esquemas superiores.
La semana pasada el debate educativo nacional se concentró en los recortes proyectados para 2021 en programas que uno supondría estratégicos para el sistema educativo, como la formación de los nuevos maestros y la actualización de los que ya laboran, o el programa Escuelas de Tiempo Completo.

Los anuncios de esta semana ensombrecen más las perspectivas.

¿Qué país desarrollado en el mundo logró construirse sin las bases de una buena educación, una ciencia y tecnología de excelencia, cercanas a los problemas de la realidad y sustentadas en la rigurosidad científica?

¿Qué país puede volar sin las alas de la educación, la ciencia y la cultura?

Ahora empiezan a recorrerse las rutas trazadas en el presupuesto federal del próximo año y las decisiones parecen tomadas lejos del Congreso de la Unión.

Decía y repito: nos sobran razones para la preocupación y las dudas, nos faltan certezas, algunas, por lo menos, para el optimismo.