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Dibujitos y letras con Juan Carlos

El ocio es bipolar; también, polisexual: es padre del aburrimiento y madre de la creatividad. ¿Qué haríamos en muchos momentos sin el ingenio abundante de los memes, sin tantas y tantas bobadas que en momentos provocan dolores de estómago por el exceso de risas?

Urbi et orbi: ¡bendito sea el humor!

Yo no puedo decir que en cuarentena estoy de ocioso, porque el ocio me aburre y tenemos trabajo en la Universidad pero, por supuesto, también encuentro ratos de diversión.

Propuse hace días a Juan Carlitos que jugáramos con las letras y obtuviéramos un producto de equipo. Nos basamos en el libro Cuentos para niños que se atreven a ser diferentes, de Ben Brooks. Comenzamos antier: leímos juntos la breve historia de un personaje, enseguida, yo escribí algunas líneas y él le puso rostro.

Aquí va el segundo personaje de nuestra serie, convertido en adivinanza: primero pasó 27 años en la cárcel, luego fue presidente de su país, símbolo de la lucha contra el apartheid y por la dignidad humana. ¿Quién es?

 

 

Recuerdos de mamá

Hoy he recordado a mi madre. Para ser preciso, a mi madre en una etapa de nuestra vida juvenil, en una actividad doméstica que realizó durante varios años, primero conmigo, luego con mis hermanas. Siempre con diligencia, sin queja, sin reproches, con lo mejor que podía darnos.

El recuerdo es nítido. Ella llegaba a mi habitación sigilosa, tocaba la puerta, abría y me despertaba. Es la hora, me decía; las 5.30. Era la hora de levantarse, asearse, comer un taco que ya había dispuesto en la mesa del comedor y salir poco antes de las 6 a tomar el camión para llegar a tiempo a mis clases en el Bachillerato 13 de la Universidad, entonces en Colima. Prestigiado Bachillerato 13, quiero agregar.

No cruzabamos muchas palabras, o no lo recuerdo. En temporada de frío salía con un sueter y amarrando los libros en brazos, como en época de lluvias, porque no se suspendían las clases entonces.

Nunca le agradecí esas desmañanadas, no con palabras, aunque ella se habrá cobrado con mis buenos resultados escolares y la obediencia infantil aunque ya tuviera bigote, novia o sueldo quincenal.

Anoche discutí con Mariana Belén. No me gustó su gesto. Le reproché y le dije que no la despertaría más a las 7.30 para comenzar sus clases en línea, ni le daría su desayuno. Sin piedad me disparó a bocajarro: ¡no me despiertes! Sus ojos me mataron, pero lanzaron otro dardo a mi memoria, que rajó el recuerdo que conté. Me derrumbé sobre mí y callé.

Hoy, a la hora precisa, la llamé con más cariño que siempre, cuando abrió los ojos amodorrados le di un beso en el hombro, luego, la esperé con el desayuno preparado y el amor silencioso de mi madre.

Letras y dibujos con Juan Carlos

Hace algunas semanas regalé a Juan Carlos un libro: Cuentos para niños que se atreven a ser diferentes, de Ben Brooks.

Comenzamos con entusiasmo a leer las historias de cada personaje en apenas dos hojas: una imagen y un texto brevísimo que resume logros, motivaciones y un poco de su vida. Luego lo dejamos a un lado y nos enfrascamos en la cotidianidad.

Aprovechando estos días de cuarentena, para comenzar la semana le pedí que eligiera dos personajes cada día. No es mucho, pero es que también ya tiene sus tareas de escuela y hasta clases en línea, así que es lo justo para no matarle el interés de elegir sus propias aficiones y divertirse como quiera y pueda. Aceptó gustoso y cumplió. Esta mañana le cambié el reto; me subí al suyo, mejor dicho. Hagamos algo juntos, le reté: leemos la historia, luego, yo escribo un poquito y tu preparas un dibujo, el que quieras. De nuevo aceptó.

Aquí va la primera entrega. No les diré el nombre del personaje. Juguemos a las adivinanzas a partir del dibujo y algunas palabras clave.

Qui est le personnage ?

Su invento se convirtió en ventanas maravillosas a otros mundos. Con su esposa creo una fundación que ahora está decidida a combatir el COVID-19. Es estadounidense y uno de los más ricos del planeta.

Diario del martes

En un martes normal, como hace dos o tres semanas, a esta hora habría llegado cansado de las tres clases que imparto, de la tensión de esos 180 minutos, del calor y la jornada del día. Hoy es distinto, como se sabe, aunque estuve trabajando en mis quehaceres docentes: por la mañana entregué la planeación que nos solicitaron de la Universidad para esta temporada, luego califiqué algunos de los proyectos de los estudiantes y leí los comentarios que escribieron sobre un video que les subí a la plataforma de Google Classroom. Fue una jornada distinta a la habitual en martes, pero deseo que haya sido de aprendizajes también para el grupo.

Hoy desperté muy temprano; de madrugada, y desde entonces estuve en pie, enterándome de las noticias en el mundo y luego, en las tareas pedagógicas descritas. Por la tarde caí rendido. No soy habitual a la siesta, pero hoy el cuerpo no pudo ya y dormí más de una hora. Después, aturdido y desorientado, con un pequeño accidente emocional, estuve a punto de arruinarme la tarde, el día o la semana. Por suerte, creo, enderecé el rumbo.Desde que escapó el sol retorné a la pantalla y el teclado. Trabajo en un libro que debe estar terminado, si todo va bien, en diciembre de este año. Hoy sumo 170 páginas. Con otras treinta o cuarenta estará listo.

No fue el mejor martes posible, aunque un despertar amargo podría culminar en noche inspiradora.

Anoche soñé…

Anoche hablé con Mariana Belén y le pregunté a qué hora teníamos que despertar para sus clases en línea. A las 8, me dijo, a las 8 comenzamos. ¡Anotado! Llegué a la cama cansado y sin mucho ánimo de leer. Apenas un par de páginas de Mark Twain y abandoné la dimensión de la realidad que nunca me pareció más irreal.

Por el calor, por el temor del coronavirus o alguna extraña desazón, tuve un sueño. Los sueños, no tienen por qué saberlo ni debería contarlo, son una especie en extinción para mí. Pero soñé y fue muy grato. Soñé que el país, el sistema educativo o las autoridades correspondientes, tomaban una gran decisión frente a la parálisis que tiene a muchos entre la desesperación, el temor y la irritación, y a otros, como yo, disfrutando con esta vida que parece idílica, si no fuera porque en cada momento nos podríamos estar jugando la piel.

El sueño era del mundo pedagógico. Es sencillo de contar. Las escuelas en México, atrasados en su incorporación al mundo virtual pedían opiniones a las familias y a los estudiantes. ¿Cómo? A través del whatsapp, de Facebook… Y las familias opinaban. Sí, por primera vez en serio las familias opinaban cómo haríamos todos, escuelas, autoridades, maestros, padres y estudiantes, para diseñar las estrategias que nos permitieran salvar la contingencia con acierto, aprendiendo sin fastidiarnos la vida mutuamente. ¡Fue un lindo muy lindo sueño!

Cuando desperté, todavía paladeándolo, preparé mi bebida caliente con limón, como hago todas las mañanas, luego vine a mi correo electrónico y encontré el mensaje con los horarios escolares impecablemente diseñados para Mariana. Entonces, solo entonces, pensé que vale la pena seguir soñando ese sueño.