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Otro foro sobre educación

Esta mañana estuve en el Archivo Histórico de la Universidad de Colima en el foro convocado por la delegación Colima de “Maestros por México”, para recoger aportaciones que sirvan a las leyes secundarias en materia educativa.

Fue una jornada interesante, de aprendizajes variopintos. En principio, esperaba mayor asistencia; los organizadores no, supongo, porque las sillas para las mesas de ponencias fueron justas. La ceremonia de apertura fue un poco más larga de lo habitual, con una intervención extensa del dirigente regional de la organización convocante, centrada en la agenda para la aprobación de las leyes secundarias y el compromiso político que les demanda. El discurso de la diputada federal Rosi Bayardo me resultó fresco e interesante. Lamento que ambas, ella e Indira Vizcaíno, no tuvieran más tiempo para atender un tema que es de la máxima importancia, cuando de discursear se trata.

La conferencia magistral de Gabriel Romero fue una excelente pieza de oratoria magisterial, salpimentada de humor, con mezcla de novedades, anécdotas y puntadas para la discusión. Un buen pretexto para reflexionar, aunque luego de la también muy larga disertación, solo aceptara preguntas que los asistentes no formulamos. No tenía preguntas, solo contrapuntos, pero obediente, no levanté la mano. Es un rasgo característico de algunos que se asumen muy progres y abiertos: hablan, hablan y hablan, pero tienen poco ánimo de escuchar a los otros.

Las mesas de ponencias fueron ricas en otros aprendizajes. En la mía, la 3, solo hubo 1 ponencia. Vinieron las aportaciones, mezcla de críticas, sugerencias, anécdotas. Escuché y tomé nota. Nada más. Así terminó el foro y me vine con un mar de preguntas, muchas dudas y algunas certezas.

Foro sobre leyes secundarias en Colima

El sábado asistí al foro “Perspectivas para el mejoramiento de la educación en México”, convocado por la LIX Legislatura local, el Colegio de Sociólogos, el Colegio de profesionales de la comunicación y el Ayuntamiento de Villa de Álvarez, sede de la actividad.

Comenzamos unos 30 asistentes, incluidos los organizadores, y luego fueron sumándose otros. Encabezaron, la diputada presidenta de la Comisión de Educación y el alcalde. Los ponentes fueron cinco, con participantes de tonos distintos, en buena medida por las proximidades al mundo de la educación básica y las aulas; en ese tenor estuvieron las ponencias de Justo Becerra y J. Jesús Puga, mientras que Mirtea Acuña y Sergio Chapela invitaron a la reflexión con exposiciones conceptuales.

No cabían más personas, pero aprecie ausencias notables, si se trataba del foro del cual surgirán las propuestas colimenses que se lleven a Mario Delgado, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, como informaron los organizadores. No estaban, por ejemplo, las autoridades superiores de la Secretaría de Educación, la UPN, el ISENCO, la Universidad de Colima; no había investigadores o académicos especializados en el tema, y solo dos diputadas, la presidenta y Malú Berber.

¿Interesa el tema a los diputados de Morena, o del PT, que no asistieron? ¿Ellos harán su propia propuesta? Es verdad que al mismo tiempo el padre Solalinde dictaba una conferencia, pero este era su evento. En fin.

Me pareció un primer buen ejercicio, pero falta, por ejemplo, analizar los desafíos de la entidad frente a la reforma educativa, sobre los cuales puse en la mesa algunas datos y problemas. Mi participación como público, breve, se centró en cuatro temas cardinales para valorar el potencial transformador de la reforma naciente: a) la concreción del derecho a una buena educación, b) la inequidad y sus expresiones pedagógicas, c) los exiliados mexicanos que viven (y son desatendidos) en México, esto es, los niños y familias de jornaleros agrícolas migrantes, los indígenas, que reciben la peor de todas las educaciones y d) las escuelas multigrado, que representan, según cifras del extinto INEE, 43 por ciento de las escuelas primarias, para las cuales no existe una pedagogía ni condiciones suficientes.

Entre la participación de los asistentes quiero referirme a la de una antigua estudiante universitaria de la Facultad de Pedagogía, ahora directora de telesecundaria, quien planteó las vicisitudes de los directores para sostener los programas alimentarios de las escuelas, cuando los apoyos son insuficientes.

