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¿Simios más humanos que los humanos?

No sé si encontré el título más exacto para esta página, pero no se me ocurrió otro. La historia es corta. Sucedió esta mañana, mientras leía las 21 lecciones para el siglo 21, de Yuval Noah Harari. Estoy en el tema “Humildad”. Extraigo un pasaje y se los comparto, a propósito de la pandemia y las múltiples lecciones de insensibilidad e insolidaridad que observamos a diario.

“Los simios no solo evitan sacar ventaja de los miembros débiles del grupo, sino que a veces los ayudan de manera activa. Un macho de chimpancé pigmeo llamado Kidogo, que vivía en el zoológico municipal de Milwaukee, padecía una dolencia cardíaca grave que hacía que estuviera débil y confuso. Al ser trasladado por primera vez al zoo, no conseguía orientarse ni comprendía las instrucciones de los cuidadores. Cuando los demás chimpancés percibieron su apuro, intervinieron. A menudo cogían a Kidogo de la mano y lo llevaban a donde necesitaba ir. Si Kidogo se perdía, emitía fuertes señales de angustia, y algún simio acudía enseguida a ayudarlo.

“Uno de los principales ayudantes de Kidogo era el macho de mayor rango en el grupo, Lody, que no solo guiaba a Kidogo, sino que también lo protegía. Aunque casi todos los miembros del grupo trataban con cariño a Kidogo, un macho joven llamado Murph lo incordiaba con frecuencia sin piedad. Cuando Lody advertía este comportamiento, a menudo hacía huir al abusón, o colocaba un brazo protector alrededor de Kidogo”.

La moraleja corre por cuenta de los lectores.

Alegrías ajenas como propias

Muy temprano me dio por provocar a otros la tentación de publicar. En el último año de la carrera fundamos una revista en la Facultad de Pedagogía. Se llamó Praxis Educativa, como conté en otros momentos; breve de vida, pródiga en satisfacciones.

En función de los tiempos disponibles y la actitud de grupos estudiantiles, alenté esa práctica. Algunas tuvieron más éxito. Nunca he dejado de hacerlo, no con un programa ni disciplina ejemplar, pero cuando aparece la menor oportunidad, ni lo dudo, y casi siempre hay buenos resultados.

Hoy recogí uno de sus frutos del último curso que impartí en la carrera. De uno de los trabajos que debían desarrollar los estudiantes, consistente en comparar las estrategias para la continuidad educativa entre México y otro país, recibí varios muy buenos trabajos. Elegí uno y le propuse a la estudiante, Carmen, que lo preparara para buscar un espacio donde publicarse. Lo hizo y luego de varias semanas encontré el momento de ayudarle a corregir y adaptarlo como artículo de opinión. Hoy se publicó en “El Centinela” y el hecho me regaló una gran alegría.

Aquí se los dejo, por si quieren leerlo. http://www.elcentinela.mx/sistemas-educativos-de-mexico-y-estonia-distintos-pero-enfrentados-a-la-misma-realidad/

Los estudiantes del Tec: ¿pagar todo o menos?

Anoche leí con interés la carta (fechada el 20 de julio) que firman estudiantes del Tec de Monterrey, en la cual piden el auxilio a sus autoridades para una reducción del 35% en el costo de las colegiaturas en todos los programas y carreras, al margen de las becas que reciben.

Los estudiantes comienzan su carta aludiendo a los estragos de la pandemia: “una fuerte crisis económica que ha afectado los ingresos de todas las familias mexicanas y ha mermado la capacidad que tiene la población para satisfacer los pagos y obligaciones a su cargo”.

Luego van al foco:“las autoridades del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, de manera anticipada, decretaron un cambio en la modalidad en que se estaban impartiendo las materias conviertiéndose en un modelo educativo flexible, digital y a distancia, situación que orilló a los alumnos a tener que cursar casi tres cuartas partes del semestre ya empezado por medio de videoconferencias, dejando de hacer uso de las instalaciones universitarias y recluyéndose en sus respectivos hogares.”

