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Tres cositas nomás

Después de pasado el reciente proceso electoral en la Universidad de Colima, vengo a decirles tres cositas nomás:

1. Estoy conmovido. Doblado en algunos momentos por la emoción. Las muestras de afecto, solidaridad, cariño, los rezos; los hombros para reposar son más de los que pude imaginar. También hay otros, con sentimientos un poquito fuertes y más, que prefiero no escribir. Hay tanta generosidad en sus mensajes por teléfono, directos aquí, en Twitter, llamadas por teléfono, personalmente, que apenas me lo creo. (Algo habré hecho bien, supongo). GRACIAS, se los digo en voz alta, mientras el tiempo me alcanza para escribírselos y decírselos personalmente, que no serán poca horas.

2. Triste no estoy, tampoco frustrado, menos resentido. La vida es justa, y si no, cada uno tiene la tarea de acomodar los muebles en el alma para que la casa no se desborde. Estoy tranquilo y en orden, emprendiendo mi viaje a Ítaca. Como dice mi maestro Eduardo Galeano: yo no creo que valga la pena vivir para ganar, vale la pena vivir para hacer lo que la conciencia te dicte.

3. Vamos a seguir trabajando, en lo que me gusta, en mi pasión. Voy a seguir en la Universidad de Colima, por supuesto.

Un abrazo fraterno

Semblanza personal

Este mediodía presenté mi solicitud como aspirante al cargo de rector en la Universidad de Colima. Con el único propósito de difundir algunas de las acciones más relevantes, les comparto esta semblanza. Pasado el proceso de sucesión, prometo, lo quitaré de este personal Cuaderno.

 

Licenciado en educación superior por la Universidad de Colima y doctor en pedagogía por la UNAM, graduado con mención honorífica (2009).

En la Universidad de Colima fue director de la Facultad de Pedagogía (1993-1997), Secretario técnico de la Coordinación General de Docencia (1997), Director General de Educación Media Superior (1997-2005), Director General de Educación Superior (2005-2009), Coordinador General de Docencia entre 2009 y 2011, y actualmente Secretario Académico.

De 1997 a 2004 participó como Secretario Técnico de la Comisión Estatal para la Planeación y Programación de la Educación Media Superior en el Estado de Colima, así como asesor de la Dirección General del Bachillerato de la SEP entre 2001 y 2005.

Fue nombrado secretario técnico de la Red Nacional del Nivel Medio Superior Universitario de la ANUIES (2001-2005). De 2007 a 2011 fue Coordinador de la región centro occidente de la Comisión Nacional de Innovación Curricular de la misma Asociación.

Es miembro de la corresponsalía Colima del Seminario de Cultura Mexicana y de la Red Iberoamericana de Investigadores en Políticas Educativas. Recientemente se integró como colaborador del equipo de investigación  “Competencias educativas e innovación”, de la Universidad Pontificia de Salamanca, España.

Como profesor en la Facultad de Pedagogía desempeña su labor cada semestre,  formando a los jóvenes estudiantes en licenciatura y maestría. Recientemente obtuvo perfil PROMEP, logro que alcanzó por su nivel competitivo en la Universidad de Colima.

Invitado como conferencista en más de 30 universidades e instituciones educativas locales y nacionales: eventos estatales de educación media superior, congresos nacionales de tutoría, coloquios y foros de educación superior. Entre las universidades que lo han invitado, destacan, la UNAM, el IPN, la UdeG, UANL, UADY, UAN, UABC, UAEM, UAEMex, UAG, UACM y la UAS.

Además ha participado como organizador de eventos académicos en conjunto con la Universidad de Guadalajara y la UNAM, así como en la gestión para que reconocidos expertos en el tema educativo se acerquen a la Universidad de Colima para establecer diálogos y compartir reflexiones, como Fernando Savater, Carlos Rodrigues Brandão, Óscar Jara, Amador Guarro, Manuel Álvarez, Rosa María Torres, Andrés Oppenheimer, Juan Miguel Batalloso, Pep Aparicio, Eustaquio Romao, Mabel Bellochio, Luis Porter, Ángel Díaz Barriga, Pablo Latapí y Alicia de Alba.

