Novedades

Deseos de año nuevo

Pasadas las primeras horas del 2020 entre sueños recortados, volví a la mesa del estudio. La tarea ahora y en un par de días es pasar las correcciones del papel a la versión electrónica, la V8, según leo en el título del archivo en pantalla. No quiero dejar pasar más tiempo, y mientras mis hijos respiran todavía con ojos cerrados, víctimas del desvelo, en el silencio encuentro el ambiente indispensable. No tengo prisa, ni quiero postergarlo.

Con estas líneas abro la primera página del Diario 2020, mi blog personal, diario de los recuentos cotidianos, o de todas las veces que pueda visitarlo.

A mi lado, en la mesa, reposa el libro que comenzaré nada más por gusto: El miedo del portero al penalti, de Peter Handke. Para los enterados, sobran presentaciones; para el resto, es suficiente con decir que ganó el Premio Nobel de Literatura en 2019.

Desde Santa Fe, Argentina, mi colega y amigo, Luis Müller, como cada año envía una tarjeta hecha por sus manos artísticas con buenos deseos; me inquietaba no haberla recibido por su salud o una expulsión involuntaria de su lista de amigos.

En esta primera página quiero compartir mi deseo breve de año nuevo. El deseo cándido pero sincero de que nos vaya bien a todos, de que no nos falte lo indispensable nunca, empezando por la primera condición vital: la salud, ya el resto, léase, trabajo, alegría, amor, amistades, comida y algunas diversiones son conquistas de cada uno con su acción y un poco de suerte. Y que cuando algo de eso nos falte, tengamos la capacidad y el brío para salir a buscarlo.

En mi deseo no hay distingos, ni mejores para unos y peores para otros, en función de afinidades personales o discrepancias políticas, la nota triste más constante en mi TimeLime del Twitter durante 2019, donde la diferencia política fue pretexto para el insulto y no pocas veces la canallada.

¡Que nos vaya bien a todos, a los verdes, a los rojos, a los amarillos, a los azules, a los morenos, y también a la mayoría, a quienes no tenemos una bandera de color e intentamos observar el mundo [y la política] con la belleza del arcoíris!

Día de los Inocentes

La matanza de los niños de Belén es uno de los pasajes más estremecedores en esa novela portentosa de José Saramago, El evangelio según Jesucristo. No es mi favorito, por la brutalidad del hecho, pero sí por la crudeza de sentimientos antagónicos, de la consecuencia fatal de momentos de flaqueza, por la debilidad de carácter o la falta de lucidez para tomar la decisión certera en el momento oportuno, pecado que cargará como viacrucis permanente José, el padre del niño Jesús, al escuchar casualmente la conversación sobre la orden del Rey Herodes I.

Ojalá durante los días 28 de diciembre todos los males fueran solo broma, jugueteos de adultos que en la fecha deciden acamparse en territorios de la infancia, cuando la risa es compañía cotidiana y el dolor se esfuma pronto. Lo sucedido afuera del estadio de las Chivas, en Guadalajara, o el atentado en Somalia, desechan toda teoría del mundocolorderosa por unas horas.

La violencia y la estupidez borraron la palabra “tregua” de su diccionario.

Pepe, una vida suprema

Anoche llegué a casa molido y con ganas de pasar la página. Aprovechando una recomendación elegí el documental de Emir Kusturica sobre Pepe Mújica, estrenado recién en Netflix.

Sobre una selección estupenda de tangos, conocemos o reconocemos la sabiduría que acumula el expresidente uruguayo y algunas de las personas que más cerca estuvieron y siguen. Sin estridencias ni pirotecnia, se conjugan el arte del cine y de la palabra.

Lo mejor de la noche: los últimos minutos los viví en compañía de Mariana Belén, quien se acercó, se sentó detrás de mí y dejo sus ocupaciones por unos minutos. No sé si lloró como yo con el final; pero ella tal vez sí, sensible como es, cuando me quité los lentes para limpiarme los ojos y sorber los mocos. Fueron lágrimas que mezclaron sentimientos por los santos inocentes y los eternos demonios.

Cuesta más un reo que un estudiante

Leo en “Milenio” que un preso en cárceles estatales y federales le cuesta diario al país 330 pesos y 50 centavos. Multiplicado por 365 días, arroja la cantidad de 120,632 pesos. No me sorprende la cifra. Tenía datos anteriores. La conclusión, si se quiere, es escandalosa: el país gasta más en presos que en estudiantes. El contraste es desproporcionado, pues hay en cárceles unos 200 mil reos o, debe decirse, “personas privadas de su libertad”, mientras más de 35 millones cursan algún tipo educativo.