Es verdad: en un contexto de pobreza y rupturas sociales, la escuela debe enseñar las letras, matemáticas, ciencia e historia, pero en muchos casos se convierte en el comedor donde los niños reciben el único alimento del día; a estas hambres que sacia la escuela, con más o menos fortuna, debemos sumar el alimento indispensable del afecto. En algunas escuelas que visito me dicen las maestras: muchos niños vienen a que los abracemos, porque en casa no tienen ese cobijo para su corazón, no porque en sus casas haya seres desalmados, sino por las circunstancias de madres y padres dedicados ambos a trabajar en el campo o de albañiles durante buena parte del día, o curtidos en una cultura lejana a la demostración afectiva.

De ese tamaño es el reto que sigue teniendo la escuela mexicana, la de hoy y la llamada “nueva escuela mexicana”. Veremos si se acortan las distancias entre los discursos, las proclamas y las decisiones.

Fin de cursos

El jueves pasado tuve mi última clase del semestre escolar en la Universidad. La semana siguiente los alumnos prepararán su trabajo final y lo presentarán ante su maestra de Práctica pedagógica y conmigo.

Es el momento de balances. El mío es satisfactorio. Siempre hay manera de mejorar lo que hacemos: eso pudo ser distinto, pude cambiar ese tema, incluir una actividad o una lectura allá. Siempre. De la revisión crítica saldrán propuestas para la nueva ocasión.

Luego de tres años en que estuve más concentrado en las tareas del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, este semestre volvió a la docencia con alegría y asumiendo el desafío de impartir un curso inédito para mí, de una práctica que desarrollé durante dos décadas: la gestión educativa. Tenía ganas de un curso así, para compartir experiencias e intenciones, para incursionar con los estudiantes en un campo urgido de visiones frescas, de renovados compromisos, como la conducción de las escuelas.

Disfruté la experiencia y creo que logré aprendizajes en el grupo, de la misma forma en que estoy seguro de los aprendizajes que me sembró el semestre y las relaciones pedagógicas.

En la semana también se presentó en un seminario de avances la primera de las tres tesis que elaboran los estudiantes del último grado; la próxima semana será turno de las restantes. De todas también he aprendido por el nivel de avance y porque los temas profesionalmente me interesan mucho.

¡Un fin de cursos mejor de lo que imaginé en mis buenos pronósticos!

El chasquido de Trump

El entonces candidato presidencial de Morena, AMLO, había dicho que pondría a Donald Trump en su lugar. Cumplió su promesa y amenaza. El presidente de los Estados Unidos es un negociador virulento y con sus chasquidos, en forma de tuits, va colocando la soga donde se asfixia el margen de negociación de los gobernantes de la cuarta transformación.

Trump, con mucha mano izquierda y un poquito de derecha, chasquea sus dedos y en pocos días nos arrodilla. Lo peor no es que ocurrió una vez, es que es apenas el principio. Peor, también, es que se celebre tomar solo un poquito de cicuta, sonrientes, hasta que el agente naranja diga lo contrario.

El placer de leer a los estudiantes

Quiero evitar generalizaciones abusivas o bondadosas. No sé si otros profesores experimentan placer cuando leen los trabajos de sus estudiantes. Yo puedo afirmarlo ahora.

Explico. Encargué a los estudiantes de pedagogía, desde la primera semana del semestre escolar, realizar una experiencia colectiva, familiar, que llamé: La universidad en casa. Se describe breve y simple, creo: que los alumnos tomen por asalto la sala de su casa o el comedor, para compartir con sus papás o hermanos, principalmente, un tema de los que solemos abordar en las aulas universitarias, a partir de una noticia, un libro, una lectura, un tema, un video. Luego, hecha la actividad, la escriban e, idealmente, lean lo escrito frente a la clase.

El experimento resultó fantástico. Los resultados estuvieron por encima de lo esperado gracias al compromiso mostrado por los muchachos y la acogida familiar a la iniciativa. Algunos de los testimonios los fui escuchando en palabras y rostros emocionados, cuando desgranaban las anécdotas y luego recibían los generosos comentarios de sus compañeros.

La escucha de los reportes, sobre todo sus expresiones emocionadas me produjeron sensaciones gratísimas.

En días pasados leí los 25 reportes casi sin parar, rutina que en otro tipo de tareas es poco menos que imposible, pues obliga a tomarme respiros y dedicarme a otras. Esta vez no, pasé de uno a otro, conocí un poco de la intimidad de sus familias, de sus ambientes, de las emociones y, en muchos casos, las inéditas sensaciones despertadas.

No sé para ellos, para mí, las narraciones personales y la suma me produjeron aprendizajes valiosos, casi tanto como si hubiera participado en cada situación.