Novedades

Recortes de la semana

La semana fue intensa. En algunos momentos solo el café a todas horas ayudó a mantener alguna lucidez. La atención [y tensión] se centró en las pruebas finales del nuevo libro colectivo y la decisión sobre la portada; inquietaba también que el ISBN se otorgara y no complicara la impresión. Para esta noche esos asuntos ya se resolvieron.

Viene otra etapa: las presentaciones y entrevistas para difundirlo. Mañana temprano, primer día del fin de semana largo, tendremos la primera. La siguiente tal vez nos exija varias horas.

Alejado de esta página omití contar la experiencia del examen de titulación de Sonia Vargas y Juan Jesús Vega. Fue el miércoles por la mañana. Trabajamos la tesis durante tres semestres de forma singular, primero, porque Juan estaba de movilidad estudiantil en España, mientras Sonia y Cristian realizaban su servicio social en el INEE. Allí nacieron las primeras reuniones. Después de estos meses y algunas vicisitudes, llegamos al examen. La tesis es decorosa, pero la calidad de su presentación y la manera como respondieron a los cuestionamientos de los sinodales fue realmente notable. La mención honorífica fue ganada a pulso.

El artículo que envié a España para El Diario de la Educación me dejó muy satisfecho. A riesgo de fatuidad, me gustó. Se publicará la siguiente semana.

Vienen cuatro días de asueto, pero el martes, al regreso de labores, debo entregar el primer capítulo de otro libro colectivo que coordino. Tengo pocas horas de reposo, aunque me gustaría dormir hoy y despertar pasado mañana.

Paulo Freire en Colima

El viernes anterior el Consejo Técnico de la Facultad de Pedagogía aprobó el programa de festejos por los 35 años del plantel; también decidió el nombre de la persona homenajeada en la ocasión: Paulo Freire.

Habitualmente los elegidos habían sido personajes relevantes en la vida de la primera facultad universitaria de Colima, pero esta vez fue distinto: el lugar central lo ocupará el educador más trascendente de la pedagogía latinoamericana y uno de los principales en la historia mundial del campo educativo.

A Paulo se le lee poco y mal, porque no está en el currículum y porque se leen solo sus obras iniciales, cuando ocurre. Su ausencia del currículum no es producto de una oscura confabulación neoliberal: está excluido porque quienes diseñamos los planes de estudios, los maestros, no lo incorporamos, porque no está en nuestros marcos de pensamiento, porque se le juzga obsoleto o choca con los conceptos en boga, como excelencia o competitividad.

Cuando se pregunta hoy por Freire siempre hay una referencia a la mano: Pedagogía del oprimido, libro escrito en la década de 1960, pero que luego fue revisado por el propio autor, quien aportaría en las décadas siguientes otras obras fundamentales para los educadores.

Paulo Freire debió venir a Colima en 1997 para recibir el doctorado honoris causa. Ya lo había aceptado y cuando preparábamos la visita ocurrió un accidente doméstico y posteriormente su fallecimiento. Nos quedamos con el hueco y la tristeza. Habríamos sido la única universidad mexicana que le concediera el alto honor, pese a sus aportaciones en el campo de la educación de adultos.

En 2007, conmemorando diez años de su partida, con la UNAM, la UPN Unidad Ajusco y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México organizamos un seminario con invitados excepcionales de España y Brasil, y vivimos jornadas memorables, un día en cada institución y dos en Colima. De nuevo, 12 años después, Paulo estará sentado entre nosotros con su obra, luchas y convicciones.

Celebro la decisión del máximo órgano de autoridad de la Facultad de Pedagogía. Creo que no habría mejor forma de reconocer a quien más hizo por la educación en el continente, especialmente por los más pobres, a quienes llamó “los desharrapados de la tierra”.

Será una inmejorable manera de distinguir los festejos por estos 35 años de la facultad primigenia en la Universidad de Colima. Ocasión inmejorable para leerlo y releerlo, para examinarlo a la luz de una América Latina convulsionada, moderna en sectores, pero tremendamente injusta, empobrecida y con democracias frágiles.

La curiosidad y el aprendizaje

Hoy salió más temprano de las clases, así que nos fuimos solos de la escuela. Estaba contento, además, porque mañana es asueto; más que contento: por varios metros cantó en la calle “mañana no hay clases, mañana no hay clases…” con alguna tonadilla familiar que no pude reconocer. A punto de subir al auto le pregunté:

-¿Quieres escuchar música?

-Sí.