Exploro datos para comparaciones. En el “Panorama de la Educación en México 2017”, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se consigna una cifra promedio de 3,703 dólares por estudiante, unos 70 mil pesos; mientras el promedio de la OCDE era de 10,759 dólares.

En el “Panorama Educativo de México”, elaborado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, correspondiente a 2018, se presentan datos del “gasto federal por alumno en escuelas e instituciones con financiamiento federal” en el periodo comprendido entre 2008 y 2016. Las cifras son las siguientes: para educación básica se invirtieron recursos federales 20,312 pesos en 2008 y 22,524 para 2016; en educación media superior, 30,271 en 2008, y 34,780 en 2016, mientras que en educación superior las cantidades son de 54,801 y 54,731, respectivamente.

Por último, en el Sexto Informe de Labores de la Secretaría de Educación Pública, de 2018, el gasto promedio en el ciclo escolar 2017-2018 fue de 31.3 mil pesos. Desglosado, 18.7 mil para preescolar; 17 mil para primaria; 26.1 mil para secundaria; 35.7 mil en media superior y 79.9 mil para enseñanza superior.

Los datos son fríos y ameritan las interpretaciones que cada cual guste. A mí, sin dudarlo, me sigue pareciendo inevitable sostener que los problemas de la seguridad y la violencia en el país se resolverán desde la educación (no solo desde las escuelas), y que es mejor invertir en serio en escuelas que en prisiones.

Un año después

El 21 de diciembre de 2018, mientras limpiaba la antigua casa, preparando el espacio para revisar y corregir la probable reedición de un libro, tuve una extraña sensación. Me pregunté: ¿cuál es el balance de mi paso por el INEE? En ese momento tenía la certeza de que la iniciativa del presidente de la República lo desbarrancaría y había que imaginar un nuevo año con distintos proyectos.

Limpiando el polvo y ordenando libros revisé fugazmente lo hecho en tres años. Entonces, pensé que la tarea reclamaba tiempo. Decidí escribir un libro cuando se me apareció el título: Mi vida en el Instituto.

Sentí la urgencia de comenzar pronto a repasar esos años, al mismo tiempo estimulantes y traumáticos por el final. Empecé y en pocas semanas ya tenía un volumen respetable de páginas que rememoran y examinan, que recuerdan y dejan testimonios de gratitud, que hurgan en razones y desaciertos.

Pasó ya un año y en mi escritorio reposan las primeras pruebas editoriales; aguardan la llegada de las mañanas vacacionales. Antes de que cierre el año estarán listas para volver a la editorial y continuar el camino hacia la vida pública.

Cierre de presentaciones

Esta mañana, primer día de vacaciones en la Universidad, estuvimos en la preparatoria del Colegio Anáhuac para presentar nuestro libro Colima: avances y retos. Educación. Fue el cierre de una serie de siete presentaciones que arrancamos en noviembre, en el marco espléndido del Congreso Internacional organizado por el Instituto Superior de Educación Normal de Colima, y continuamos por otras instituciones educativas y públicas, como el ayuntamiento de Manzanillo y el pleno del Congreso del Estado.

Hoy, el Colegio dispuso el encuentro con profesores de secundaria y preparatoria, quienes escucharon atentos los comentarios de cuatro de sus colegas, Cristian, Ulises, Pastora y Norma, según aparecieron.

Para nosotros fue la inmejorable oportunidad de compartir un libro colectivo nacido de la intención de contribuir en Colima, desde el mirador de la educación, con una obra que se propone revisar con evidencias y rigor el presente y el futuro de la entidad, en algunos de los temas centrales de los sistemas educativos.

Cuando nació el proyecto, de la cabeza de Salvador Silva, me entusiasmo y emprendí la tarea con determinación, pero no imaginé que las repercusiones serían las que estamos alcanzando. Por supuesto, 40 días después de haber sido presentado, no ha cambiado nada ni hay una agenda pública, pero nosotros hemos decidido poner la mira en aristas sensibles y así seguiremos por un rato.

Por ahora, hacemos una pausa. ¡Ya veremos qué nos trae el nuevo año!