Novedades

Variaciones sobre el tema

La semana pasada el director general del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, INEA, Juan de Dios Castro Muñoz, actualizó las cifras sobre el rezago educativo en el país. Como era de esperarse, los avances en la materia son insuficientes: 40 por ciento de los mexicanos (y principalmente mexicanas) no han hecho efectivo lo que constitucionalmente es un derecho.

Reconoció, según la nota de Notimex, que por primera vez en la historia disminuyó el número absoluto de mexicanos en esa condición. También precisó datos: 5.3 millones de analfabetas, 10 millones sin primaria y 16 millones sin secundaria. Si los datos son escandalosos, se trata solo de una aproximación a la realidad, pues no incluyen los millones de mexicanos menores de 15 años que tampoco tienen primaria o secundaria terminadas, o que viven en el analfabetismo. A ellos habría que sumar más de un millón que cada año son expulsados de la secundaria y del bachillerato; esto es, que el número de personas excluidas de la escuela es mayor a la población de muchos países del mundo. ¡Más grande que la propia matrícula en el sistema educativo nacional!

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¿Secretaría de Educación Superior?

El fin de semana en Campeche se celebró una reunión del Consejo de Universidades Públicas e Instituciones Afines, de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES). Distintos asuntos aparecían en la agenda, entre otros, el análisis del documento Inclusión con responsabilidad social. Una nueva generación de políticas de educación superior, que entregarán los rectores en mayo a los candidatos presidenciales. Desconozco los acuerdos adoptados en la asamblea, aunque en los días previos ya se preveía que dicho documento podría sufrir modificaciones “no significativas”. De las versiones preliminares pueden expresarse algunos comentarios.

Dos aspectos destacan, a mi juicio: la propuesta para la creación de una secretaría de estado, tentativamente denominada Secretaría de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, y ligado a ello, la modificación del artículo tercero de la Constitución Política para reconocer el carácter “estratégico” de la enseñanza superior. Acorde con tales modificaciones, la reforma del artículo 25 de la Ley General de Educación, con la cual se destinaría cuando menos el uno por ciento del PIB a las instituciones públicas de educación superior. En el mismo renglón del financiamiento, se insiste en los presupuestos plurianuales y la corresponsabilidad de los gobiernos federal y estatales, de tal suerte que se garantice la suficiencia presupuestal, sometida a los controles de transparencia precisos.

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Los bancos y la cultura

Este fin de semana, en el inicio de la reunión anual del Banco Interamericano de Desarrollo, un tema aparentemente inofensivo ocupó el primer plano: la cultura. La noticia obliga a un comentario, así sea brevísimo.

No es usual que esos temas formen parte de la agenda de los grandes organismos financieros que controlan el mundo (el mundo de las finanzas y el mundo de las personas), pero ocurre. En la década de los noventa quienes se dedicaban a tema educativos debieron fijar la atención en las preocupaciones del Banco Mundial por los sistemas escolares. Se advertía ya que su presencia sería avasallante, como hoy lo es, a través de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico o el propio Banco Mundial. ¡Algo semejante podría estar cocinándose con la cultura!

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Mis lecturas

La experiencia lectora de cada uno es singular e intransferible. Es una perogrullada, reconozco. Pasada la escuela obligatoria leemos lo que deseamos, eludimos ciertos materiales y autores, la hacemos como nos place, la sufrimos o gozamos. Como aquella canción de Serrat: cada uno es como es, cada quien es cada cual. En la vida y en la lectura.

Me gusta leer textos a los estudiantes de pedagogía que asisten a los cursos que imparto; trozos breves, en forma ocasional, escogidos para provocar alguna reflexión y despertar inquietudes, para reforzar intereses, o sin intención, si es que ello existe. Por sus comentarios, tiempo después, sin calificación de por medio, creo que con algunos estudiantes cumplo el objetivo.

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Discursos y realidades

Hay dos maneras de aumentar la población estudiantil. Una, la común, es la que todos suelen pensar –los que piensan en ello, por supuesto-: que más estudiantes de nuevo ingreso se incorporen a los sistemas, niveles o instituciones educativas. En el caso de México, como en otros países, es imperativo hacerlo, promoviendo opciones y más instituciones educativas, pero también con becas y otros apoyos. Hacerlo es un acto de justicia social, especialmente porque el acceso a la escuela, sobre todo a la media superior y superior, está condicionado por el estatus socioeconómico de la familia. Las estadísticas y elaboraciones sociológicas son reveladoras.

Siendo indispensable que se incremente la matrícula con la llegada de nuevos estudiantes, y que se profundice dicha vía, hay una segunda, descuidada y más complicada: que quienes ingresen no salgan por expulsión o deserción tempranas, derivadas de distintas causas. Sobre esta estrategia hay pocas experiencias gratificantes, por lo menos en México. Ello ha dado pie a muchas estrategias que todavía han sido insuficientes, como los programas de becas o los de tutorías, probablemente porque no han ido a la causa sino a los síntomas.

No aumentar la matrícula por la vía de la retención de estudiantes, equivale a la pretensión de llenar un balde de agua sin reparar un agujero en el fondo del recipiente, que en mayor o menor medida evitará que se cumpla el propósito. No es el mejor símil, pero el hoyo ilustra, en un caso elemental, lo que en la escuela aparece como normal.

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