-¿Qué te pongo?

-Beattles, contestó de inmediato.

-¿Cuál quieres?

Come together; martilló sin pensarlo.

-Va.

Elegí la canción en Youtube, con video, y encendí el motor. Le pregunté las cosas de rutina:

-¿Tienes tarea?

-Sí, dos, de historia e inglés.

-¿Y cómo fue el día?…

Pasó la interrogación del padre y vino la suya:

-¿Sabes por qué Paul aparece descalzo en el video?

Me sorprendió. Ni siquiera me había percatado que Paul McCartney iba descalzo en los dibujos animados. No, respondí con los ojos descontrolados. Me explicó claro y puntual:

-Es que cuando… por eso, como tributo a la foto cuando cruzan Abbey Road…

¡Me deslumbró! Ignoro la verosimilitud, e importa poco.

-¿Y cómo lo sabes? Por supuesto, tenía que preguntarle.

-Ah, es que me puse a investigarlo. Cuando vi la imagen me llamó la atención que caminara descalzo, busqué y encontré.

Así de fácil. Esa es la fórmula más cercana al aprendizaje: interés+curiosidad+pasión por el tema. Sin esfuerzos inocuos, sin tareas.

Días de fiesta 2

Me gustaría escribir una página cada día para este Diario. A veces no me alcanza el tiempo; la mayor parte, las ideas escasean, o el ánimo para sentarse con relativa comodidad e invertir media hora. Hoy es fecha excepcional: escribiré dos páginas; pequeña la primera, más todavía la segunda. Pero no quiero dejar pasar la ocasión de compartir la alegría de lo vivido esta tarde en la Facultad, con el examen profesional de Karla Morfín y María Luisa Ávalos, tituladas como licenciadas en pedagogía con mención honorífica, por su desempeño como estudiantes, su tesis y la exposición.

En un espacio inapropiado para un examen de esta naturaleza, nos reunimos las sustentantes (dice así el acta formal), los sinodales, algunos familiares y un grupo de estudiantes de la carrera. Fuimos testigos de su capacidad verbal, dominio del tema, seguridad y capacidad de respuesta, renglones todos donde pasaron con niveles superiores a lo ordinario.

Más importante: fuimos testigos de las emociones, de la alegría y el orgullo por haber llegado a una meta en su vida profesional y personal. Eso, en tiempos de banalizaciones, mentiras y violencia es un bien inestimable, un preciado ejemplo de muchas ideas vitales, entre otras, que el futuro siempre será la cosecha del presente, y nuestros logros, fruto del esfuerzo y dedicación. En tiempos así, insisto, es casi todo lo que una universidad debe provocar en sus estudiantes.

Días de fiesta

Extraño actividades y gestos de la Universidad de mis primeros años docentes. Hoy se acentuó, con la sensación de que los años traen costumbres y prácticas distintas, renovadas o inocuas, pero que también dejamos otras, dignas de perpetuarse.

El motivo de esta relativa desazón es que hoy por la tarde tenemos un examen de titulación de dos egresadas de Pedagogía en la Universidad de Colima, que han hecho un trabajo sobresaliente, producto de su capacidad (que todos los estudiantes comparten, en términos generales) y de su enorme disposición (donde la distribución ya es muy dispareja, a veces vergonzante).

En otros años, cuando un egresado o una egresada culminaban todo el proceso formativo mediante la presentación de sus tesis, en la Facultad lo tomábamos como día especial e invitábamos con carteles a toda la comunidad para que asistieran quienes pudieran. No siempre, pero a veces el auditorio donde se celebraban los exámenes tenía un público numeroso de estudiantes y familias.

Los exámenes de titulación son la última gran oportunidad de aprendizaje para estudiantes/egresados y profesores, y no puede reducirse al acto cerrado donde tres sinodales escuchan a dos o tres sustentantes y enseguida les preguntan. Luego, cada uno a su sitio como si fuera un día de clases normal. No, no es deseable, menos cuando todavía muchos de los estudiantes de la carrera son primeros universitarios en la familia.

Un examen de titulación es también el motivo para la celebración familiar, porque la familia ha sido clave en la preparación, porque alentó, sufragó, reclamó y estuvo atenta, pero, sobre todo, porque siempre deseó que sus hijos llegaran a terrenos desconocidos para muchísimos de ellos.

No sé si habrá “público” hoy, con Karla y María Luisa, en todo caso, para mí, haber sido partícipe como asesor y llegar a la meta es motivo de fiesta.