Ha participado como autor del capítulo Educación, escuela y valores, del libro “Juventud, salud sexual y comunicación” (2009); coautor del “Modelo curricular para la educación superior” (2008); coordinador de los libros “Presente y futuro del bachillerato” (2007), “Paulo Freire: Praxis de la utopía y la esperanza” (2007); coordinador del proyecto editorial en “La educación para una sociedad democrática” de Fernando Savater (2011), “Pensar en la universidad de cara al siglo XXI” de Ángel Díaz Barriga (2011) y “Una buena educación. Reflexiones sobre la calidad” de Pablo Latapí (2008).

Su libro más reciente se titula “Figuras y paisajes de la educación” (2011).

Además de conjugar sus labores de funcionario y profesor de tiempo completo, es columnista en distintos medios y agencias informativas locales y nacionales, donde ofrece una opinión a la sociedad sobre la situación educativa en México y el mundo.

 

Discurso en la presentación de solicitud como rector de la UdeC

Deseo expresar mi reconocimiento y respeto, afecto también, para los compañeros universitarios que presentaron o presentarán solicitud para contender por el máximo cargo en la Universidad. Estoy seguro que la institución saldrá fortalecida de este proceso y que el primero de febrero iniciaremos otra etapa luminosa para la Universidad, para Colima y la educación superior mexicana.

En especial, agradezco emocionadamente a las personas que abrieron un espacio en sus agendas para venir a acompañarme en este momento tan importante en mi vida profesional y humana: el registro como aspirante a la rectoría de nuestra casa de estudios, de donde orgullosamente egresé como licenciado en educación superior hace 23 años y a la que, desde entonces, he servido incondicionalmente como profesor investigador y funcionario.

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La vocación de las universidades

Un grupo de rectores de prestigiadas universidades europeas se reunió en Bolonia hace 24 años (septiembre de 1988), en “ocasión del IX Centenario de la más antigua de ellas, cuatro años antes de la supresión definitiva de las fronteras intracomunitarias y ante la perspectiva de una colaboración más amplia entre todos los pueblos europeos”, para reafirmar el protagonismo de las universidades frente a una sociedad en transformación. Allí suscribieron un documento que, a pesar de los años transcurridos, conserva notable vigencia en nuestro contexto: Magna Charta Universitatum. Por la vigencia y contundencia de sus declaraciones, enseguida comparto su contenido más sustancial.

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Punto y seguido

Unos me ponen en esa fila, los otros en aquella. Es curioso este vaivén que ha de obedecer, supongo, a distintas motivaciones: un abanico que cubre de la ignorancia a la perversidad, pasando por los defectos personales. Es cierto, lo reconozco: curioso no es la palabra precisa, pero es la que ahora me viene a la cabeza para no ser políticamente tan incorrecto. A pesar de que me coloquen en uno u otro lado del tablero la verdad es que no me moví un centímetro. Con el paso de los años cambiar es inevitable, porque tenemos derecho a cambiar, a intentar ser mejores o peores. Pero en lo sustancial sigo creyendo mucho más (perdonen si la expresión no suena elegante) que hace dos décadas en el poder transformador de la educación, en la esperanza de su realización y en la necesidad ontológica del sueño. Lo dijo Fernando Savater en el Teatro de la Universidad de Colima y tuve la fortuna de escucharlo y leerlo hasta guardarlo en la memoria del corazón: la educación es el antídoto contra la fatalidad. Ese pensamiento podría suscribirlo Paulo Freire, para quien la pedagogía era una apuesta por la vida y por el ser humano. Creo en esa pedagogía y en esa convicción tan simple de expresar como profunda. Pese a estos pesares, aquí estuve y sigo, en esa esperanza y misión, nunca a la sombra de estos o aquellos intereses inconfesables (en realidad, claritos y redituables), sí al amparo de los enormes maestros que me siguen inspirando, cuyos nombres son legado y testimonio, como Paulo Freire o Pablo Latapí, por citar dos nada más. Aquí sigo inamovible. Con esas convicciones y la franqueza a cuestas, convencido, como lo reafirmo cada día, de que debemos recuperar los nombres de las cosas (Joaquín Sabina dixit) para llamar pan al pan, vino al vino; para llamar ladrón al que roba, asesino al que mata y mentiroso al que miente, aunque se disfrace de honorable. Aquí sigo y aquí seguiré. Punto y seguido.