Introducen enseguida un pasaje para análisis profundos acerca de la calidad de la enseñanza por vías remotas, cuando los sistemas no están diseñados ad hoc: “Dicha modalidad ha sido considerada por las autoridades institucionales como un rotundo éxito para darle continuidad a las materias impartidas, pero esta es una opinión que los alumnos que hoy suscribimos el presente no compartimos.”

Profundizan: “siendo los principales usuarios de los servicios educativos, en el mismo sentido en que se nos ha enseñado a ser críticos en cuanto a los contenidos que aprendemos, hoy manifestamos que hemos sido testigos de los efectos negativos que este modelo tiene sobre nuestro aprendizaje y cómo ha disminuido la calidad educativa de los cursos”.

Su petición es triple; solo transcribo la primera: “Exigimos la reducción del 35% del monto de la colegiatura en el semestre ‘Agosto-Diciembre 2020’, pues al no mantenerse los altos estándares de calidad educativa, resulta una injusticia pagar las mismas cantidades por servicios que no se están prestando…”

En la segunda pide que no haya sanciones, presiones o cualquier forma de violencia contra los firmantes. Por último, exigen la apertura de canales de comunicación para el seguimiento de todas las denuncias hechas.

No sé si tendrán una respuesta positiva o no, pero siempre valoro que los estudiantes asuman la defensa de sus derechos, incluida la libertad de expresión, y traten de hacerla respetar.

Día de aprendizajes

El insomnio me pasó factura por la mañana y despilfarré la mitad del día, deambulando de un espacio a otro, tratando de pasar las horas y encontrar el botón de encendido. No tenía ánimo ni de leer, así que apenas pude terminar las páginas finales de Escribir, crear, contar, del Instituto Cervantes. Luego, nada.

La tarde fue distinta. Pasé una hora estupenda escuchando el seminario web organizado por el Ministerio de Educación ecuatoriano, con dos autoridades de signo distinto: Andy Hargreaves, uno de los autores más estimulantes para mí, y Andreas Schleicher, destacado personaje por su participación en los controvertidos exámenes del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), de la OCDE.

El interés que me despertó el seminario fue correspondido. Valió sinceramente la pena y sólo lamenté que la sesión durará apenas una hora. La segunda parte, con distintos participantes, resultó menos interesante y abandoné.

Más tarde me conecté a través del Facebook con INNdocentes, espacio originalísimo creado por un estimado colega sanluisino, Sergio Dávila, con invitados que abordan distintos asuntos. A veces me gustan los temas o abordajes, a veces menos, pero siempre me resulta grato el entusiasmo de Sergio y todo el empeño por compartir generosamente las experiencias y trayectorias de sus invitados. Hoy no fue excepción.

Día de aprendizajes, sin mucho esfuerzo. Día de vacaciones.

Lecciones para el siglo 21

En la segunda semana de vacaciones en la Universidad opté por la lectura recreativa, o de temas que en algún punto se podrían conectar con mis proyectos laborales, pero que no son de corte pedagógico. En este segundo grupo avanzo en el libro 21 lecciones para el siglo XXI, de Yuval Noah Harari.

Se trata de la tercera obra del autor, precedida de venta millonarias en el mundo, aplaudido y reconocido por algunos de los hombres más poderosos e influyentes de nuestros días.

Para quienes ya lo conocen, es un autor deslumbrante, prosa ágil y formación más que sólida. El volumen se divide en cinco partes: el desafío tecnológico, el desafío político, desesperación y esperanza, verdad y resiliencia.

Hoy pasé un tercio de las páginas. Leo una o dos lecciones cada jornada. De los primeros, dos me resultaron esclarecedores: el inaugural, sobre la decepción de los grandes relatos de la historia (fascismo, comunismo y liberalismo), y el tercero, sobre la libertad.

No es un libro para leerse y nada más. Es una invitación a reflexionar, a preguntarse, en mi caso, sobre las implicaciones que los temas tienen en los sistemas educativos. No es un texto esperanzador, porque no se lo propone el autor y porque la humanidad encara desafíos monumentales, pero es una llave para abrir puertas a la comprensión de las realidades que vivimos, se instalaron ante nosotros y nos aplastan o ilusionan.