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Hijos como padres

photo_6Que un padre declare su amor en público no es extraño. Que para el mismo propósito use argumentos rebosantes de cursilería también entra en la norma. Que los hijos pongan al padre en su sitio, cuando así se precisa, es menos habitual; creo.

Mis hijos entran en esta última categoría y su cariñosa, justa insolencia, obliga al agradecimiento. Somos padres, no superiores ni amos en casa. Somos responsables, tenemos obligaciones, debemos cuidarlos, pero no a costa de convertirlos en eunucos de la ciudadanía que se ejerce con libertad responsable, la única existente.

Sentados a la mesa, un día normal, lunes tal vez, mis hijos escuchan el diálogo formal y las buenas noticias que el padre les cuenta. Al finalizar, Mariana, la mayor, sin contemplaciones, demuestra haber comprendido y agradece emocionada porque papá tendrá nuevas responsabilidades y “todos estamos contentos”. Al final lanza tiro directo: pero entonces dejáremos de verte todos los días, no comerás con nosotros ni leeremos juntos en la noche. Balbuceo una respuesta ante el obús.

Juan Carlos, sin fijar los ojos, comedor exquisito de lo selectivo, no tira a la gradas, solo al ángulo, como Messi en sus mejores tardes: pues sí, en tu nuevo trabajo serás el director general, pero en casa eres mi papá.

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La educación también es buena noticia

Las buenas noticias en educación merecerían doble atención: por ser menos de las deseables, porque la escuela necesita más comprensión y no juicios sumarios contra sus resultados y actores, y porque existen esos hechos pero atraen menos interés que las notas escandalosas.

Esta mañana leí en “Educación Futura”, portal especializado en periodismo educativo, que los egresados de la Universidad Iberoamericana, institución privada de enseñanza superior, lanzó un programa dirigido a los albañiles para que puedan estudiar y concluir su formación básica y media superior.

Según la nota, once mil trabajadores ya recibieron los beneficios del programa, llamado “Misión Construyendo y Creciendo”. La iniciativa requiere que los constructores de la obra destinen un espacio para habilitarlo como aula y puedan dedicar dos horas al día a su alfabetización, cursar la primaria y secundaria, capacitación tecnológica, hasta cursos de crecimiento personal, como autoestima, salud sexual o violencia intrafamiliar. El Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), por su parte, provee de los asesores capacitados para dirigir el trabajo en los grupos, actualmente 16, confiesa el líder del proyecto, José Shabot.

La iniciativa me parece encomiable. Estoy seguro que, como esa, muchas otras se realizan en todas las entidades del país, pero se conocen poco, se alientan con menos fortuna y no se potencian.

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Educar bajo presión

Carl HonoréCarl Honoré, periodista y escritor canadiense, escribió un best seller sobre el movimiento mundial que se extiende a diversos ámbitos: Elogio de la lentitud. Una pausada invitación a reflexionar sobre la condición humana, el tiempo y el sentido de la vida. El libro es altamente recomendable, por supuesto, aunque uno transcurra su jornada cotidiana lejos de las escuelas o el mundo de la enseñanza.

Contra el precepto máximo, lo leí de prisa, interesado en esos momentos por aplicar sus ideas a mis propias elaboraciones sobre una escuela diferente, en un tiempo donde priman la velocidad y la superficialidad, a veces el sinsentido.

Luego de escribir un comentario sobre la obra, Carl respondió en Twitter con gentileza y un perfecto español, que comprobé en nuestra conversación por mensajes directos. Le conté mi proyecto de escritura y recomendó que leyera otro de sus libros, dedicado especialmente al tema educativo: Bajo presión. Cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente.

Es un interesante, ágil y documentado repaso sobre experiencias educativas en distintas partes del mundo desarrollado, en donde buscan revertir o replantear el lugar del tiempo y los exámenes, la primacía de cronos sobre kairós, el estudiante como persona o como rehén del currículum.

El capítulo 6, “Escuela: tiempo de pruebas”, fue escrito a partir de recoger lecciones en escuelas estadounidenses, británicas, finlandesas y australianas, principalmente. Sus conceptos y conclusiones son contundentes y merecen la atención de padres y escuelas. Aquí les comparto algunos:

-“…el argumento de que una mayor cantidad de exámenes y trabajos es el mejor modo de preparar a las mentes jóvenes para la vida en el siglo XXI comienza a estar desgastado”.  

-“El enfoque centrado en los exámenes puede trastocar las prioridades en la clase, desde luego, y propiciar que los profesores enseñen con vistas al examen en vez de promover el verdadero aprendizaje, la imaginación y la resolución de problemas”.

-“Una de las conclusiones que ha extraído PISA es que normalmente las mejores escuelas, públicas o privadas, poseen una elevada autoridad sobre su programa y presupuesto”.

