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Sábado agridulce

Tengo varias razones para la alegría: anoche presenté nuevo libro en mi pueblo, allá donde todo comenzó; mi hija leyó un texto de su autoría con un contenido extraordinario; me reencontré con varios antiguos conocidos; esta mañana lo presenté en una Universidad con buenos amigos, escuché un par de comentarios estupendos y vi los rostros de los asistentes… podría seguir con un largo etcétera. No puedo omitir del recuento las malas: la burocracia delirante de los sitios donde trabajo, uno, que cambia las reglas y formatos horas antes de cumplir los tiempos, en franco desprecio a sus trabajadores, la otra, que insensata se empeña a empoderar al absurdo o la estupidez.

Todo se oscurece. Lo que me duele ahora es la noticia que leo en Diario de Colima. El hecho es terrible, tremendo, irritante. Sucedió en Suchitlán, en un preescolar. Un grupo de niños se encimaron en un compañero de 5 años y lo patearon, según declara el padre. Las consecuencias son inadmisibles: perforación de pulmón y traquea lastimada. ¿Por qué unos niños menores de 6 años golpean con tanta saña a otro igual?

No lo entiendo, y no puedo entenderlo. Me resisto a suponer que esto es natural, que los niños estaban jugando y lo sucedido fue algo intrascendente.

¿Dónde estamos perdiendo la batalla por la humanidad, por la sensatez y la sensibilidad? Quisiera, pero no puedo estar feliz.

LOS VOUCHERS EDUCATIVOS DE AMLO. PREGUNTAS

El sistema de cupones, vales escolares o vouchers educativos es una idea impulsada por Milton Friedman, padre, si tiene, del neoliberalismo.

¿Y cómo nos explicamos entonces que ahora el gobierno federal subsidie a las familias y no a las estancias infantiles?

El sistema no es novedoso. Hace un buen rato que se usó en algunos partes de los Estados Unidos.

¿Funcionará o no en México? ¿Funcionará en Colima? ¿Tendrán la misma libertad para elegir los padres de Colima capital a los de Ixtlahuacán o Minatitlán? ¿Es una forma de combatir la inequidad?

¿Es una forma efectiva de combatir la corrupción? ¿Cuál es la garantía? ¿La libertad del mercado?

Aquí el video de Friedman explicando la lección en menos de dos minutos. https://www.youtube.com/watch?v=KJAk9zAjwVI&fbclid=IwAR1gA_2WFE2BMzwj6xdIHrCqmmFNGv6xoNH1pyDShYfnq44Ne8lzjE1fVbo

 

Los privilegios de la noche

Anoche tuve la fortuna de compartir la mesa con un selecto grupo de invitados y amigos en la Fundación Cultural Puertabierta. Para el huésped principal, Juan Villoro, sobran presentaciones. Estar allí fue un privilegio enorme: cena exquisita, buenos tequilas, cervezas, vino tinto y, sobre todo, la compañía y el buen humor.

Solo una vez había visto a Juan Villoro por un rato sentados en la sala 75, terminal 2, del aeropuerto de la Ciudad de México, cada uno en lo suyo. Allí me pareció un hombre demasiado serio, tanto que ni por la cercanía me atreví a saludarlo, con nuestros vuelos demorados a distintos destinos.

Ayer desde su llegada a la casa de Miguel Uribe repartió simpatía y amabilidad. Bromeó, ilustró, contó, sin poses ni fatuidad. Nos escuchó atento y habló de los temas que le interesan y de los que le preguntamos, incluido el fútbol, el Barça y Messi, en ambiente festivo, como así debe ocurrir cuando los motivos son tan indispensables como la amistad y la fraternidad, nomás porque sí.

Una noche linda para cerrar larga jornada. Juan está en Colima y sus conferencias en el Teatro Hidalgo, hoy y mañana, serán sin duda una prueba, si hacía falta, de que la inteligencia no está reñida con la claridad, el humor y la sencillez.

Esta tarde tuve mi primera clase del curso Gestión de instituciones educativas en la Universidad. Salí cansado pero contento, deseando conducir un viaje lleno de aprendizajes con un puñado de 25 estudiantes respetuosos e inquietos.

La conferencia del doctor Van Rankin

Absorto en la conclusión de “Mi vida en el Instituto”, no tenía tema para abrir este Diario, pero la suerte de nuevo vino a salvarme. Encontré la noticia de un congreso organizado por la Secretaría de Economía, el Instituto Nacional de Emprendedores y el Centro Universitario de Ciencias Económico-Administrativas de la Universidad de Guadalajara, que incluye una conferencia de Jorge “burro” Van Rankin en el propio CUCEA.

Si fuera de otras áreas disciplinarias, cuyos nombres me abstengo siquiera a pensar, solo sonreiría con alguna maldad, pero es un congreso con matices educativos, así que me sonrojo por parentesco profesional.

No puedo imaginarme un congreso médico, de economistas o científicos exactos incluyendo en su cartel a personajes de aquella naturaleza, que me parecen respetables en sus ámbitos, pero lejos de las aulas universitarias como expertos o conferencistas.

Mientras escribo, recordé la anécdota que viví en Nuevo León al lado de Luis Porter y Manuel Gil Antón, hace algunos años. Manuel estaba indignado, con justa razón, por la presencia de un orador que había pasado esa mañana tirando obviedades. Entonces, dijo, palabras más, palabras menos: en un congreso de matemáticos si alguien llega para decir que dos por dos es igual a cuatro, lo bajan del estrado; en estos ámbitos, los pedagógicos, cualquiera puede llegar a decir cualquier cosa y hasta lo aplauden. ¡Pues sí, así parece!

Mariana, Savater y la filosofía

Hace unos días, camino a casa luego del colegio, en la conversación sobre las actividades de la jornada escolar, Mariana Belén estaba contenta con su clase de filosofía. No es poca cosa y gran mérito de la maestra. Siempre es una magnífica noticia que encontremos maestros que emocionen a sus alumnos y estudiantes que se sorprendan en ese tipo de paisajes del conocimiento. Sucedió y le pedí que me contará. No fue muy prolija en la explicación, pero la cara reflejaba alegría por las preguntas y respuestas con la profesora, por el diálogo que me contó y fue realmente interesante.

¿Te acuerdas de Fernando Savater? Le pregunté. Calló. Expliqué: sí, un filósofo español que estuvo en Colima hace 9 años, uno de los filósofos más importantes del mundo. Allí estuvimos con él, y habló contigo amistosamente.

Le recordé entonces la experiencia que ella perdió en la memoria, pues solo tenía 4 años. Ahora yo le hablé un poco y no le pregunté nada. Seguimos mirando el camino, ella con cara de descubrimiento, yo disparé la memoria hacia aquel encuentro inolvidable con el filósofo y la conversación en la playa de Armería.