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La misión cultural

El viernes por la tarde y esta mañana pasé varias horas en la Misión Cultural 61, en Buenavista, Cuauhtémoc. Es parte de mi proyecto basado en visitas a escuelas, para entrevistarme con directoras, maestros y estudiantes. Tocó el turno a este servicio educativo, por una circunstancia fortuita. El instinto jugó a mi favor y luego la amabilidad de los directivos de la Secretaría, el supervisor y el director, David Gildo Rodríguez, lo hacen factible.

Las dos fueron jornadas de aprendizajes que desbordaron expectativas. A diferencia de las escuelas que antes recorrí, fructíferas también, en esta ocasión descubrí un ámbito que ignoraba totalmente. Ahora estoy volcando parte de mi tiempo en estudiarlas para tratar de entenderlas y encontrar algunos hilos por donde tejer un capítulo que reconozca su aporte y, de alguna manera, a los hombres y mujeres que cada día, o cada tarde, realizan un trabajo difícil por las condiciones, pero de generosidad sin par.

Las misiones culturales son una idea genial de José Vasconcelos. Están a punto de cumplir 100 años y sus logros, incalculables, merecen un trato mejor de un gobierno federal que promete atender las necesidades de los más desprotegidos; y de los gobiernos estatales, por supuesto.

Me encantaría, en estos momentos que se discute el presupuesto para 2020, que este tipo de programas e instituciones recibieran la inyección no solo de recursos que tanta falta les hacen, sino también de visibilidad y gratitud.

Además de un programa enfocada a combatir el rezago educativo, las misiones son espacios de capacitación para el trabajo en áreas como agricultura y ganadería, carpintería, albañilería, educación para la salud, electricidad doméstica y música. Si esa labor es muy útil, no es menos lo que me contó hoy la maestra Celia, encargada de Educación familiar: hay personas mayores que vienen a aprender, me contó en el jardín del pueblo, pero también hay otras que quieren tener compañía o recibir un abrazo. Y lo tienen, me dice feliz de trabajar en lo que ama.

Domingo sin pausa

En las horas que dediqué al trabajo dominical avancé en la revisión y corrección de las páginas de un proyecto de libro que tiene por título Mi vida en el Instituto. Cuenta la experiencia personal en el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, hoy extinto por obra y gracia de la reforma educativa aprobada en mayo.

La idea me cayó súbitamente. No la buscaba ni pretendía escribir al respecto. No me había pasado siquiera por la cabeza.

En diciembre de 2018, mientras hacía tareas de limpieza en casa, se me clavó el título y la necesidad de recapitular la historia breve de tres años trabajando en ese espacio. Entonces, quise dejar testimonio y ponderar el tiempo dedicado. Empecé sin estructura previa, sin orden, dejando que las páginas se fueran escribiendo como venían de la memoria o algún rincón íntimo se las dictaba a los dedos. Así fueron sumándose las páginas, sin prisa y sin parar. La cosecha fue mayor a la que podía presumir.

El libro está terminado como lo concebí cuando tuve claro lo que quería. En estos meses lo dejé reposar, volví en algunos momentos y ahora creo que es hora de hacerlo público. Será pronto, espero.

Estar conmigo o contra mí

Un tema ocupa los debates en las redes sociales que navego: el anuncio de un acuerdo con la CNTE para que los egresados de las escuelas normales tengan plaza en automático. Lo que para muchos constituyó un gran paso adelante con la reforma educativa de 2013 [luego empañado por las formas en que se concibió e instrumentó la evaluación para la permanencia], tiene redactado el epitafio.

Si se consuma, además del adiós a los concursos de ingreso, los egresados de las facultades universitarias de pedagogía y educación estarían marginados de la carrera docente, pese a tener muchas virtudes y haber demostrado capacidad para enriquecer las plantas de maestros de educación básica.

La historia, sin embargo, está viva y todavía podrían ocurrir modificaciones a lo previsto.

La división en el gremio de investigadores y articulistas especializados es una escalada más entre las visiones antagónicas sobre el sistema educativo nacional, su presente y futuro. Argumentos sólidos y esponjosos circulan en el debate. Hay un saludable intercambio en ciertos niveles, pero también diatribas y dogmatismo; lucidez, pero también insensatez.

Cada cual tiene derecho a expresar lo que se le venga en gana y los demás no tienen la obligación de compartirlo, ni el derecho a descalificar personas. Esa delicada frontera se rompe con facilidad.

Ojalá el debate nos vuelva más tolerantes, sensibles a la opinión discrepante y un poco menos soberbios con nuestros argumentos. En Twitter hoy preguntó Eduardo Sacheri, escritor argentino: ¿qué necesidad de ser tan hegemónicos?

El Congreso, las diputadas y la educación colimense

Al mediodía estuve en el Congreso local para reunirnos con las diputadas de la Comisión de Educación. El motivo: presentarles el proyecto del libro Colima: avances y retos. Educación, primero de la colección que abrirá Fundación Cultural Puertabierta para contribuir a la reflexión, desde obras escritas con diversidad de perspectivas, en torno al presente y el futuro de la agenda estratégica actual, especialmente en la entidad.

Coordinar el primer volumen ha sido una labor absorbente, pesada en momentos, pero gratificante desde ya, como la acogida de hoy. Integrar un equipo humano tan sólido es un privilegio y fue ocasión para muchos aprendizajes.

En la reunión estuvieron cuatro de las cinco integrantes y las sensaciones, como las varias veces que estuve ahí antes, fueron muy positivas. Percibo sensibilidad ante el tema, atención y escucha, disposición para su trabajo y apertura, sin poses ni presunciones.

La exposición se convirtió en un diálogo fraterno, respetuoso; intercambio de inquietudes que derivó en el consenso de que podemos colaborar a una mejor educación en Colima, desde las posiciones de cada cual.

Como es muy reciente la publicación de los resultados de la prueba PLANEA secundaria, aplicada en junio pasado, aproveché la oportunidad para mostrarles la situación local. De eso, tal vez, escribiré en mi próxima columna.

Agotada la larga jornada laboral, cierro por fin la agenda y por este día pongo punto final a la página de este diario.

Otra forma de relación escuela y familia

Esta tarde/noche asistí a una reunión de comités de padres de familia en la escuela secundaria de Mariana Belén. Me invitaron a formar parte de un grupo encaminado a fortalecer el ámbito cultural del centro y acepté gustoso.

Asistí a la reunión expectante, por lo que nos plantearan y por los compromisos que ya me abruman con regularidad. Estuvimos presentes los coordinadores de los ocho comités y la sociedad de padres de familia, con presencia mayoritariamente femenina. Presidieron la directora general y la directora del nivel educativo.

No sé qué implicará en términos de tiempo y esfuerzo, pero me interesa continuar en este ejercicio que parece inédito y apunta a una construcción colectiva que fortalezca, incluso, la academia escolar y la participación efectiva de los padres de familia, como un actor también pedagógico.

Entre los asistentes percibí compromiso e ideas. Nuestra preocupación última, por supuesto, son los hijos, pero entendemos que la contribución de la escuela puede ser más potente si somos capaces de sumarle. Con esa convicción, la tarea será menos ardua, posiblemente gratificante en el corto plazo y ejemplar por cuanto nos convierte a los padres, y de alguna forma a los estudiantes, en actores con una preponderancia indispensable. Ojalá. Espero contarlo algún día. Lo que ya puedo decir es que la educación es una buena noticia, aunque los resultados de PLANEA secundaria en el país podrían vacunar contra el optimismo.