Carl me sorprendió gratamente con ideas que resultaron reveladoras en la búsqueda de alternativas a la escuela rutinaria. En Finlandia, por ejemplo, los niños se descalzan en la escuela, como pueden andar en casa, para sentirse cómodos; o padres que en países desarrollados renuncian a clases particulares porque confían en los maestros y las escuelas públicas.

Aquí ideas de ese tipo son inusitadas, pero un día han de ser posibles, estoy seguro, aunque eso requerirá un cambio en las mentalidades, no solo de las escuelas y los maestros, también de los padres, lo cual es claro en el ejemplo que nos comparte de instituciones coreanas o japonesas donde los padres se opusieron a la suspensión de clases los sábados, una medida que pretendía aliviar la estresante vida estudiantil.

El séptimo capítulo se dedica a un tema de creciente importancia, aunque menos debatido de lo necesario en nuestro país: el tiempo de estudio y para las tareas en casa. Un asunto que podría ser más relevante con la medida que busca presidencia de la república al flexibilizar el calendario escolar. Al respecto, afirma Carl Honoré: “Los expertos están también replanteándose qué tipo de deberes es más efectivo. La mayoría recomienda aparcar las tareas más pesadas –los ejercicios de matemáticas y de ortografía– en favor de trabajos que estimulen a los niños a pensar en profundidad y reforzar la imaginación”.

No es fácil el cambio educativo, pero posible y necesario, como enseñara (y repito incesante) Paulo Freire.

 

El día mundial de la poesía

Neruda5251Ayer se celebró el Día Mundial de la Poesía. Mi TL en Twitter se llenó de mensajes aludiendo a la fecha; solo por eso me enteré. Ignoraba la conmemoración. ¡Y la falta que me hizo!

En estos días tengo a la mano los ocho libros inéditos que dejara Pablo Neruda al morir. También desconocía la existencia, hasta que hace dos meses lo descubrí en espaebook.com, mientras deambulaba por el sitio buscando textos interesantes. Los títulos: La rosa separada, Jardín de invierno, 2000, El corazón amarillo, Libro de las preguntas, Elegía, El mar y las campanas y Defectos escogidos.

Cuando comenté a un amigo sobre los libros del poeta chileno, él, experto literario, al calor del vino tinto y una grata conversación me dio su veredicto: no son obras mayores, o la gran poesía de Neruda.

No soy quién para desmentirlo. Respetable el juicio, pero no lo precisaba, y por ello no dejaría de leerlos.

De un tiempo a la fecha me he vuelto más o menos asiduo lector de poesía como entremés de otras actividades, o para zafarme de rutinas laborales; o cuando apenas unos minutos me restan para emprender nuevas tareas.

De los breves inéditos de Neruda leí la mitad, y avanzo una compilación de Ricardo Yáñez, sugerencia involuntaria de mi amigo Luis Porter. En fin.

Vuelvo al principio. Desconocía del día mundial de la poesía. Me abstuve de un tuit. He preferido seguir leyendo sin prisa y con pausas a los poetas, esos y otros, sin más afán que el gozo, sin obligaciones literarias o académicas. Hacerlo cada día me resulta más significativo que tirar cohetes un día.

Lotería fatal

Aunque la Declaración Universal consagra los derechos humanos, las realidades de miseria, los esquemas económicos inmisericordes, las visiones políticas y la atroz voracidad se encargan de pulverizar la libertad, igualdad y fraternidad, junto con todos esos discursos que ponderan las bondades de los años que corren.

Hoy, las posibilidades de vivir con dignidad, alimentarse, educarse y rebasar la barrera de los 35 años dependen de la región del mundo donde se nace. En una lotería extraña, los poquitos que nacen en algunos países, en algunas regiones dentro de esos países, y en ciertas colonias de aquellas regiones y países, vivirán como ciudadanos de primera. El resto, la gran mayoría, sobrevivirá apenas. El horizonte es negro: los hijos parecen destinados a vivir peor que los padres; circunstancia inédita en la historia.

Distintos informes mundiales, aunque pretenden ser optimistas, no pueden esconder terribles imperfecciones. Por ejemplo, el informe de la UNICEF 2009, “Estado mundial de la infancia”, es cruda expresión de la terrible inequidad en el planeta. Nacer en un país pobre entraña un riesgo 300 veces mayor que quienes nacen en países industrializados. 10, 20, 50, 300 veces es éticamente inaceptable; ni siquiera políticamente parece sostenible una sociedad mundial con esas grietas. Mientras en Níger el riesgo de morir en el parto es de uno entre siete, en Irlanda es de uno entre más de 47 mil. De esa forma, eran cuatro millones los niños recién nacidos (hasta 28 días) que morían al año por causas evitables.

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